13
“Algo en el aire”.
Se estaba haciendo de noche.
Julie caminaba apurada por llegar al estudio, Tim necesitaba la billetera para comprar un instrumento nuevo antes de que cerraran los negocios. Las luces comenzaban a encenderse en las calles, la gente parecía más alegre por la llegada definitiva de la primavera y el buen clima. Julie decidió no pensar durante el camino en que iba a ver a Tom en el estudio, ya estaba cansada de sentirse mal o avergonzada por algo de lo que no tenía porqué; a demasiadas cosas había renunciado ya en la vida como para seguir pensando en lo que dirían los demás.
Finalmente llegó al estudio y tocó el portero. Tim le abrió y Julie ingresó. Llevaba puesto un jean, zapatillas y una remera color verde muy sencilla.
- ¡Qué bueno que pudiste venir, Julie! -dijo Tim.
- Seguro Tim, aquí tienes tu billetera -contestó ella, entregándosela.
- Julie, te presento a Richard -dijo Tim, señalándolo
- Hola Richard, encantada -dijo ella con una sonrisa.
- ¿Qué tal? -contestó Richard- igualmente encantado de conocerte.
- Bueno, a Tom ya lo conoces… - sugirió Tim
Julie se dio vuelta y vio a Tom a un costado de ellos, mirándola con un aspecto serio e intentando parecer despreocupado.
- Sí, claro que nos conocemos…¿cómo estás Tom?
- Bien, Julie ¿y tú? -le contestó,mientras se acercaba a darle un beso.
- Bien, gracias.
- Bueno, yo me voy a comprar el teclado antes de que cierren el negocio -cortó Tim- Julie, por favor espérame aquí así te llevo a tu casa cuando me voy a la mía.
- No es necesario Tim, yo puedo volver caminando -contestó Julie.
- No, no -dijo Tim- te tomaste la molestia de venir hasta aquí…yo te llevo, espérame unos minutos nada más.
Tim le pidió a Richard que lo acompañara y Tom y Julie se quedaron solos allí.
- Siéntate -invitó Tom.
Julie se sentó en un sillón que había allí y que parecía muy cómodo. Tom se sentó en otro, frente a ella. Ambos se miraban y desviaban la vista continuamente. Tom la observó y la vio más bonita que nunca, a pesar del cansancio por el ajetreo del día, le parecía que nunca la había visto tan bella. Pasaron algunos minutos que parecieron días eternos debido a la tensión que había en el aire, hasta que ella dijo:
- Y… ¿cómo has estado Tom? ¿Te casaste? -se atrevió a preguntar.
- No, no me casé aún -hizo una pausa y continuó- supe que tú no te casaste finalmente…lo siento.
- A mí no me dio pena -contestó Julie- al contrario, me liberé.
- ¡Ah!...bueno, supongo que así es mejor… -respondió Tom evidentemente sorprendido- como estabas tan decidida a casarte…
- Sí, pero con el correr de las semanas cambié de parecer e hice muy bien; no me arrepiento para nada.
Lo que a Tom le causaba más estupor era verla frente a él tan madura, tan decidida.
- Bueno, Julie, si fue lo mejor para ti, me alegro -contestó al fin.
Julie no se sentía ya intimidada o mal, era como si hubiese estado esperando ese encuentro para darse cuenta de que Tom y ella seguían unidos de alguna manera imperceptible pero cierta. Ya no le tenía miedo a él ni a lo que pudiera pasar.
- Aún conservo tu dibujo -soltó Tom, finalmente.
- Pensé que lo habías perdido o tirado…-contestó ella sorprendida.
- ¡No! Aún lo tengo y lo miro siempre. Me recuerda a ese tiempo tan hermoso que vivimos juntos.
- La verdad es que sí, pero si hay algo de lo que me arrepiento es de no haberlo vivido mejor.
- ¿Mejor? -dijo Tom.
La charla se estaba yendo hacia un lugar que ninguno de los dos esperaba.
- Sí, mejor. Quiero decir con más alegría y con menos culpa -explicó ella.
Era evidente que para ella no se había terminado…pero, por el contrario, esta vez era Tom quien no quería caer otra vez, no quería perder la seguridad que le daba su pareja de tantos años por una chica que le gustaba mucho más, pero que suponía tomar un riesgo tan grande para el futuro que simplemente no se atrevía. Unos años antes seguramente ni lo habría pensado…pero hoy…
- Vamos Rich, ayúdame a ponerlo por ahí -dijo Tim entrando al estudio con el teclado nuevo.
Lo dispusieron en el lugar que habían convenido anteriormente y luego Tim, mirando a Julie, dijo:
- Ya podemos irnos. Yo ya me voy a casa.
- Bien -dijo la chica, levantándose del sillón.
Tom también se paró y tomó sus cosas para marcharse, al igual que Richard. Los cuatro salieron del estudio. La noche se hacía cada vez más estrellada y fresca. Se despidieron todos en la puerta y Julie y Tim se fueron primero.
Tom tomó su auto y no fue directo a su casa. Manejó sin rumbo por un rato, mientras pensaba en qué haría ahora que ella había vuelto a aparecer en su vida; algo le decía que ese imán que los atraía desde el primer día no se había roto nunca y que seguramente volverían las interminables noches de insomnio en las que se volvía loco pensando en ella.

