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miércoles, 9 de abril de 2025

Soy.

 Muchas YO murieron en el camino de los años. Quedaron como cadáveres al costado del sendero. Y claro que hubo carroñeros. Disfrutaron con mi dolor, devoraron la carne podrida como en un banquete macabro. Pero no tuvieron idea de que, por cada muerte, hubo un renacimiento, una nueva criatura. NO fue mi mérito; Alguien no me dejó rendirme, no permitió que me entregara definitivamente a la oscuridad. En cambio, cerré los ojos y miré hacia dentro, contemplé mi abismo. Arranqué una a una todas esas máscaras que inventé para sobrevivir: la victimista, la complaciente, la pasiva, la de la sonrisa petrificada, la que se regodea en el sufrimiento, la que finge felicidad, la que no incomoda a nadie, la que resuelve. 

Hoy soy la que vive, la que ama sin condiciones pero ya no ruega amor, la que llora y baila. Soy la que no calla más la injusticia, la que molesta, la que incomoda. La vida me obligó a darle una paliza a mi ego para descubrir, por fin, que solo me estaba destruyendo. 

Todavía creo en el milagro de que alguien me ame sin pretender cambiarme. 

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