8
“El quiebre”.
A las cinco de la mañana de ese mismo día el teléfono de Julie sonó. Por supuesto ella no dormía, no podía hacerlo después de lo que había pasado. Seguramente sería Louis, solía llamarla durante las noches si estaba desvelado…no sabía qué iba a decirle, cómo hablar…
- ¿Hola? -contestó.
- Hola, soy yo…
- ¿Tom? -dijo ella extrañísima- ¿cómo me llamas a esta hora?
- No puedo dormir, perdóname. Es que no paro de pensar en ti, no puedo dejar de hacerlo…
- Tom esto no tiene sentido -interrumpió Julie- los dos sabemos que no vamos hacia ningún lado, que nuestras vidas ya están planificadas…no tiene sentido que nos sigamos mortificando así.
- Julie, si te agradó lo que pasó tanto como a mí es porque no estás segura de lo que vas a hacer, y me refiero a casarte. ¡Al menos reconoce eso!
- Es verdad, no estoy segura pero voy a hacerlo igual porque le debo lealtad y cariño a Louis. A ti apenas te conozco, tienes novia y eres un cantante. No podría soportar la misma vida que soporta mi prima ni nada de lo que tu profesión conlleva. ¿He sido clara? -preguntó.
- Lo único que me queda claro es que tienes muy poco valor para aceptar tus sentimientos y que para dar excusas y justificarte a ti misma eres una experta. Ves lo que quieres ver.
Cada palabra de Tom la hería en lo más profundo, como si un dedo se moviera insistentemente dentro de una llaga. Pero no quería escucharlo, no quería la verdad, no quería que la convenciera…
- ¡Basta ya! ¿Quién te crees que eres para hablarme así? -gritó irritada
- Julie ven a verme -dijo Tom en cambio, y con una paz admirable.
- ¡¿Qué?! -ella abrió los ojos incrédula…
- Que vengas, estoy en mi auto en la puerta de la casa de Tim. Asómate por la ventana.
Julie no podía creer lo que escuchaba. No dijo ni una palabra y se acercó a la ventana con el teléfono en la mano. Efectivamente vio el auto de Tom estacionado allí.
- ¿Pero qué haces?. ¿Te has vuelto loco? -dijo la chica finalmente.
- Ya te dije, no podía dormir y terminé aquí, no lo pude evitar. Ven conmigo y dejemos de hablar por teléfono.
- ¡De verdad perdiste la razón! -exclamó ella- ¿cómo voy a salir a esta hora?. Anne y Tim se darían cuenta, además ya hemos hablado lo suficiente.
- Es fácil, sal por la ventana. No lo van a notar. Te lo suplico Julie, hablemos una vez más y ya no te molestaré.
Julie cortó y apagó el teléfono sin dar ninguna respuesta… pensaba en que quería ir con él pero al mismo tiempo sabía que no debía. Se estaba volviendo loca, caminando por la habitación, nerviosa y con un huracán de pensamientos que la invadían al mismo tiempo. Estaba entre lo que debía y lo que quería hacer… “¡Al diablo con todo!” se dijo a sí misma “mañana me iré y olvidaré todo este asunto tarde o temprano”.
Con mucho cuidado se vistió y salió por la ventana, no lo pensó más…simplemente lo hizo. Atravesó caminando el parque que hacía de entrada a la casa y llegó hasta el auto de Tom. Éste abrió la puerta y Julie entró. Afuera hacía mucho frío y dentro del auto de Tom sonaba un disco de los Beatles.
- Gracias por venir…-empezó Tom
Ella miraba hacia adelante, como absorta en algún pensamiento.
- Julie, de verdad te lo digo –continuó él- no quiero que sufras ni sufrir yo, pero de verdad que no lo puedo controlar, ¡no puedo!. Me gustas muchísimo.
Se hizo un interminable silencio. Ella seguía mirando hacia adelante, no parecía estar escuchando lo que él le decía.
- Te amo Tom –expresó finalmente.
Él la miró con una expresión de genuina sorpresa.
Julie por fin lo miró a los ojos:
- Si no lo decía creo que me iba a terminar ahogando. Reconocerlo al menos me da algo de paz a pesar de toda la frustración y culpa que siento.
Tom no sabía qué decirle, se había quedado sin palabras y sólo la miraba, la observaba como buscando una explicación a semejante confesión. Julie interrumpió sus pensamientos:
- Pero aún así, me voy a casar con Louis y ya te expliqué por qué. Por favor, no me lo cuestiones…-suplicó mirándolo a los ojos.
- No te lo voy a cuestionar, Julie, te entiendo. A mí me pasa lo mismo con mi novia.
- Hoy me voy, por la tarde -dijo ella tomándolo de la mano- pero no quería dejar de decirte esto.
Tom le besó la mano y después tomó su rostro y la besó en los labios intensamente. En un respiro, y con sus rostros muy cerca uno del otro, él propuso:
- Vamos a mi casa…
- ¿Tu casa? Está tu novia allí…-dijo Julie en un susurro.
- No allí, mi otra casa está desocupada…
Ya no había de qué dudar, las cartas estaban echadas para ella y sabía que no había vuelta atrás.
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