¿Usted se da cuenta de que nadie quiere hacerse cargo de la parte que le toca? La culpa siempre es del otro. Por ejemplo, yo quiero bajar del colectivo y toco el timbre, el chofer no escucha porque va charlando con el pasajero del primer asiento y detiene el micro dos cuadras después. "La culpa es de usted, tocó tarde", me dice.
Voy al supermercado apurada, faltan quince minutos para que cierre y me prohíben el paso. Es inútil argumentar que llegué a horario. "Es su culpa, hubiera venido más temprano".
Llego a casa y mi hijo adolescente me está esperando para que firme una nota del colegio, ha sacado 1 en el examen de Química. "Es tu culpa, mamá. Vos me obligaste a ir a lo de los abuelos el domingo y no pude estudiar". Y yo pensé en explicarle pacientemente que debe asumir su responsabilidad, también barajé la alternativa de estrangularlo hasta que se pusiera pálido. Pero no hice nada de eso. Firmé la nota y listo.
Aunque el colmo fue mi marido. Anoche se estaba bañando y empezaron a llegar mensajes a su celular, obviamente eran de una mujer. Cuando lo confronté, ni siquiera se esforzó en negarlo. El muy patético dijo que era mi culpa, por descuidarlo. ¡Descuidarlo! ¿Se imagina,doctor? Ahí estallé, fui a buscar el arma, le apunté entre ceja y ceja y le dije "vos vas a asumir la culpa ahora mismo, porque si no, te reviento la cabeza". ¡Lo hubiera visto! Lloraba y suplicaba mientras reconocía su maldad. Creo que confesó hasta los vueltos que les robaba a sus padres en la adolescencia.
El psiquiatra escuchaba sin dejar de mirar el revólver que Mirta tenía en la mano. No quería moverse por temor a lo que su paciente podría hacer. Jamás le había parecido peligrosa, hasta ese día que sacó el arma de la cartera.
Y usted -continuó ella - deje de decirme que lo que me pasa es culpa mía. ¡Yo no elegí a los padres de mierda que tuve!
Por supuesto - replicó el doctor,con cautela - Pero entienda que yo tengo que reportar que usted tiene un arma.
Mirta solo asintió y la guardó.
La policía llegó y por consejo del médico, la derivaron al psiquiátrico.
Un plan perfecto: su hijo ahora tendría que hacerse cargo de su fracaso, su marido tendría que trabajar el doble para mantener a todos, su psiquiatra aprendería a bajarse de su nube de soberbia y Mirta solo descansaba.
Ah, lo último: el revólver jamás había tenido balas.