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domingo, 1 de noviembre de 2026

Un nuevo comienzo.

 Segunda 

Parte

Londres – Dos años después.



10

“Un nuevo comienzo” 



El calor primaveral de Londres se hacía sentir. Julie caminaba apresuradamente, no quería llegar tarde a la cita. Parecía que por fin, después de años, su suerte empezaba a cambiar. Llegó al bar donde el representante de la discográfica la estaba esperando. 


- Buenas noches, soy Julie Woods -dijo extendiendo la mano para saludarlo. 


- Buenas noches, Señora Woods, soy Anthony Black. 


- Señorita -aclaró Julie con una sonrisa. 


- Oh, disculpe…-contestó el hombre. 


- No hay problema, descuide. 


- Bien, ¿qué me ha traído? ¿puedo verlo? 


Julie tomó sus bocetos y se los entregó. El bar parecía bastante agradable, había poca gente y la iluminación era ideal para crear un ambiente de privacidad. El señor Black finalmente rompió el silencio: 


- Ya había visto sus dibujos Julie, pero éstos son mucho mejores. Es muy bueno su trabajo, ¡me gustaría que se nos uniera!


Julie estaba a punto de llorar por la emoción. Después de todo lo que había pasado, al fin sus días tristes terminaban. 


- Muchísimas gracias Señor Black, ¡le juro que mi trabajo no lo va a decepcionar! 


- No hay de qué, Julie, confío en usted. Por lo pronto, tenemos que diseñar la portada del álbum debut de una banda nueva. Yo le haría llegar las fotos de la banda, y el disco completo para que lo escuche y se inspire para crear el arte del disco. ¿Qué le parece si pasa mañana por las oficinas y arreglamos su contrato, su dinero y demás? 


- ¡Me parece ideal! -dijo ella con una gran sonrisa- mañana estaré ahí sin falta. 


Se despidieron finalmente y Julie hubiera querido gritar a los cuatro vientos para exteriorizar la felicidad que sentía. Llegó a la pensión en la que vivía casi corriendo y lo primero que hizo fue llamar a su madre para contarle la novedad. 


- ¡Ay! Pero qué buena noticia, hija. Me acabas de alegrar la noche…-dijo la señora al teléfono, casi al borde de las lágrimas. 


- ¡Sí, mamá!. Por fin voy a poder mudarme a un departamento y dejar esta pensión; estoy feliz. 


- Hija, no quiero opacar tu felicidad pero Louis anduvo por aquí y me pidió tu dirección en Londres… 


- Me imagino que no se la diste…-dijo Julie haciendo una pausa y esperando por la respuesta. 


- Es que…se puso a llorar, hija…no pude decirle que no…él todavía te ama y sufre por ti…se equivocó en su momento pero está arrepentido. 


- ¡Mamá! -interrumpió Julie- ¿se la diste? No lo puedo creer…¡tendré que mudarme antes de lo previsto!


- Julie nunca entendí por qué no te casaste con Louis, ¿qué demonios te pasó? Todo parecía marchar de maravillas hasta que te fuiste esos meses a Battle, esa fue tu perdición… 


- Mamá, lo hablamos muchas veces y te dije que nunca me arrepentí de no haberme casado, Louis es una mala persona. Punto. No lo quiero volver a ver. Pero no importa eso en este momento, lo importante es que me tengo que ir de aquí antes de que venga a buscarme –hizo una pausa- mamá, ¿podrías prestarme dinero para rentar un departamento? Te lo devolveré apenas cobre el mes próximo. 


- Seguro, hija. Te enviaré un giro mañana. Pero podrías darle otra oportunidad a Louis… 


Julie suspiró. 


- Gracias mamá por el dinero y hasta mañana. 

Al colgar el teléfono, Julie comenzó a recordar todo lo acontecido desde que dejara Battle. 


Recordaba que Louis había vuelto a su pueblo después que ella y la había encontrado totalmente distinta, fría, cambiada, como vacía por dentro. Y es que justamente en ese estado había terminado Julie luego de separarse de Tom. Tom…¡cuánto lo extrañaba!. Desde aquél último día que lo había visto, su corazón no había tenido paz. Lo había visto en televisión, en los conciertos, y su cuerpo recordaba (más de la cuenta) lo que había vivido con él. Sin embargo, esa experiencia se le hacía tan mágica que a veces creía que todo había sido parte de una fantasía de ella y no de la realidad. 


Semanas antes de la boda, Julie había decidido compartir con Louis todo lo que había hecho en Battle. Ya que él insistía y ella no quería seguir mintiendo. Le ofreció la posibilidad de perdonarla o de cancelar el matrimonio. Louis ni la dejó terminar de hablar: la insultó, la golpeó y quiso obligarla a casarse de todas maneras.

 Julie tardó en recuperarse del shock que le produjo esa bestialiadad que nunca había visto en su novio; pero cuando reaccionó, fue directo a quemar en una gran fogata el vestido de novia y todas las cartas y demás pertenencias que la unieran a Louis. 

Él había llorado y suplicado de todas las formas que lo perdonara, le decía a Julie que le había dado un ataque de locura al imaginarla en los brazos de otro. Pero ella se mantuvo firme en su decisión y unos meses después se mudó a Londres a buscar trabajo y comenzar una nueva vida. Después de todo, le daba gracias a Tom por haber entrado a su vida. De no haber sido por él, se habría casado con un monstruo que tal vez la hubiera terminado matando a golpes. 


El caso es que no quería que Louis la encontrara, no le tenía miedo pero quería evitarse las escenas que seguramente se desarrollarían de concretarse aquél encuentro. 


Sin embargo, esa noche Julie se durmió pensando que su suerte por fin empezaba a cambiar y que lo único que le faltaba para ser feliz era estar con el hombre que amaba, el único al que había amado verdaderamente. Pero ese hombre estaba muy lejos de ella, y lo sabía. Por eso no se había atrevido nunca a ir a buscarlo, sabía que para él sería casi imposible romper con su pareja para unirse a ella; que, al fin y al cabo, tan sólo era una muchacha de 23 años buscándose la vida. 

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