11
“Tu nombre”.
El día era hermoso y soleado en Londres, el invierno había quedado atrás. Tom, Tim y Richard trabajaban en el estudio intentando hacer algunos covers. Las cosas habían salido de maravilla para la banda en los últimos años y pensaban seguir por el buen camino mucho tiempo más. Entre arreglos, pianos y notas, no escucharon el celular de Tim que sonaba insistentemente. Por fin, cuando paró la música, Tim lo escuchó y contestó: era Anne.
Cuando volvió, sonreía ampliamente.
- ¿Qué pasó Tim? -preguntó Rich- ¿te ganaste algún premio?.
- Anne me acaba de dar una noticia magnífica, nuestra prima Julie por fin consiguió empleo en Londres. Me alegro por ella, después de tanto luchar…
Tim siguió hablando pero Tom no lo escuchaba. Se había quedado perdido en sus pensamientos desde que escuchara pronunciar un nombre nuevamente: Julie. Saliendo de su ensimismamiento, por fin interrumpió a su amigo:
- Espera, Tim. ¿Cómo que consiguió trabajo aquí?, ¿acaso no vive en un pueblo del interior?
- Vivía, Tom. ¡Estás atrasado con los chismes! -dijo Tim riendo-. Hace como un año y medio que vive en Londres y ahora consiguió trabajo como artista/dibujante para una discográfica.
- ¡Ah! -contestó Tom, sorprendido-… ¿vino con el marido?
- ¿Qué? ¿acaso yo no te había contado? -dijo Tim arqueando las cejas-. Julie no se casó, rompió con su novio semanas antes de la boda, nadie sabe por qué.
Un baldazo de agua fría en ese momento hubiera pasado desapercibido para Tom. Se quedó estupefacto y notoriamente sorprendido, hasta que dijo:
- No Tim, no me habías contado nunca…¡qué raro! -enfatizó intentando parecer natural.
- La verdad que sí, la madre de Julie le dijo a Anne por teléfono que la muchacha volvió muy rara de Battle…y a decir verdad a mí me hizo mucho ruido que se marchara tan repentinamente, algo debe haber pasado pero ni Anne sabe qué.
- Seguramente conoció a otro hombre -teorizó Rich.
- Mmm, no lo creo -contestó Tim- de haber conocido a otro se hubiera quedado con ese otro y por lo poco que sé, ha estado sola desde ese momento…
Tom escuchaba todo el diálogo y por dentro se retorcía pensando que sin querer había arruinado la felicidad de la chica, no podía evitar suponer que ella hubiera seguido su vida normalmente si él no se hubiera puesto en su camino. Aunque muy dentro sentía cierto placer egoísta sabiendo que ella no se había casado y tal vez si él la encontrara por ahí…¡No! ¡Definitivamente no! No iba a hacerle eso a May otra vez. Esta vez Tom estaba decidido a que las cosas fueran diferentes: no se iba a cruzar con Julie y si se cruzaba, iba a hacer un gran esfuerzo por evitarla. Londres era una ciudad inmensa y las posibilidades de encontrarse eran ínfimas. “Ya basta de tonterías”, se dijo. Tom pensó que era hora por fin de sentar cabeza y terminar con devaneos de adolescentes; aunque lo que él había sentido por Julie no era una estupidez, había sido un sentimiento realmente fuerte…¿o todavía lo era?. De cualquier manera, se prometió a sí mismo hacer buena letra esta vez. No obstante, cumplir con lo que prometía no era precisamente su característica principal.
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El celular de Julie no paraba de sonar. Se apresuró a atender, buscándolo en su cartera mientras salía de la oficina donde había firmado el contrato de trabajo.
- ¿Hola? -contestó al fin.
- Hola Julie, soy Anne, ¿cómo has estado?
- ¡Hola!, qué alegría escucharte.
- ¡Igualmente, querida!. Supe por tu madre que conseguiste trabajo. ¡Te felicito!
- ¡Si! ¡Muchas gracias! Justamente salgo de firmar el contrato. Estoy feliz. Ahora lo único que me queda es buscar departamento para mudarme.
- Sí, algo me contó la tía -prosiguió Anne- es por eso que te llamaba, para decirte que Tim me ha comentado que se desocupó un departamento frente al edificio donde está el nuestro, en Londres. Tal vez si te apuras, puedes llegar a rentarlo. Es más, el dueño conoce a mi marido y si le dices que eres su prima seguro no tendrá inconveniente.
- ¡Oh! Muchísimas gracias, Anne -exclamó Julie- no se cómo agradecerte…de verdad que eso me estaba preocupando.
Cuando Julie cortó sintió que definitivamente la suerte por fin se estaba poniendo de su lado. Todo estaba saliendo de maravillas y eso la hizo caminar más alegremente por las calles londinenses. Incluso se sorprendió tarareando una canción cuando entró a un restaurant a almorzar.
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- ¿Qué tal está la comida, mi amor?
May le hablaba pero Tom estaba inmerso en sus pensamientos desde la mañana, ajeno al mundo que lo rodeaba.
- ¿Qué rayos te pasa?! -exclamó ella por fin- desde que te pasé a buscar por el estudio que estás callado, distante.
- ¡Oh! Nada…es que… -no sabía qué excusa poner- me duele mucho la cabeza, no sé por qué.
- Pues compramos alguna aspirina y se soluciona, ¿quieres que vaya y te compre?
- No mi amor, no te preocupes…comamos tranquilos.
Julie comía distraídamente hasta que una voz conocida le llamó la atención. Venía del otro lado del restaurante, era inconfundible…¿sería…? Con mucho cuidado, dejó los cubiertos sobre la mesa y disimuladamente se acercó a la pared que dividía el lugar en sectores. Cuando lo vio, su rostro se volvió semejante al de una persona que ha visto un espectro. Empalideció y se quedó tiesa, como si hubiera estado enyesada de la cabeza a los pies. Tom no la veía, continuaba hablando…no estaba distinto a como lo viera ella la última vez. Sólo tenía el pelo más corto y el semblante más maduro, pero todas las demás cosas que la habían enamorado de él continuaban allí.
Julie se dio cuenta de que mucha gente la observaba allí parada. Así que con cuidado, volvió a su mesa, bastante aturdida pidió la cuenta, pagó y se disponía a irse cuando Tom y su novia también salían.
May la vio y se acercó a saludarla, Julie deseó tener una varita mágica para desaparecer en ese instante. Tom se había quedado más atrás, hablando con un amigo y aún no la había visto.
- ¿Cómo estás?...Julie, ¿verdad? -dijo May acercándose.
- ¡Hola!. Sí…estoy bien ¿y tú?
- Muy bien, ¿qué haces por aquí?.
Julie estaba visiblemente nerviosa, no quería encontrarse con Tom por miedo a quedarse con la boca abierta frente a él o a empezar a decir incoherencias.
- Vivo en Londres, de hecho -dijo al fin- eh…mira me da gusto volver a verte pero me tengo que ir urgente a trabajar. Discúlpame y saluda a Tom de mi parte.
- Seguro, adiós –contestó May.
Julie salió de allí casi corriendo, no quería encontrarse con él. Atravesó las calles de prisa y mientras tanto pensaba en el impacto tan grande que había sentido al verlo otra vez y en que, definitivamente, nada de lo que sentía por él había muerto.
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