Buscar este blog

lunes, 19 de octubre de 2026

Saber ver.

 4

“Saber ver” 



El día siguiente fue raro. Tom se sentía mal, sin saberlo le había pegado a Julie donde más le dolía. Qué pasaría si le pedía disculpas? Pero ella parecía tan inaccesible, tan distante con él, que tal vez complicaría más las cosas. 

 No podía dejar de pensar en ella, su belleza se le hacía extraña, su ensimismamiento, su misterio, lo atraía. Él amaba a May pero la calma y la rutina en la que vivían lo abrumaban, lo ahogaban. Se había empezado a dar cuenta de ello hacía unos meses, pero todos le decían que las parejas de muchos años pasaban por esas crisis y las superaban. Tom sentía que la amaba pero…¿así era?. Qué era aquello que sentía por ella?. ¿Amor verdadero o algo que la rutina había desgastado como el mar a las rocas, mediante un proceso lento y silencioso? No podía responderse esta pregunta, porque sin duda la llegada de Julie a su mundo había trastocado todo la insoportable calma en la que vivía. “Pero si ni siquiera la conozco!” exclamó Tom dejando por primera vez que sus pensamientos salieran por su boca. En ese instante llegó May.


- Hola amor, ¿cómo fue tu cena anoche? -quiso saber ella.


- ¡Oh, estuvo bien! Como siempre. También cenamos con la prima de Anne que llegó hace algunos días a pasar un tiempo aquí- contestó Tom. 


- No sabía eso, ¿quién es ella? -quiso saber May.


- No tengo idea tampoco, querida. Sólo se que vino por un tiempo antes de casarse. 


Queriendo cambiar de tema, Tom sugirió: 


- ¿Hacemos algo esta tarde?


- No puedo, Tom. Quisiera pero tengo trabajo atrasado, no te enojes - pidió ella. 


- No hay problema, cariño. Veré qué hago. 


Tom sabía que no podía enojarse por eso, cuántas veces ella había soportado sus interminables ausencias para los cumpleaños, para fechas importantes…y nunca se había quejado. Ya buscaría él qué hacer. 


…………………………………………………………………………………………… 


Julie salió por la tarde a recorrer un poco los cafés del pueblo y se sentó en una mesa al aire libre, bajo la luz del sol. Llevaba una campera, jeans y botas. Definitivamente, el invierno se acercaba. La temperatura iba en descenso con el correr de los días. Se acomodó el largo pelo negro y algo ondulado, apartándolo de su rostro, y pidió un café. Todavía pensaba en lo que le había dicho Tom la noche anterior y esa pregunta, sobre su deseo personal, había quedado dando vueltas en su cabeza. Pero, ¿por qué se preocupaba ella por lo que sugiriera un desconocido? Porque Tom no era más que eso: un extraño. Una voz conocida interrumpió sus pensamientos. 


- ¡Hola!. Me puedo sentar?- saludó Tom. 


- Sí, claro -respondió Julie sorprendida. 


Tom se sentó frente a ella con su amplia sonrisa y su cabello rubio cayendo a un costado de su cara. 


- Hermosa tarde, ¿verdad? -comentó él.


- La verdad que sí…qué haces por aquí?.


- Nada en realidad, salí a caminar solo porque mi novia tiene trabajo. No me aguanto estar quieto, sin trabajar, sin hacer nada. Unos días sí, después quiero estar en movimiento otra vez. Recuerdo que hace dos años…. 


Tom se empezó a ir por las ramas, y a contar una anécdota muy larga. Julie lo escuchaba con atención y no pudo más que reír, por sus ocurrencias y por cómo se había ido del tema con una facilidad increíble. 


- ¡Bueno! -dijo Tom en un momento- es la primera vez que me sonríes desde que nos conocemos. 


Julie se sonrojó muchísimo y dejó de reír. 

- No dejes de reír, tienes una risa muy contagiosa -agregó él. 


Julie agradeció que llegara el mozo en ese momento con su café, se había quedado sin palabras y tal vez, hasta sin gestos; se sentía intimidada. Tom pidió también un café y se hizo un silencio. 


- Julie quería aprovechar para pedirte disculpas por haberte hecho pasar un mal rato anoche, me quedé mal después de la pregunta que te hice. No fue mi intención… 


- No te preocupes, Tom. De hecho tu pregunta me sirvió para pensar, ¿sabes?. Me encanta dibujar y la pintura también, estudié de niña pero lo dejé; y anoche, reflexionando acerca de lo que preguntaste, empecé a extrañar todo aquello. 


- ¿Y eso es algo bueno? -preguntó Tom bastante sorprendido por la confesión. 


- Sí, claro que lo es. Quisiera empezar a dibujar otra vez, pero no sé… 


- ¿Qué no sabes? -interrumpió Tom- ¡tienes que hacerlo!


- Pero necesitaría papel profesional y lápices también… 


- ¡Muy bien! -dijo él terminando su café- vamos a una tienda que hay aquí cerca y los compramos. 


Julie lo miró extrañada, vaciló un momento y lo siguió finalmente. 


Entraron a la tienda y compraron todo lo necesario, ¡era tan rara toda la situación! No sabía si era correcto o no lo que estaba haciendo. Tom estaba tan entusiasmado como niño con un juguete nuevo. 


- Ahora quisiera ver que dibujes algo-dijo enfáticamente. 


- Bueno…no se qué podría dibujar ahora… -contestó Julie mirando a su alrededor. 


- Vamos a sentarnos por aquí -dijo Tom señalando un lugar entre los árboles- y puedes dibujar esa fuente de agua que está allí. 


Parecía una buena idea. Se sentaron y Julie comenzó a dibujar, Tom la observaba atentamente. 

- Siempre me han dado envidia las personas que saben dibujar y pintar, ¡yo no puedo dibujar ni la típica casita con la chimenea! -dijo él entre risas. 


Julie rió también y agregó:


- Tom, todos tenemos distintos talentos, a muchísima gente le encantaría tener la voz espectacular que tú tienes, seguramente. 


- Ah, es muy lindo de tu parte eso…


- Es la verdad. 


Ella finalmente acabó el dibujo y se lo mostró. No dijo nada, esperando a que él comentara algo. 


- ¡Es hermoso! -dijo Tom visiblemente sorprendido- de verdad que tienes talento. 


- Está bien, no tienes que decirlo por obligación… 


- ¡No! ¡Es verdad! ¿Puedes dibujar personas también?¿Retratos? 


- Bueno, sí. De hecho es lo que más hacía en un tiempo pero ahora no sé… 


- ¡Dibújame a mí! -exclamó Tom con la ansiedad de un niño de cinco años- por favor. 


Julie estaba descolocada. Dudó mucho, no sabía qué hacer. 


- No sé Tom, para dibujarte deberíamos disponer de un lugar tranquilo, deberías tener tiempo para hacerlo, no sé… 


- Tiempo es lo que me sobra, estamos de vacaciones con la banda, y podríamos venir aquí para que trabajes, ¿qué me dices? 


- No sé…¿qué le dirás a tu novia?. No creo que le agrade que pases tiempo solo con otra chica -dijo Julie algo ruborizada 


- ¡Descuida! -rió Tom- algo le diré… 


Finalmente Julie aceptó. ¡Estaba loca! Pero no podía negar que Tom era muy agradable y que volver a dibujar la había hecho sentir bien. 


Esa noche, al irse a la cama, Julie se encontró por primera vez en semanas no extrañando tanto a Louis y pensando más en Tom. Recordaba su risa, su cabello dorado, su elegancia, su modo de hablar, su piel blanca, su perfume. De repente, Julie encontró a Tom peligrosamente atractivo y eso la aterró. Simplemente no podía permitirse poner los ojos en un cantante, que estaba en una pareja de años.

 ¡Y ni hablar de lo que pasaría con ella!. ¿Arriesgaría su boda, su felicidad, su futuro por algo tan efímero? Definitivamente, la respuesta era no. Louis era su amor, el de toda su vida y no pensaba arriesgar nada por el amor de otro hombre que parecía ser tan escurridizo como el viento entre los dedos. Se  mintió a sí misma con que terminaría rápido ese retrato y ya no lo vería más. Así iba a ser. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario