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“Mirar y reconocer”
Los días iban pasando lentamente. Anne y Julie pasaban mucho tiempo juntas, contando cosas, hablando del futuro. Una noche, mientras preparaban la cena, Julie le preguntó cómo se mantenía el matrimonio a través de los años. Anne pensó un momento.
- Mira, Ju, no hay una fórmula. Es decir, tienes que estar segura de tu amor y de poder tolerar todo lo bueno y malo del otro, el matrimonio es algo que se construye día a día.
- Sí -contestó Julie- yo estoy segura de lo que siento, pero me asusta un poco la convivencia.
- No te preocupes, miedo tenemos todos. Pero estoy segura de que te irá bien, vas a ir aprendiendo de a poco -la tranquilizó- ah...por cierto, Julie, pon un plato más en la mesa. Viene a cenar Tom.
Julie pensó en excusarse y decir que no tenía hambre, pero sería muy evidente. No era que Tom le cayera mal en realidad, sino que por alguna razón que ni ella se explicaba, no quería acercarse a él. No le quedó otra alternativa que sentarse a la mesa. Su cara debió expresar algo de su descontento porque Anne preguntó:
- ¿Te cae mal Tom?
- ¡No! -se apresuró a decir; no quería que su prima pensara que despreciaba a los amigos de Tim.
- Ya vas a ver cómo te cae simpático, tienes que conocerlo nada más.
En ese mismo instante sonó el timbre. Tim abrió y saludó a Tom.
- Pasa Tom, ¿cómo estás? -saludó Anne.
- ¡Muy bien!
- Hola -dijo Julie simplemente.
- Hola -contestó Tom con una sonrisa, y agregó: May se disculpa con ustedes por no poder venir, pero le surgió algo imprevisto con su trabajo.
- Ah, no hay problema -dijo Tim.
Se sentaron a la mesa y se dispusieron a cenar. Julie se sentía incómoda sentada frente a Tom, él comentaba cosas, reía y le hacía chistes, incluso a ella, que por su cara parecía querer estar en cualquier otro sitio menos allí.
Toda la cena transcurrió así y Julie admitió para sí misma que Tom tenía una sonrisa y un habla cautivadoras. Se encontró mirándolo profundamente cuando los ojos de él se cruzaron con los suyos por unos segundos. Ella se sintió intimidada y bajó la vista inmediatamente. Tom se dio cuenta de lo que había pasado y sonrió, siguiendo con la charla.
- Estás muy callada Julie -sugirió de repente Tim- vamos, ¡cuéntanos algo que no mordemos! –bromeó.
- Es que no se qué contar, mi vida es aburrida al lado de la de ustedes -contestó con un dejo de tristeza en la voz.
- ¡Claro que no! -replicó Tom- te aseguro que muchas veces, cuando estamos lejos de casa por semanas, cuando inventan un chisme sobre nosotros, deseamos volver a ser desconocidos y tener vidas normales como la tuya. Créeme que no todo lo que reluce es oro, la fama deja de ser divertida cuando pruebas lo peor de ella.
Julie se extrañó de escucharlo decir eso, no supo muy bien qué decir.
- Bueno, no hay mucho qué decir de mí. Me caso y espero tener hijos pronto. Ese sería mi deseo.
- ¿Y no tienes un deseo personal? -preguntó Tom.
- Sí…el que acabo de decir -contestó extrañada.
- Pero ese es un deseo compartido, yo pregunto un deseo personal. Algo que sea una meta u objetivo sólo tuyo, algo que anheles sólo tú para tu vida.
Julie se quedó tan confundida con esa pregunta que no supo qué contestar, se quedó atónita y Tim lo comprendió porque cambió de tema enseguida.
- Julie, cuando tengas hijos, tráelos, así los malcriamos -bromeó para romper el hielo.
Todos rieron y la noche terminó en el living, tomando café.
Esa noche, Julie habló con Louis por teléfono pero no fue igual a las otras veces. Se sintió extraña, como si algo dentro de ella pugnara por salir, pero no sabía qué. Empezó a preguntarse, en la soledad de su habitación y en la oscuridad de la noche, si casarse era lo único que quería hacer en su vida. ¿Dónde había quedado su sueño de convertirse en una artista? Le fascinaba la pintura y el dibujo artístico, de niña había estudiado y pensaba que tenía talento para ello pero lo había abandonado cuando su familia insistió en que no era rentable como profesión. Tal vez tenían razón, pero eso la ayudaba a encontrarse consigo misma y con sus emociones. Igualmente, la idea quedó dando vueltas en su cabeza toda esa noche y todavía escuchaba la risa sonora de Tom en la quietud de la oscuridad.
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