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El día en cuestión
- ¡Hola Tim! -saludó Tom entusiasmado y entró-. Vengo a esta hora porque se me acaba de ocurrir un arreglo nuevo para la canción que descartamos, ¡creo que con eso podría funcionar!
Tom estaba tan deseoso de mostrarle a su amigo lo que había pensado que no se dio cuenta de que había otras personas en la sala.
- ¡Hola Tom! -dijo Anne con una sonrisa.
- ¡Ay, perdón Anne!. No te había visto. Soy un bruto.
- Ja,ja, no te preocupes - rió ella, acostumbrada a esas salidas.Lo conocía de años y sabía cómo era.
- Te presento a Julie, mi prima. Acaba de llegar para pasar un tiempo con nosotros.
- ¡Hola!. Un gusto conocerte -dijo Tom.
- El gusto es mío -dijo Julie algo intimidada.
Recordaba haberlo visto en el casamiento de sus primos pero muy de lejos. No se había atrevido a acercarse a hablarle, temiendo que pensara que lo hacía por interés o por decir que había hablado con el cantante de una banda famosa. Aparte, no tenía nada para decirle.
Lo que realmente asombró a Julie fue el cambio que había sufrido Tom desde aquella vez hasta ese momento. Las revistas no mentían cuando decían que estaba muy delgado. Lo observó disimuladamente mientras éste hablaba con Tim. Tenía puesto un jean, una campera negra y unas zapatillas blancas. Era muy alto y su cabello rubio brillaba.
- Bueno, como siempre caes bien parado! -comentó Tim entre bromas- de seguro Anne tiene mucho que hablar con Julie, así que podemos irnos al estudio a que me muestres qué es eso que pensaste.
Habiendo saludado, ambos se fueron a la parte de atrás de la casa, donde Tim tenía montado el estudio con todos sus teclados e instrumentos.
- La cara de esa chica me es familiar -dijo Tom ya en el estudio.
- Claro que sí, de seguro la viste en mi boda -contestó Tim.
- Ah, claro…de ahí.
Tom se quedó pensativo, trató de recordar si la había visto pero no pudo.
- Es muy joven, ¿no? -preguntó enseguida.
- Tiene 21 años. Por qué? Es chica para ti… -insinuó Tim queriendo adivinar una segunda intención en esa pregunta.
- Ey!. Yo no pregunté por eso. Es simple curiosidad. Además sabes bien que May y yo vamos a casarnos. Sólo falta poner la fecha.
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Julie habló por teléfono con Louis esa noche, diciéndole lo mucho que lo extrañaba y cuánto deseaba estar con él pronto. Louis le explicó que el trabajo en Londres estaba marchando de maravilla y que con ese dinero lograrían solventar los últimos detalles de la boda.
En los días siguientes, Julie se dedicó a recorrer Battle. Le fascinaba la historia de ese pueblo, la cultura y la mística impregnada en esas calles, en los árboles, en la gente. Pronto se encontró averiguando más de ese lugar, sentándose a un lado del camino para respirar ese aire puro, para contagiarse de ese extraño espíritu que parecía inundar al pueblo de un aura especial. Sin dudas, impactante.
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Tom entró a su casa en el preciso instante en que May estaba preparando la mesa para almorzar.
- ¡Hola mi amor! -dijo ella abrazándolo- ¿cómo te fue?
- Digamos que bien, pero no nos ponemos de acuerdo con muchas cosas y eso nos atrasa y nos pone de mal humor.
- No te inquietes, ya se solucionará, como ha pasado antes -lo tranquilizó ella.
En esos momentos, Tom se daba cuenta de lo mucho que necesitaba a May en su vida, como la había necesitado en esos momentos terribles que había pasado en los que se sentía solo en un abismo negro y sin salida. Ella había estado allí y para Tom eso no tenía precio. Sería un lazo entre ambos para toda la vida.
Sin embargo, durante el almuerzo no pudo evitar recordar los ojos de Julie que por alguna extraña razón lo habían cautivado. Eran profundos y le recordaban el color del mar por las mañanas, cuando aún no amanecía. Era increíble cómo, aún cuando un rato después estaba haciendo el amor con su novia, al cerrar los ojos lo veía todo de ese color: gris azulado.

