Cuentan que era la mujer más linda del barrio, soltera y codiciada. Se enamoró del más guapo, pero estaba casado…
Cegada por el amor (o la obsesión, sabemos que ambos se confunden) fue a la bruja que le recomendaron. La mujer le informó seriamente los elementos que debía llevar para el ritual y le advirtió “si lo hacemos, te garantizo que se va a enamorar de vos y va a dejar a su mujer". Perfecto, sonrió la clienta. “Solo una cosa más: no se puede deshacer, así que pensalo bien". Nada hay que pensar, está decidido.
En el barrio dicen que es peligroso aceptar los términos y condiciones sin leer. Claro, una está apurada y cuando la pasión apremia, no hay espacio para pensar. Ahí está el error.
Dicen que ocurrió todo tal cual: el príncipe dejó a su esposa y se fue a vivir con ella. No tardó mucho en disiparse el encantamiento hasta que se convirtió en bestia. La bella mujer, desesperada, fue con la bruja: no me deja salir, me controla, se pone violento…por favor!
No hubo súplica posible. “Yo se lo advertí".
Los que todavía se acuerdan de la historia cuentan en las tardecitas de verano que a la bestia en cuestión le dio un infarto y murió de repente.
La viuda, hoy ya con cabello blanco, se encerró en su casa y desde entonces solo sale lo necesario. Ni visitas recibe.
Su historia, cierta o no, dejó flotando en el aire una suerte de aviso: cuidado con lo que deseas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario