Pedro ya tenía dos años. Corría por el jardín con torpeza y se apuraba más cuando veía que llegaba su madrina, con el guardapolvos y el maletín de la escuela.
Ana preparaba café, era época otoñal pero el frío se sentía como un invierno temprano.
Las dos amigas se sentaban al calor del sol en esas tardes de marzo y aunque todo alrededor parecía calmo, la vida de Magda estaba revolucionada desde hacía meses.
Finalmente, una semana antes de la fecha, ella había cancelado la boda. El detonante para su decisión fue una despedida que le hicieron sus compañeras de la escuela. A ella le pareció un gesto agradable y sonreía hasta que todas empezaron a despedirse.
No es para tanto, solo me voy a casar. En marzo nos vemos.
Pero...Gerardo le contó a todo el mundo que no vas a trabajar más después de casarte, que van a buscar un bebé.
A Magda se le transformó el rostro, todos se dieron cuenta y cambiaron de tema como pudieron.
Media hora más tarde, estaban discutiendo en la casa de él.
-Jamás me escuchaste, Gerardo. ¡Te importa un carajo lo que yo quiero! Vos no te enamoraste de mí, te enamoraste de una mujer ideal a la que le fuiste encontrando "defectos", porque la mujer perfecta no sale de su casa, cría hijos y soporta cuernos. No piensa, solo obedece y sobrevive. Me niego a vivir esa vida de mierda y vos planeás obligarme,parece.
-Magdalena, bajá la voz y calmate. La gente puede oír- dijo con tono sereno pero algo amenazante-. Yo no puedo creer que mires esta casa y todo a tu alrededor y digas que esta vida de lujos es una mierda.
-Además sos superficial-contestó Magda, más resignada que enojada-. El dinero no tapa los huecos que dejan el desamor y la falta de respeto. Eso lo aprendí desde chica.
-Por favor, nunca te falté el respeto, Magda. En unos días nos casamos...
- Error. Yo no me caso. No quiero volver a verte.
Gerardo quedó petrificado.
Magda aprovechó para salir y decirle que mandaría a alguien a buscar sus cosas y que publicaría en el diario local la novedad, así no tendrían que excusarse con los invitados uno por uno.
Ahora, unos meses después, sentada en el jardín con Anita, la maestra está angustiada.
-¿Cuántas veces te fue a buscar esta semana?
-Dos. Estoy harta. Ya ni le hablo pero ahí sigue. De la súplica, pasó al reproche, al llanto y después al odio. Ahora dice que me quiere destruir.
- ¡Dios! Da miedo - Anita se persignó.
- No le tengo miedo, Anita. Tengo miedo de matarlo.
-¡Callate! Ni lo digas. Te arruinarías la vida y solo tenés 30 años.
-Ya sé. Tengo que pensar algo para que me deje en paz.
Magda estaba atormentada. El acoso de Gerardo parecía escalar en lugar de amedrentarse. Ya había intentado razonar,hasta le había pedido perdón en un intento vano de que olvidara la obsesión por ella al fin. Parecía que no iba a detenerse con nada.
Una noche, le pidió ayuda a su madre,le rezó para que le diera una solución, una buena idea. A las dos de la madrugada se sentó a escribirle una carta a su padre,pidiéndole ayuda. Él todavia tenía amigos cercanos al poder, tal vez podía hacer algo.
Nunca recibió respuesta,pero veinte días después, al abogado le llegó una notificación urgente de la capital, alguien lo demandaba y tenía que hacerse presente. Así que Gerardo se fue.
Magda esperó, no quería cantar victoria porque temía que volviera en cualquier momento. Hasta que fue a comer a la casa de unos amigos y le contaron que Gerardo estaba metido en un problema legal grave y que tenía que defenderse en Buenos Aires. Solo así se quedó tranquila.
Jamás volvió a verlo