Buscar este blog

sábado, 17 de enero de 2026

Capítulo 3. Maite.

 

-Mi ex está loca, ¿sabés? Siempre quiere más plata, siempre tiene una pelea nueva para iniciar.  

-Yo soy madre divorciada también...

-Ya sé, pero se nota que vos sos diferente, más centrada

-¿Y notaste eso en los últimos diez minutos mientras tomábamos el café?  

Obvio! Ah, por las dudas...¿tenés cambio para pagar? Porque acá no aceptan tarjeta.  



-Mi idea es que nuestra relación sea solo sexual...

-Pero eso no es lo que dijiste cuando empezamos a chatear...

-Sí, dije que fluya, eso quiere decir que si cog** (nota de Maite: disculpen, lectores, no puedo escribir la palabra que usó el macho alfa sentado frente a mí porque si no, la IA me censura) y me gustás, lo podemos hacer con frecuencia, pero no te podés enamorar de mí...

-Hay alguna otra orden que me quieras dar o es todo por el momento?  



-Viajo por trabajo y vengo a Córdoba seguido. Me podría quedar en tu casa, ¿no? 

-No lo creo. Apenas te conozco. Además es la casa de mi vieja.  

Ah! Pero sí me podrías alcanzar comida casera, ¿verdad? No te cuesta nada



-Me quiero casar, formalizar. Y creo que vos sos la indicada, Maite. Sé que tengo veinticinco años más que vos, pero gano lo suficiente para tenerte como una reina y después te quedaría mi jubilación, ¿qué decís?



-Me separé hace unos meses y ahora me gusta conocer chicas, el amor libre, ¿viste? 

-Pero ya te dije que a mí esa onda no me va...

- Tendrías que probar, ¡te quedaste en el tiempo, Mirna! 

-Me llamo Maite. Y gracias por tus consejos, pero no.  



-¿Disfrutaste? 

-¿Qué cosa? ¡Pasó tan rápido que ni me di cuenta! 

-Ay, disculpame. Es que me gustás tanto que no me pude contener. Igual, ya tendrías que irte, ¿no? Digo, se te va a hacer tarde...


Todas estas experiencias (si ustedes me siguen hasta acá, muchas gracias) desquician a cualquiera. Pulverizan cualquier deseo de vincularse con alguien. Y lo peor de todo es que me sentía producto en vidriera eligiendo a otros objetos como yo, hombres a quienes ni les importaba saber quién era o cómo me sentía. Así que me harté, borré la aplicación y abrí una botella de vino.  

Esa noche llegó Mecha y le conté todo. Por supuesto, mamá no ayudó demasiado. Seguro que tus amigas te convencieron de meterte en esa mierda. Sí, mamá, pero algún hombre decente debe quedar sobre la faz de la tierra. ¿Vos qué hiciste cuando papá se fue de casa? Te crié a vos con la ayuda de la abuela y tuve algunos amores, pero yo prefería que quedaran de las puertas de esta casa para afuera.  

¿Y la abuela Magda? Ella siempre dijo que el abuelo era el amor de su vida. ¿Cómo lo encontró?  


No hay comentarios:

Publicar un comentario