Vivir en coherencia con mi verdad no me era fácil. Primero, no sabía cuál era esa verdad, qué era lo que realmente deseaba. Eso es difícil de descubrir, me lo dijo mi terapeuta. Ah, sí... empecé terapia porque sentí que me hacía falta ayuda para desentrañar ese misterio. Justo en esa época conocí a Milo en una fiesta de fin de año del trabajo. Él era parte del personal de la clínica pero en otro sector, por eso no nos habíamos cruzado antes. Enseguida nos gustamos y, como suele suceder, todo fue sencillo y excitante los primeros meses. Él me hacía sentir especial, me escuchaba, se interesaba por saber de mis hijos, pasábamos los fines de semana juntos. Hasta que (sí, porque siempre existe un "hasta que...") llegó la pregunta inevitable: ¿qué somos?
-¿Acaso no estamos bien así, Maite? Sin etiquetas.
-A mí me gustan las etiquetas, Mecha las quería elegir por mí cuando iba a la escuela y nunca la dejé, las rompía y después yo compraba otras.
-No te hagas la graciosa, reina. ¿Y qué es esa manía de decirle Mecha y no mamá?
-Eso es entre ella y yo. No me cambies el tema. No somos pendejos,Milo.
Bueno, lectores, no vale la pena seguir contando una discusión que no llevó a nada más que a distanciarnos de a poco. Él se alejaba y yo estaba aferrada a la idea de no quedarme sola otra vez. Empezó a dejarme en visto por horas y después por días. Lo intenté todo para recuperarlo. Harté a mi terapeuta, a mis amigas,a Mecha. Estuve meses en ese estado de angustia y de bucle mental. Quería bloquearlo y olvidarme pero había una parte de mí que no, que me decía que él iba a cambiar de actitud, que me quería.
Ese es el complejo de salvadora, decían mis amigas.
Y ustedes qué van a saber, argumentaba yo.
Mirá cómo estás, Maite. Estás flaca, apagada, monotemática. Mirate en el espejo porque el cuerpo no miente y los ojos tampoco. No es sano que sigas con esa obsesión.
Tenían razón, yo lo sabía. Pero me sentía atrapada como la rata en el laberinto.
Un viernes a la noche prendí una vela: Abuela Magda, ayudame. Vos dejaste atrás al amor de tu vida porque era imposible. Ayudame a olvidarme de este estúpido del que me enamoré.
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