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sábado, 13 de febrero de 2021

Capítulo 10.

 


Capítulo 10. 

“I feel your light surround me like a song” “Siento que tu luz me rodea como una canción”.

A Olivia le hubiera gustado conocer a Álex antes, pero bien dice la sabiduría ancestral que todo llega a su tiempo. Era  como si lo conociera desde siempre, incluso desde antes de tener memoria. 

Era invierno y en Santa Clara del Mar hacía tanto frío que amenazaba con nevar. 

El padre de Olivia no había llamado nunca ni la había buscado. Todo parecía haberse resuelto tan fácilmente que les costaba creerlo. 

  • ¿Qué te gustó de mí? - preguntó Álex una noche, mientras estaban sentados junto al fuego de la chimenea. 

  • Al principio, nada- respondió ella, riendo-. Después me di cuenta de que eras diferente cuando cantaste. 

  • ¿Y cómo?- preguntó él, abrazándola. 

  • No sé...sentí una conexión ese día. ¿Vos también, no?

Él asintió y le dio un beso tierno. 

  • Al principio ni siquiera podía mirarte- continuó Álex-. Estaba muy deprimido por Natalia...pero después empecé a sentir algo distinto cada vez que te veía. Nunca pensé que podía amar a otra mujer, hasta que pude conocerte. 

  • Te amo- dijo Olivia-. Si vos no hubieses insistido, no sé qué habría sido de mí al lado de ese hombre.

Como cada vez que lo recordaba, ella se angustió. 

Álex la abrazó más fuerte. 

  • Él ya no puede dañarte- le susurró-. Pero no quiero que me veas como tu salvador, mi amor. 

  • Pero...

  • No, Olivia- él la miró a los ojos-. Vos te liberaste porque quisiste, yo solo te ayudé. No quiero que me des todo el mérito, ni que te aferres a mí por agradecimiento en caso que  llegue el día en que no me ames más. 

Ella lo besó y ni siquiera se atrevió a imaginar ese día. Pero sabía que Álex tenía razón y que la estaba ayudando a ver su verdadero valor, independientemente de las circunstancias o del apoyo o no de un hombre. 

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Vander se había mudado a Buenos Aires luego de la partida de Olivia, a la vieja casa familiar. 

Se sentía una presa a la que estaban intentando cazar. Su abogado hizo todo lo que pudo por impedir la exhumación del cuerpo de su mujer pero el juez había rechazado los pedidos por todas las irregularidades que había en ese caso. Así que pronto estaría el resultado de la autopsia y no sabía cómo iba a salir del lío. La mañana que le puso el veneno en el café, le hizo saber a Mirna que la mataba por traidora antes de que ella dejara de respirar. Se había sentido muy satisfecho, en ese momento se creía Dios, intocable. Fue fácil pedir al médico amigo que firmara un certificado de defunción y evitar las investigaciones. Pero ahora todo había cambiado y ya no podía recurrir a influencias para acabar con todo. 

Toda la culpa era de ese cantante de mala muerte. Si él no hubiera aparecido, Olivia jamás habría hecho eso. Creía que la controlaba totalmente hasta que ese imbécil se la había quitado. 

Un domingo, cuando se acercaba la primavera, Vander recibió un llamado de uno de sus socios en el negocio de la prostitución: Carlos Vélez. Este le dijo que ya estaba harto de esperar lo que le había prometido y le dio un ultimátum: o le entregaba lo que era suyo o aparecía flotando en el Río de la Plata. 

  • No te preocupes- aseguró Vander con una frialdad terrorífica-. Olivia se va a casar con vos. 

viernes, 5 de febrero de 2021

Capítulo 9.

 Capítulo 9. 

“No voy a esperar que el destino hable por mí”.

Recién ahora lo entendía. No podía creer cómo no se había dado cuenta antes. 

En esos días previos a su fiesta de cumpleaños, por primera vez su padre se había mostrado interesado en su vida, en lo que ella hacía. Olivia se sentía feliz en ese momento, nunca imaginó, hasta diez años después en aquel bar de Mar del Plata, que lo único que pretendía era sacarle información sin que se diera cuenta. La invitó a tomar un café a la salida de la escuela un día, se mostró amable y gentil como nunca lo había hecho, y le preguntó a dónde iba con su madre los sábados. Ella no quería decirle, porque se suponía que era un secreto, pero Vander urdió una trama muy pensada, diciéndole que quería ayudar a la causa y que necesitaba saber la ubicación de esa casa para darle una sorpresa a su esposa. 

Ahora no tenía dudas de que él la había matado y solo existía una forma de probarlo: pidiendo que exhumaran el cadáver. Para eso era  el abogado que Álex había conseguido. Esa misma tarde, después de la reunión en el café, fueron a verlo y Olivia le firmó una cantidad de papeles y poderes para darle acceso a la Causa judicial por la muerte de Mirna de Vander. 


Algunos días después, Lucca estaba en casa de Álex, en Santa Clara del Mar. Eran días difíciles para ambos. Lucca estaba devastado: ahora sabía la verdad pero no podía hacer nada con ella; Olivia era una víctima de ese monstruo también.  

  • No entiendo por qué no enjuiciaron a Vander también- dijo Álex, mientras tomaban mate. 

  • Porque no hubo sobrevivientes que lo identificaran- replicó Lucca-. La bestia se salió con la suya. ¿Creés que Olivia puede lograr algo con lo de la muerte de la madre?

  • El abogado va a pedir la exhumación del cadáver, basado en el certificado de defunción que firmó el médico, donde dice que la causa de la muerte fue suicidio. Como no hubo autopsia, ese documento es ilegal. 

  • Igual, va a ser difícil relacionar a Vander con el asesinato de su mujer después de diez años. 

  • Sí, pero no imposible- afirmó Álex-. El abogado ya lo conoce, sabe que tiene protección en la policía y en el poder judicial, así que está tratando de conseguir un juez que sea imparcial.

  • Pero Olivia está en peligro viviendo con él- dijo Lucca-. En cuanto se entere que están investigando la muerte de Mirna, va a saber que es ella. 

  • Ya sé. Por eso, dentro de pocos días se viene a vivir conmigo. 

  • Tiene miedo, ¿no?

  • Yo también lo tendría- respondió Álex-. Pero es necesario que lo supere y que se vaya de al lado de ese hombre.

  • Lo que no entiendo es por qué esa basura quiere retener a la hija al lado- reflexionó Lucca-: ya no tiene que fingir ser un hombre de familia, ni un ciudadano modelo. Está retirado de la escena pública hace mucho. 

  • Ansias de poder, tal vez…

  • No, no es solo eso. Vos no lo conocés como yo- contestó Lucca-. Algo trama. 

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Álex llegó a las cinco de la tarde ese martes. 

Olivia le abrió enseguida y lo hizo entrar. Estaba nerviosa como nunca antes. Tenía sus cosas listas en su cuarto. 

Vander estaba mirando el noticiero en la televisión, cuando los vio a ambos aparecer en el living. Se paró inmediatamente. 

  • Creo que no hacen falta las formalidades- dijo Olivia- pero tenés que saber que Álex es mi novio y que me voy a mudar con él. Voy por mis cosas- anunció enseguida, yéndose a su cuarto. 

A su padre le tomó un momento reaccionar. La vio meterse en la habitación y después se acercó a Álex. Contra toda especulación, él no le tenía miedo. 

  • Usted no se va a quedar con mi hija- le espetó cara a cara. 

  • No se esfuerce, Vander. No le tengo miedo- afirmó el joven-. No se acerque más a ella, se lo advierto. 

  • Vamos, por favor- interrumpió Olivia. 

Vander no hizo nada para detenerlos, no dijo una palabra. Esa reacción tan fría y calma dejó a Olivia más preocupada que si hubiera hecho un escándalo. 

De todas maneras, se sentía aliviada por primera vez en mucho tiempo. Respiró un aire nuevo, distinto cuando iban en el auto de Álex camino a su casa, a su libertad.


martes, 2 de febrero de 2021

Capítulo 8.

 Capítulo 8.

“Black rain falling down...” “Lluvia negra cayendo…”

Olivia hizo buena letra una semana y aquel  jueves del mes de marzo le dijo a su padre que tenía que ir al médico. 

Se encontró con Álex y Lucca en el centro de Mar del Plata, en un café. Estaba tensa; todos esos días se la había pasado pensando en qué tenía que ver Lucca con su problema con su padre. Habían sido vecinos en Buenos Aires y amigos de la familia pero nunca habían desarrollado un vínculo demasiado profundo. 

Olivia abrazó fuertemente a Álex y luego saludó a Lucca antes de sentarse. Era una tarde de otoño fría y seca, tan gris y tétrica como la historia que unía a los tres. 

  • Empiezo yo- dijo Lucca, después de probar el capuccino- Olivia: yo le pedí a Álex que se acercara a vos para conseguir información de tu padre.

La mencionada miró a su novio sin entender y tan sorprendida que no pudo articular palabra esperando una explicación. 

  • No te enojes, por favor- continuó Lucca- Ya te lo voy a explicar...Álex no quería hacerlo, de hecho nunca te preguntó lo que yo quería saber. 

  • Es verdad que quise conocerte porque él me lo pidió- acotó Álex-, pero nunca te mentí en nada, mucho menos en mis sentimientos, Olivia. Te amo y ya no creo poder vivir sin vos. 

La miró con miedo y esperanza en sus ojos. Por un instante creyó que ella se iría, sin embargo, le tomó la mano. 

  • Lo sé, te creo- le dijo Olivia-. Pero necesito que me expliquen. 

  • ¿Vos sabés que tu padre fue un torturador de la ESMA?- intervino Lucca, sin más preámbulos. 

Olivia asintió. 

  • Nunca me lo dijeron, pero cuando seguí algo del Juicio a las Juntas, por televisión, me lo imaginé. 

  • Olivia, tu mamá murió el día después de tu fiesta de quince- continuó Lucca-.  Dos días después, los milicos descubrieron el escondite de mi hermana y cuñado y se los llevaron. Estoy seguro de que alguien los delató  y quiero saber quién fue. Les pregunté a mis viejos quiénes podían saber dónde estaban escondidos y me dijeron que ni ellos mismos sabían dónde estaba esa casa ni cómo la consiguieron. 

  • Pará, pará- pidió Olivia- ¿Qué tiene que ver mi madre con eso? 

  • Yo creo que tu padre la mató y que las dos cosas están relacionadas- respondió Lucca. 

  • Eso no tiene sentido- replicó ella- Mi mamá nunca los hubiera delatado, si eso es lo que creés. Y aunque así hubiese sido, ¿qué motivos tendría mi padre para asesinarla?

Los tres permanecieron en silencio. Esa era la misma pregunta que torturaba a Lucca desde hacía tantos años. No lo comprendía. 

Afuera, el viento golpeaba con fuerza los ventanales del bar. 

Álex intervino:

  • Yo pensé en otra posibilidad: ¿qué tal si tu madre los ayudó a conseguir ese lugar? ¿Pudo haber pasado eso?- le preguntó a Olivia. 

  • Sí, es posible- contestó dubitativa, tratando de recordar- ¿Dónde estaban ocultos?- preguntó de pronto. 

  • En una casa abandonada, en una zona rural cerca de Cañuelas- contestó Lucca- . Alguien los tuvo que ayudar, llevarles víveres por lo menos. 

Olivia palideció y quedó muda. Álex pensó que se iba a desmayar porque no reaccionaba. La tocaba y le preguntaba qué sucedía, hasta que ella pareció volver de un trance. 

  • Sí- afirmó con la voz cortada-, mi madre los ayudó. Una vez por semana íbamos a ese lugar y dejábamos bolsas y cajas dentro de la casa, pero yo nunca vi a tu hermana o cuñado- le dijo a Lucca-. Las veces que le pregunté a mamá para quién era todo eso, dijo que era para los indigentes que iban a dormir ahí por las noches. 

  • Entonces tu padre se enteró- concluyó Álex-. Y por eso la mató. 

  • Sí, ¿pero quién le dijo?- volvió a preguntar Lucca en voz alta. 

Olivia creía que iba a vomitar. La silla donde estaba sentada parecía moverse debajo de ella. Los miró a ambos. 

  • Fui yo.

viernes, 29 de enero de 2021

Capítulo siete.

 


Capítulo siete. 

“Yo que nací con los que estaban bien, pero a la noche estaba todo mal”.

Casi todos los días hablaban por teléfono y luego se veían en Rainbow, salvo cuando Álex tenía presentaciones en otras ciudades de la costa atlántica. Mientras la temporada de verano iba llegando a su fin, se sentían cada vez más implicados en esa relación, más seguros de que lo que estaban construyendo era amor. Pero algo faltaba...Álex nunca le había dicho a Olivia por qué se había acercado a ella en primera instancia y eso ahora le molestaba. Sentía que tenía que decírselo, aunque no sabía cómo. Tenía miedo de que ella lo rechazara. 

Lucca le insistía para que le sacara información a su nueva novia, pero Álex no quería. Sentía que la traicionaba al no decirle la verdad. 

Hacía tres días que no hablaban ni se veían porque Álex había viajado a Buenos Aires; cuando volvió ese jueves a Mar del Plata se encontró con que Olivia no estaba trabajando. Desconcertado, preguntó por ella a sus compañeros, quienes le dijeron que no sabían nada de ella hacía varios días. Se estaba yendo cuando Ana lo vio.

  • Olivia no trabaja más aquí, Álex- le dijo- ¿No supiste?

  • ¿Saber qué? No te entiendo. Recién llego de capital- le explicó.

  • Su padre se enteró de que trabajaba aquí y de que salía con vos. Le dio una paliza que la mandó a la clínica dos días. 

Álex se sintió devastado. A la impotencia le siguió una sensación incontrolable de ira. Sin decir palabra, se dirigió a la calle. Estaba decidido a ir a buscarla y llevársela de esa casa para siempre. Ana corrió detrás de él, tratando de detenerlo. 

  • ¡Esperá, por favor!- lo tomó del brazo- Vas a empeorar las cosas. No conocés a Vander y el poder que tiene. Puede hacer lo que quiera con vos o con ella. 

  • ¡No me importa!- gritó Álex-. Además, después del Juicio a las Juntas, los milicos ya no tienen el poder de antes. 

  • Creeme, este tipo sí- afirmó Ana-. Lo sé por mi viejo, que lo conoce bastante. Además de tener amigos muy poderosos, también tiene a la policía de su lado. Dicen que es proxeneta, que es socio, junto a otros tipos, de prostíbulos en toda la provincia. 

  • ¿Qué hago, entonces?- preguntó Álex, tratando de pensar. 

  • El viejo maldito no la deja salir a Olivia, tampoco recibir llamadas. Ella le tiene un miedo atroz. Pero creo que puedo golpear su ventana esta noche y llevarle un mensaje tuyo.

  • No. Yo voy- replicó él-. Decime cuál es su ventana. 

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Olivia estaba tirada en la cama, con el televisor encendido pero sin sonido. Todavía tenía el cuerpo dolorido pero eso era lo de menos. Quería morir o matarlo y cualquiera de las dos opciones le aterraba. Ni siquiera la había dejado argumentar una palabra en su defensa; esa tarde llegó a casa de su caminata y la golpeó sin previo aviso. En el piso y casi inconsciente, se enteró del motivo de la golpiza: sus mentiras acerca de su trabajo y de su novio. Lo último que escuchó Olivia fue que era una puta y una inútil traidora como su madre. 

Escuchó los golpes débiles en la ventana e imaginó que era Ana. Cuando abrió y se encontró con Álex solo pudo llorar. Él entró a la habitación y la abrazó con todas las fuerzas que tenía.  “Te juro que recién me enteré, mi amor”, le susurraba mientras la sostenía. Ella solo asintió. 

Se sentaron en la cama, hablando en tono bajo para no ser descubiertos. 

  • Escuchame bien- pidió Álex-: tenemos que irnos. Agarrá un bolso y meté tus cosas. Tengo el auto a una cuadra. 

  • No puedo irme, Álex- replicó ella-. Dijo que si me voy con vos nos va a encontrar y te va a matar, que a él nadie le va a hacer nada. 

  • ¡No tengo miedo!

  • Pero yo sí- dijo Olivia- Yo sé de lo que es capaz. Es la primera vez que estoy enamorada, Álex. Y no voy a permitir que te pase nada. 

  • Por favor- suplicó él-, tenemos que hacer algo, no te vas a quedar acá hasta que ese tipo se muera.

  • Lo sé. Estuve pensando en algo pero necesito que consigas un abogado de confianza. 

  • Hecho. 

  • Mientras tanto, yo voy a hacer lo que él me diga y cuando me consigas la cita con el abogado, inventaré algo para salir- dijo Olivia. 

  • Te aviso por teléfono o por medio de Ana- acotó Álex-. Pero creo que tendríamos que hablar con Lucca también…

  • ¿Con Lucca Posse?- preguntó ella- ¿Y qué tiene que ver en esto?

martes, 26 de enero de 2021

Capítulo 6.

 Capítulo 6.

“Sé, nunca falla, hoy el viento sopla a mi favor”.

Pasaron tres días hasta que Álex se atrevió a llamarla. Hacerlo significaba olvidarse para siempre de Natalia y esa decisión todavía le costaba, no podía engañarse. 

Olivia atendió enseguida. 

  • ¿Álex?- preguntó nerviosa.

  • ¿Cómo sabías que era yo?

  • Por la hora- respondió ella-...pensé que ya no ibas a llamar. 

  • Pero lo hice- comentó Álex en tono risueño-. ¿Cómo estás?

  • Bien, como siempre. 

  • ¿Más tarde vas a trabajar?

  • No, hoy es mi noche libre. 

Se hizo un silencio de algunos segundos.

  • Me gustaría que nos encontráramos en la peatonal, donde está la disquería, a eso de las diez- se atrevió a invitarla Álex. 

Olivia dudó un momento, pensando en qué le diría a su padre, pero luego aceptó. 

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Las noches son frescas en Mar del Plata, sin importar la temperatura que haga en el día. De manera que Olivia se puso un pantalón de jean con una camisa color salmón y apenas se maquilló. Hacía años que no se sentía con esa expectativa, con ese cosquilleo en el estómago. Cuando se despidió de su padre, le dijo que saldría con Ana e intentó no pensar más en él, para que no arruinara su cita. 

Él ya estaba esperándola, parado en la esquina y todavía preguntándose si no era una mala idea, si no era mejor retroceder. 

Se saludaron con un beso tímido; hablaron de cosas triviales en tanto caminaban hacia la playa. El viento era cada vez más fuerte mientras se acercaban al mar. 

  • ¿Y por qué tu padre no puede saber que salís conmigo o dónde trabajás?- preguntó Álex. 

  • Porque es un militar, un dictador déspota- se sinceró Olivia-. No quiere que salga con nadie que él no apruebe y da la casualidad que no acepta a nadie. 

  • Pero ya sos mayor de edad, ¿por qué no te vas?- opinó él. 

  • Sinceramente, no lo sé. Supongo que es costumbre, miedo, inseguridad...o un poco de todo eso. 

Ella dejó de caminar y él la imitó. El ruido del mar golpeando la costa era lo único que eclipsaba el silencio que se produjo entre ambos. Álex le tomó la mano y ella lo aceptó. Le dio un beso torpe primero, que después fue  cálido y deseante. 

  • Casi no nos conocemos Álex- dijo ella en un susurro, cuando se separaron. 

  • Es cierto. Pero cuando te besé sentí una familiaridad, como si en realidad nos conociéramos hace mucho. Sé que suena cursi y parece romanticismo de novela barata, pero…

  • No- interrumpió Olivia-. A mí me pasa igual. 

Se besaron otra vez y se prometieron darle una oportunidad a ese sentimiento nuevo que ninguno se atrevía a llamar amor, no todavía. 

Pero si el destino estaba escrito, pronto descubrirían que este no se parecía ni remotamente a lo que soñaban.


jueves, 21 de enero de 2021

Capítulo cinco.

 


Capítulo 5.

“…if you’re lost you can look and you will find me…” “Si estás perdido puedes buscarme y me encontrarás…”

Al día siguiente, Álex finalmente recibió un llamado de Natalia. La ansiedad lo carcomía cuando escuchó el mensaje en el contestador, citándolo en un bar a las seis de la tarde de ese domingo.

Llegó a tiempo. Ella recién llegaba. Se la veía hermosa aunque expectante. Se podía ver que también estaba nerviosa. Álex la saludó pero extrañamente no sintió el nudo en el corazón que esperaba. Pidieron café y ella quiso hablar primero.

  • La verdad es que en este tiempo separados me di cuenta de que quiero estabilidad- expresó  Natalia- : hijos, familia. Y eso no lo vamos a lograr si seguís viviendo de la música, cantando de un lugar a otro sin sueldo fijo, sin ninguna certeza. 

  • Tengo muchos temas terminados y grabados, temas propios- replicó Álex-. Sé que podré conseguir una discográfica en algún momento. 

  • Álex, ¿hace cuántos años me decís lo mismo? 

  • Es mi sueño, Natalia. Siempre me apoyaste- subrayó él. 

  • Me cansé. Ahora es diferente, ¡tenemos treinta, no veinte!- exclamó ella. 

La charla continuó, pero Álex no pudo convencerla. Natalia se mantuvo firme en su idea. 

Álex salió de allí sin esperanza. El ancho mar le devolvía la mirada del abismo al que se enfrentaba: Natalia había sido su primer y único amor. Tantos años juntos no podían irse a la basura solo por un sueño absurdo que probablemente nunca se cumpliría. Ella tenía razón. 

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Ya eran las ocho de la noche; Olivia y su padre estaban cenando. Ella se había sentido mal todo el día, parecía que el cuerpo que cargaba le pesaba, como si no fuera suyo. O tal vez era su alma que estaba demasiado cansada del silencio. De repente, se atrevió a preguntar.

  • Papá, ¿qué le pasó a mamá exactamente? ¿Cómo murió?

  • ¿Por qué me preguntas eso?- replicó Vander, a la defensiva.

  • Es que lo he estado pensando últimamente...

  • Ya te lo he dicho, Olivia- interrumpió- : los médicos dijeron que había comido algo en mal estado y eso la intoxicó. Por eso murió. 

  • ¿Y no le hicieron autopsia para ver qué había sido exactamente?

  • El médico no lo creyó necesario. Fin de la historia. ¿Está claro?- la intimidó.

  • Sí- dijo ella, agachando la cabeza. 

 

Dos horas después, Olivia ya estaba en la barra atendiendo sus tareas. Cerca de la medianoche entró Álex, pero esta vez, solo. Se sentó en una de las banquetas de la barra. 

  • Buenas noches- saludó ella- ¿qué vas a tomar hoy?

  • Hola- contestó con desgano- Gancia, por favor.

Olivia se lo sirvió y lo observó  hasta que se atrevió a preguntar.

  • ¿Todo en orden?

Álex la miró, abatido. Una canción de Pink Floyd sonaba en el pub. 

  • No sé qué hacer- dijo finalmente-. Estoy en medio de un dilema imposible. 

  • Si te puedo ayudar…

  • Hace diez años que estoy en pareja con Natalia. Vivíamos juntos, todo estaba perfecto. Hace un mes y medio se fue de casa, dijo que no soportaba más la vida inestable que yo llevaba. Ahora dice que si quiero volver con ella, tengo que dejar la música y conseguir un trabajo “de verdad”. 

  • Supongo que tenés que poner en la balanza qué pesa más: tu amor por la música o tu amor por ella. 

Álex la observó un momento. Sus ojos  eran del color de las almendras y su mirada era tan profunda como el mar. ¿Cuántos secretos guardaba Olivia?

  • Esa es la cuestión- confesó él-: hasta hace unos días hubiera dejado todo por ella. Hoy ya no sé...algo cambió dentro de mí. No le encuentro explicación. 

  • Bueno, lo que sentís... solo vos lo sabés- acotó Olivia- pero pienso que cuando alguien te ama no te puede pedir que renuncies a tu sueño más grande. Eso es muy egoísta.

  • ¿Y cómo sabés que ese es mi mayor sueño?- preguntó Álex, asombrado. 

  • Solo basta con escucharte cantar para saberlo. No es muy difícil- sonrió ella. 

Ambos se quedaron suspendidos en esa burbuja de silencio, donde las palabras sobraban. Olivia lo miró fijamente sin darse cuenta de lo que hacía. Le pareció que él podía ver la desesperación detrás de su semblante siempre calmo y su actitud sumisa. Álex ya no podía negar que ella le atraía y no podía explicarse por qué: esa chica era casi una desconocida con la que había hecho una conexión que parecía mágica. 

  • ¡Olivia!- gritó el encargado- te necesito aquí.

Ella reaccionó como quien despierta de un trance y se fue rápidamente. 

A las cuatro de la mañana Álex se paró para irse. Vio venir a Olivia y le pidió la cuenta. Cuando ella le estaba cobrando, él se atrevió a pedirle el número de teléfono. 

  • No puedo dártelo. Mi padre es muy severo y no quiere que me llame ningún hombre a casa. 

  • Pero debe haber un momento en el que no esté en la casa…-aventuró él. 

  • Sí- reflexionó ella-, todos los días sale a caminar a las siete de la tarde. Podés llamarme a esa hora si querés. 

Luego tomó su lapicera y su libreta. Escribió allí la dirección y, arrancando la hoja, se la dio a Álex.

  • Gracias- dijo él con una sonrisa. 

Olivia lo vio marcharse y supo que él había tomado una decisión, que ya no existía un dilema para Álex. Para ella tampoco.