Capítulo 8.
“Black rain falling down...” “Lluvia negra cayendo…”
Olivia hizo buena letra una semana y aquel jueves del mes de marzo le dijo a su padre que tenía que ir al médico.
Se encontró con Álex y Lucca en el centro de Mar del Plata, en un café. Estaba tensa; todos esos días se la había pasado pensando en qué tenía que ver Lucca con su problema con su padre. Habían sido vecinos en Buenos Aires y amigos de la familia pero nunca habían desarrollado un vínculo demasiado profundo.
Olivia abrazó fuertemente a Álex y luego saludó a Lucca antes de sentarse. Era una tarde de otoño fría y seca, tan gris y tétrica como la historia que unía a los tres.
Empiezo yo- dijo Lucca, después de probar el capuccino- Olivia: yo le pedí a Álex que se acercara a vos para conseguir información de tu padre.
La mencionada miró a su novio sin entender y tan sorprendida que no pudo articular palabra esperando una explicación.
No te enojes, por favor- continuó Lucca- Ya te lo voy a explicar...Álex no quería hacerlo, de hecho nunca te preguntó lo que yo quería saber.
Es verdad que quise conocerte porque él me lo pidió- acotó Álex-, pero nunca te mentí en nada, mucho menos en mis sentimientos, Olivia. Te amo y ya no creo poder vivir sin vos.
La miró con miedo y esperanza en sus ojos. Por un instante creyó que ella se iría, sin embargo, le tomó la mano.
Lo sé, te creo- le dijo Olivia-. Pero necesito que me expliquen.
¿Vos sabés que tu padre fue un torturador de la ESMA?- intervino Lucca, sin más preámbulos.
Olivia asintió.
Nunca me lo dijeron, pero cuando seguí algo del Juicio a las Juntas, por televisión, me lo imaginé.
Olivia, tu mamá murió el día después de tu fiesta de quince- continuó Lucca-. Dos días después, los milicos descubrieron el escondite de mi hermana y cuñado y se los llevaron. Estoy seguro de que alguien los delató y quiero saber quién fue. Les pregunté a mis viejos quiénes podían saber dónde estaban escondidos y me dijeron que ni ellos mismos sabían dónde estaba esa casa ni cómo la consiguieron.
Pará, pará- pidió Olivia- ¿Qué tiene que ver mi madre con eso?
Yo creo que tu padre la mató y que las dos cosas están relacionadas- respondió Lucca.
Eso no tiene sentido- replicó ella- Mi mamá nunca los hubiera delatado, si eso es lo que creés. Y aunque así hubiese sido, ¿qué motivos tendría mi padre para asesinarla?
Los tres permanecieron en silencio. Esa era la misma pregunta que torturaba a Lucca desde hacía tantos años. No lo comprendía.
Afuera, el viento golpeaba con fuerza los ventanales del bar.
Álex intervino:
Yo pensé en otra posibilidad: ¿qué tal si tu madre los ayudó a conseguir ese lugar? ¿Pudo haber pasado eso?- le preguntó a Olivia.
Sí, es posible- contestó dubitativa, tratando de recordar- ¿Dónde estaban ocultos?- preguntó de pronto.
En una casa abandonada, en una zona rural cerca de Cañuelas- contestó Lucca- . Alguien los tuvo que ayudar, llevarles víveres por lo menos.
Olivia palideció y quedó muda. Álex pensó que se iba a desmayar porque no reaccionaba. La tocaba y le preguntaba qué sucedía, hasta que ella pareció volver de un trance.
Sí- afirmó con la voz cortada-, mi madre los ayudó. Una vez por semana íbamos a ese lugar y dejábamos bolsas y cajas dentro de la casa, pero yo nunca vi a tu hermana o cuñado- le dijo a Lucca-. Las veces que le pregunté a mamá para quién era todo eso, dijo que era para los indigentes que iban a dormir ahí por las noches.
Entonces tu padre se enteró- concluyó Álex-. Y por eso la mató.
Sí, ¿pero quién le dijo?- volvió a preguntar Lucca en voz alta.
Olivia creía que iba a vomitar. La silla donde estaba sentada parecía moverse debajo de ella. Los miró a ambos.
Fui yo.
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