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martes, 2 de febrero de 2021

Capítulo 8.

 Capítulo 8.

“Black rain falling down...” “Lluvia negra cayendo…”

Olivia hizo buena letra una semana y aquel  jueves del mes de marzo le dijo a su padre que tenía que ir al médico. 

Se encontró con Álex y Lucca en el centro de Mar del Plata, en un café. Estaba tensa; todos esos días se la había pasado pensando en qué tenía que ver Lucca con su problema con su padre. Habían sido vecinos en Buenos Aires y amigos de la familia pero nunca habían desarrollado un vínculo demasiado profundo. 

Olivia abrazó fuertemente a Álex y luego saludó a Lucca antes de sentarse. Era una tarde de otoño fría y seca, tan gris y tétrica como la historia que unía a los tres. 

  • Empiezo yo- dijo Lucca, después de probar el capuccino- Olivia: yo le pedí a Álex que se acercara a vos para conseguir información de tu padre.

La mencionada miró a su novio sin entender y tan sorprendida que no pudo articular palabra esperando una explicación. 

  • No te enojes, por favor- continuó Lucca- Ya te lo voy a explicar...Álex no quería hacerlo, de hecho nunca te preguntó lo que yo quería saber. 

  • Es verdad que quise conocerte porque él me lo pidió- acotó Álex-, pero nunca te mentí en nada, mucho menos en mis sentimientos, Olivia. Te amo y ya no creo poder vivir sin vos. 

La miró con miedo y esperanza en sus ojos. Por un instante creyó que ella se iría, sin embargo, le tomó la mano. 

  • Lo sé, te creo- le dijo Olivia-. Pero necesito que me expliquen. 

  • ¿Vos sabés que tu padre fue un torturador de la ESMA?- intervino Lucca, sin más preámbulos. 

Olivia asintió. 

  • Nunca me lo dijeron, pero cuando seguí algo del Juicio a las Juntas, por televisión, me lo imaginé. 

  • Olivia, tu mamá murió el día después de tu fiesta de quince- continuó Lucca-.  Dos días después, los milicos descubrieron el escondite de mi hermana y cuñado y se los llevaron. Estoy seguro de que alguien los delató  y quiero saber quién fue. Les pregunté a mis viejos quiénes podían saber dónde estaban escondidos y me dijeron que ni ellos mismos sabían dónde estaba esa casa ni cómo la consiguieron. 

  • Pará, pará- pidió Olivia- ¿Qué tiene que ver mi madre con eso? 

  • Yo creo que tu padre la mató y que las dos cosas están relacionadas- respondió Lucca. 

  • Eso no tiene sentido- replicó ella- Mi mamá nunca los hubiera delatado, si eso es lo que creés. Y aunque así hubiese sido, ¿qué motivos tendría mi padre para asesinarla?

Los tres permanecieron en silencio. Esa era la misma pregunta que torturaba a Lucca desde hacía tantos años. No lo comprendía. 

Afuera, el viento golpeaba con fuerza los ventanales del bar. 

Álex intervino:

  • Yo pensé en otra posibilidad: ¿qué tal si tu madre los ayudó a conseguir ese lugar? ¿Pudo haber pasado eso?- le preguntó a Olivia. 

  • Sí, es posible- contestó dubitativa, tratando de recordar- ¿Dónde estaban ocultos?- preguntó de pronto. 

  • En una casa abandonada, en una zona rural cerca de Cañuelas- contestó Lucca- . Alguien los tuvo que ayudar, llevarles víveres por lo menos. 

Olivia palideció y quedó muda. Álex pensó que se iba a desmayar porque no reaccionaba. La tocaba y le preguntaba qué sucedía, hasta que ella pareció volver de un trance. 

  • Sí- afirmó con la voz cortada-, mi madre los ayudó. Una vez por semana íbamos a ese lugar y dejábamos bolsas y cajas dentro de la casa, pero yo nunca vi a tu hermana o cuñado- le dijo a Lucca-. Las veces que le pregunté a mamá para quién era todo eso, dijo que era para los indigentes que iban a dormir ahí por las noches. 

  • Entonces tu padre se enteró- concluyó Álex-. Y por eso la mató. 

  • Sí, ¿pero quién le dijo?- volvió a preguntar Lucca en voz alta. 

Olivia creía que iba a vomitar. La silla donde estaba sentada parecía moverse debajo de ella. Los miró a ambos. 

  • Fui yo.

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