Capítulo 5.
“…if you’re lost you can look and you will find me…” “Si estás perdido puedes buscarme y me encontrarás…”
Al día siguiente, Álex finalmente recibió un llamado de Natalia. La ansiedad lo carcomía cuando escuchó el mensaje en el contestador, citándolo en un bar a las seis de la tarde de ese domingo.
Llegó a tiempo. Ella recién llegaba. Se la veía hermosa aunque expectante. Se podía ver que también estaba nerviosa. Álex la saludó pero extrañamente no sintió el nudo en el corazón que esperaba. Pidieron café y ella quiso hablar primero.
La verdad es que en este tiempo separados me di cuenta de que quiero estabilidad- expresó Natalia- : hijos, familia. Y eso no lo vamos a lograr si seguís viviendo de la música, cantando de un lugar a otro sin sueldo fijo, sin ninguna certeza.
Tengo muchos temas terminados y grabados, temas propios- replicó Álex-. Sé que podré conseguir una discográfica en algún momento.
Álex, ¿hace cuántos años me decís lo mismo?
Es mi sueño, Natalia. Siempre me apoyaste- subrayó él.
Me cansé. Ahora es diferente, ¡tenemos treinta, no veinte!- exclamó ella.
La charla continuó, pero Álex no pudo convencerla. Natalia se mantuvo firme en su idea.
Álex salió de allí sin esperanza. El ancho mar le devolvía la mirada del abismo al que se enfrentaba: Natalia había sido su primer y único amor. Tantos años juntos no podían irse a la basura solo por un sueño absurdo que probablemente nunca se cumpliría. Ella tenía razón.
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Ya eran las ocho de la noche; Olivia y su padre estaban cenando. Ella se había sentido mal todo el día, parecía que el cuerpo que cargaba le pesaba, como si no fuera suyo. O tal vez era su alma que estaba demasiado cansada del silencio. De repente, se atrevió a preguntar.
Papá, ¿qué le pasó a mamá exactamente? ¿Cómo murió?
¿Por qué me preguntas eso?- replicó Vander, a la defensiva.
Es que lo he estado pensando últimamente...
Ya te lo he dicho, Olivia- interrumpió- : los médicos dijeron que había comido algo en mal estado y eso la intoxicó. Por eso murió.
¿Y no le hicieron autopsia para ver qué había sido exactamente?
El médico no lo creyó necesario. Fin de la historia. ¿Está claro?- la intimidó.
Sí- dijo ella, agachando la cabeza.
Dos horas después, Olivia ya estaba en la barra atendiendo sus tareas. Cerca de la medianoche entró Álex, pero esta vez, solo. Se sentó en una de las banquetas de la barra.
Buenas noches- saludó ella- ¿qué vas a tomar hoy?
Hola- contestó con desgano- Gancia, por favor.
Olivia se lo sirvió y lo observó hasta que se atrevió a preguntar.
¿Todo en orden?
Álex la miró, abatido. Una canción de Pink Floyd sonaba en el pub.
No sé qué hacer- dijo finalmente-. Estoy en medio de un dilema imposible.
Si te puedo ayudar…
Hace diez años que estoy en pareja con Natalia. Vivíamos juntos, todo estaba perfecto. Hace un mes y medio se fue de casa, dijo que no soportaba más la vida inestable que yo llevaba. Ahora dice que si quiero volver con ella, tengo que dejar la música y conseguir un trabajo “de verdad”.
Supongo que tenés que poner en la balanza qué pesa más: tu amor por la música o tu amor por ella.
Álex la observó un momento. Sus ojos eran del color de las almendras y su mirada era tan profunda como el mar. ¿Cuántos secretos guardaba Olivia?
Esa es la cuestión- confesó él-: hasta hace unos días hubiera dejado todo por ella. Hoy ya no sé...algo cambió dentro de mí. No le encuentro explicación.
Bueno, lo que sentís... solo vos lo sabés- acotó Olivia- pero pienso que cuando alguien te ama no te puede pedir que renuncies a tu sueño más grande. Eso es muy egoísta.
¿Y cómo sabés que ese es mi mayor sueño?- preguntó Álex, asombrado.
Solo basta con escucharte cantar para saberlo. No es muy difícil- sonrió ella.
Ambos se quedaron suspendidos en esa burbuja de silencio, donde las palabras sobraban. Olivia lo miró fijamente sin darse cuenta de lo que hacía. Le pareció que él podía ver la desesperación detrás de su semblante siempre calmo y su actitud sumisa. Álex ya no podía negar que ella le atraía y no podía explicarse por qué: esa chica era casi una desconocida con la que había hecho una conexión que parecía mágica.
¡Olivia!- gritó el encargado- te necesito aquí.
Ella reaccionó como quien despierta de un trance y se fue rápidamente.
A las cuatro de la mañana Álex se paró para irse. Vio venir a Olivia y le pidió la cuenta. Cuando ella le estaba cobrando, él se atrevió a pedirle el número de teléfono.
No puedo dártelo. Mi padre es muy severo y no quiere que me llame ningún hombre a casa.
Pero debe haber un momento en el que no esté en la casa…-aventuró él.
Sí- reflexionó ella-, todos los días sale a caminar a las siete de la tarde. Podés llamarme a esa hora si querés.
Luego tomó su lapicera y su libreta. Escribió allí la dirección y, arrancando la hoja, se la dio a Álex.
Gracias- dijo él con una sonrisa.
Olivia lo vio marcharse y supo que él había tomado una decisión, que ya no existía un dilema para Álex. Para ella tampoco.
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