Capítulo 6.
“Sé, nunca falla, hoy el viento sopla a mi favor”.
Pasaron tres días hasta que Álex se atrevió a llamarla. Hacerlo significaba olvidarse para siempre de Natalia y esa decisión todavía le costaba, no podía engañarse.
Olivia atendió enseguida.
¿Álex?- preguntó nerviosa.
¿Cómo sabías que era yo?
Por la hora- respondió ella-...pensé que ya no ibas a llamar.
Pero lo hice- comentó Álex en tono risueño-. ¿Cómo estás?
Bien, como siempre.
¿Más tarde vas a trabajar?
No, hoy es mi noche libre.
Se hizo un silencio de algunos segundos.
Me gustaría que nos encontráramos en la peatonal, donde está la disquería, a eso de las diez- se atrevió a invitarla Álex.
Olivia dudó un momento, pensando en qué le diría a su padre, pero luego aceptó.
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Las noches son frescas en Mar del Plata, sin importar la temperatura que haga en el día. De manera que Olivia se puso un pantalón de jean con una camisa color salmón y apenas se maquilló. Hacía años que no se sentía con esa expectativa, con ese cosquilleo en el estómago. Cuando se despidió de su padre, le dijo que saldría con Ana e intentó no pensar más en él, para que no arruinara su cita.
Él ya estaba esperándola, parado en la esquina y todavía preguntándose si no era una mala idea, si no era mejor retroceder.
Se saludaron con un beso tímido; hablaron de cosas triviales en tanto caminaban hacia la playa. El viento era cada vez más fuerte mientras se acercaban al mar.
¿Y por qué tu padre no puede saber que salís conmigo o dónde trabajás?- preguntó Álex.
Porque es un militar, un dictador déspota- se sinceró Olivia-. No quiere que salga con nadie que él no apruebe y da la casualidad que no acepta a nadie.
Pero ya sos mayor de edad, ¿por qué no te vas?- opinó él.
Sinceramente, no lo sé. Supongo que es costumbre, miedo, inseguridad...o un poco de todo eso.
Ella dejó de caminar y él la imitó. El ruido del mar golpeando la costa era lo único que eclipsaba el silencio que se produjo entre ambos. Álex le tomó la mano y ella lo aceptó. Le dio un beso torpe primero, que después fue cálido y deseante.
Casi no nos conocemos Álex- dijo ella en un susurro, cuando se separaron.
Es cierto. Pero cuando te besé sentí una familiaridad, como si en realidad nos conociéramos hace mucho. Sé que suena cursi y parece romanticismo de novela barata, pero…
No- interrumpió Olivia-. A mí me pasa igual.
Se besaron otra vez y se prometieron darle una oportunidad a ese sentimiento nuevo que ninguno se atrevía a llamar amor, no todavía.
Pero si el destino estaba escrito, pronto descubrirían que este no se parecía ni remotamente a lo que soñaban.
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