Capítulo 4.
“…there will be an answer, let it be…” “Habrá una respuesta, deja que suceda…”
El sábado siguiente Álex se miraba al espejo y definitivamente no quería ir a Mar del Plata. No entendía para qué Lucca quería saber quién había delatado a su hermana y cuñado, eso no cambiaría lo que pasó. Además, ¿qué podía saber Olivia? Tenía quince años en ese entonces.
Pero la principal objeción de Álex era él mismo. Había llamado a Natalia todo el día y ella no había levantado el teléfono. Ya no sabía qué estrategia usar, qué palabras decir para convencerla de que la amaba, la necesitaba. Estaba dispuesto a dejar la vida errante de músico de bares y conseguir un trabajo en serio (según la definición de ella) con tal que volviera con él. Lo que lo hizo salir de casa fue la perspectiva de pasar otra noche de sábado solo, indefenso ante la melancolía y los recuerdos.
Olivia llegó a Rainbow a las nueve de la noche . Había sido un día intenso de calor y ella lo había pasado en la playa en compañía de Ana. Hacía mucho que reía como lo había hecho aquella tarde.
En realidad nunca había sido feliz. No recordaba haberlo sido, siempre bajo la sombra amenazante de su padre. Su madre había sido una mujer extremadamente sumisa y buena. Olivia la recordaba como un ser dulce pero siempre callada, atormentada por un marido déspota y dictador que no le permitía ni respirar sin consultarle. La señora Vander siempre le repetía a su hija que se liberara de su padre en cuanto pudiera. Y esa noche en particular, Oliva la extrañaba más de lo normal.
A la madrugada, Álex y Lucca llegaron en Rainbow. Se sentaron cerca del escenario porque esa noche prometían una nueva banda que, comentaban, era excelente. Pero a las dos de la mañana seguía sin aparecer.
El padre de Ana subió al escenario,tomó un micrófono y anunció:
Amigos, lamento mucho informarles que la banda no se va a presentar, tuvieron inconvenientes de última hora. Pero tenemos aquí a Álex y él me ha dicho que no tiene problemas en cantarnos algunas canciones en el piano. Te damos la bienvenida, Álex- invitó el dueño.
El mencionado subió al escenario ante el aplauso de todos los presentes y comenzó cantando Let it be , de The Beatles.
Olivia escuchaba desde la barra con una concentración exclusiva en el joven músico, estaba como hipnotizada.
. En ese momento, Ana se acercó a ella.
Qué bueno que no vino esa banda- dijo- ¡mira lo que nos hubiésemos perdido!
Sí. Qué voz hermosa, ¿verdad?- dijo Olivia aún sorprendida y mirando fijamente hacia el escenario.
Álex canta acá todos los veranos, lo que pasa es que vos no estabas trabajando el verano pasado- explicó Ana.
El repertorio de temas siguió con canciones de Queen, Charly García, Soda Stereo y otros más. La gente aplaudía a rabiar.
Olivia sentía que ese día era particular para ella: había estado pensando mucho en su madre y las canciones que Álex interpretaba, de alguna manera la hacían viajar al pasado, a los fines de semana cuando su padre no estaba y ella y su mamá ponían discos de los Beatles. Mientras él cantaba, Olivia se preguntaba si su vida podría ser diferente a la de su mamá: más feliz, más libre, más auténtica.
Entre la ovación del público, Álex bajó del escenario a las cuatro de la mañana. Volvió a su mesa y luego Lucca se fue a casa.
Álex pasó por la barra a pedir otro trago antes de marcharse. Olivia se lo sirvió y cuando se lo alcanzó, dijo:
Al final sos un artista. Y uno muy bueno.
Gracias- sonrió Álex.
A mi madre le gustaban los Beatles. Decía que eran su escape a otro mundo- dijo ella, mientras el muro invisible entre los dos iba cayendo.
¿Le gustaban?- subrayó Álex.
Sí, murió hace diez años.
¡Ah! Lo siento.
Olivia sonrió y asintió como toda respuesta.
Soy Álex- dijo él extendiendo la mano.
Ella vaciló un momento y luego también extendió la suya.
Olivia.
Álex sonrió.
Por lo menos ya sé tu nombre.
No vivís aquí, ¿verdad?- dijo ella, ignorando el último comentario.
No. Vivo en Santa Clara del Mar; es cerca igual.
Mi amiga Ana dice que cantás acá todos los veranos.
Así es- respondió Álex-. Y por toda la costa. Pero este verano no creo que lo haga.
¿Y por qué?- quiso saber Olivia.
¿Te parece que se puede cantar con el corazón roto?- dijo él, en cambio.
De hecho, acabás de hacerlo. Y es lo más emotivo que he escuchado en mucho tiempo.
Olivia se conectó con él y pensó algo loco, sin sentido, pero muy real: que Álex podía salvarla.
Álex sintió algo más irracional todavía : que Olivia podía mirar dentro de él y entenderlo como nunca nadie lo había hecho.
Esa madrugada, por primera vez en muchos días, se durmió sin pensar en Natalia.
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