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jueves, 21 de enero de 2021

Capítulo cinco.

 


Capítulo 5.

“…if you’re lost you can look and you will find me…” “Si estás perdido puedes buscarme y me encontrarás…”

Al día siguiente, Álex finalmente recibió un llamado de Natalia. La ansiedad lo carcomía cuando escuchó el mensaje en el contestador, citándolo en un bar a las seis de la tarde de ese domingo.

Llegó a tiempo. Ella recién llegaba. Se la veía hermosa aunque expectante. Se podía ver que también estaba nerviosa. Álex la saludó pero extrañamente no sintió el nudo en el corazón que esperaba. Pidieron café y ella quiso hablar primero.

  • La verdad es que en este tiempo separados me di cuenta de que quiero estabilidad- expresó  Natalia- : hijos, familia. Y eso no lo vamos a lograr si seguís viviendo de la música, cantando de un lugar a otro sin sueldo fijo, sin ninguna certeza. 

  • Tengo muchos temas terminados y grabados, temas propios- replicó Álex-. Sé que podré conseguir una discográfica en algún momento. 

  • Álex, ¿hace cuántos años me decís lo mismo? 

  • Es mi sueño, Natalia. Siempre me apoyaste- subrayó él. 

  • Me cansé. Ahora es diferente, ¡tenemos treinta, no veinte!- exclamó ella. 

La charla continuó, pero Álex no pudo convencerla. Natalia se mantuvo firme en su idea. 

Álex salió de allí sin esperanza. El ancho mar le devolvía la mirada del abismo al que se enfrentaba: Natalia había sido su primer y único amor. Tantos años juntos no podían irse a la basura solo por un sueño absurdo que probablemente nunca se cumpliría. Ella tenía razón. 

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Ya eran las ocho de la noche; Olivia y su padre estaban cenando. Ella se había sentido mal todo el día, parecía que el cuerpo que cargaba le pesaba, como si no fuera suyo. O tal vez era su alma que estaba demasiado cansada del silencio. De repente, se atrevió a preguntar.

  • Papá, ¿qué le pasó a mamá exactamente? ¿Cómo murió?

  • ¿Por qué me preguntas eso?- replicó Vander, a la defensiva.

  • Es que lo he estado pensando últimamente...

  • Ya te lo he dicho, Olivia- interrumpió- : los médicos dijeron que había comido algo en mal estado y eso la intoxicó. Por eso murió. 

  • ¿Y no le hicieron autopsia para ver qué había sido exactamente?

  • El médico no lo creyó necesario. Fin de la historia. ¿Está claro?- la intimidó.

  • Sí- dijo ella, agachando la cabeza. 

 

Dos horas después, Olivia ya estaba en la barra atendiendo sus tareas. Cerca de la medianoche entró Álex, pero esta vez, solo. Se sentó en una de las banquetas de la barra. 

  • Buenas noches- saludó ella- ¿qué vas a tomar hoy?

  • Hola- contestó con desgano- Gancia, por favor.

Olivia se lo sirvió y lo observó  hasta que se atrevió a preguntar.

  • ¿Todo en orden?

Álex la miró, abatido. Una canción de Pink Floyd sonaba en el pub. 

  • No sé qué hacer- dijo finalmente-. Estoy en medio de un dilema imposible. 

  • Si te puedo ayudar…

  • Hace diez años que estoy en pareja con Natalia. Vivíamos juntos, todo estaba perfecto. Hace un mes y medio se fue de casa, dijo que no soportaba más la vida inestable que yo llevaba. Ahora dice que si quiero volver con ella, tengo que dejar la música y conseguir un trabajo “de verdad”. 

  • Supongo que tenés que poner en la balanza qué pesa más: tu amor por la música o tu amor por ella. 

Álex la observó un momento. Sus ojos  eran del color de las almendras y su mirada era tan profunda como el mar. ¿Cuántos secretos guardaba Olivia?

  • Esa es la cuestión- confesó él-: hasta hace unos días hubiera dejado todo por ella. Hoy ya no sé...algo cambió dentro de mí. No le encuentro explicación. 

  • Bueno, lo que sentís... solo vos lo sabés- acotó Olivia- pero pienso que cuando alguien te ama no te puede pedir que renuncies a tu sueño más grande. Eso es muy egoísta.

  • ¿Y cómo sabés que ese es mi mayor sueño?- preguntó Álex, asombrado. 

  • Solo basta con escucharte cantar para saberlo. No es muy difícil- sonrió ella. 

Ambos se quedaron suspendidos en esa burbuja de silencio, donde las palabras sobraban. Olivia lo miró fijamente sin darse cuenta de lo que hacía. Le pareció que él podía ver la desesperación detrás de su semblante siempre calmo y su actitud sumisa. Álex ya no podía negar que ella le atraía y no podía explicarse por qué: esa chica era casi una desconocida con la que había hecho una conexión que parecía mágica. 

  • ¡Olivia!- gritó el encargado- te necesito aquí.

Ella reaccionó como quien despierta de un trance y se fue rápidamente. 

A las cuatro de la mañana Álex se paró para irse. Vio venir a Olivia y le pidió la cuenta. Cuando ella le estaba cobrando, él se atrevió a pedirle el número de teléfono. 

  • No puedo dártelo. Mi padre es muy severo y no quiere que me llame ningún hombre a casa. 

  • Pero debe haber un momento en el que no esté en la casa…-aventuró él. 

  • Sí- reflexionó ella-, todos los días sale a caminar a las siete de la tarde. Podés llamarme a esa hora si querés. 

Luego tomó su lapicera y su libreta. Escribió allí la dirección y, arrancando la hoja, se la dio a Álex.

  • Gracias- dijo él con una sonrisa. 

Olivia lo vio marcharse y supo que él había tomado una decisión, que ya no existía un dilema para Álex. Para ella tampoco.


lunes, 18 de enero de 2021

Capítulo 4.

 Capítulo 4.

“…there will be an answer, let it be…” “Habrá una respuesta, deja que suceda…”

El sábado siguiente Álex se miraba al espejo y definitivamente no quería ir a Mar del Plata. No entendía para qué Lucca quería saber quién había delatado a su hermana y cuñado, eso no cambiaría lo que pasó. Además, ¿qué podía saber Olivia? Tenía quince años en ese entonces. 

Pero la principal objeción de Álex era él mismo. Había llamado a Natalia todo el día y ella no había levantado el teléfono. Ya no sabía qué estrategia usar, qué palabras decir para convencerla de que la amaba, la necesitaba. Estaba dispuesto a dejar la vida errante de músico de bares y conseguir un trabajo en serio (según la definición de ella) con tal que volviera con él. Lo que lo hizo salir de casa fue la perspectiva de pasar otra noche de sábado solo, indefenso ante la melancolía y los recuerdos. 


Olivia llegó a Rainbow a las nueve de la noche . Había sido un día intenso de calor y ella lo había pasado en la playa en compañía de Ana. Hacía mucho que reía como lo había hecho aquella tarde. 

En realidad nunca había sido feliz. No recordaba haberlo sido, siempre bajo la sombra amenazante de su padre. Su madre había sido una mujer extremadamente sumisa y buena. Olivia la recordaba como un ser dulce pero siempre callada, atormentada por un marido déspota y dictador que no le permitía ni respirar sin consultarle. La señora Vander siempre le repetía a su hija que se liberara de su padre en cuanto pudiera. Y esa noche en particular, Oliva la extrañaba más de lo normal.

A la madrugada, Álex y Lucca llegaron en Rainbow. Se sentaron cerca del escenario porque esa noche  prometían una nueva  banda que, comentaban, era excelente. Pero a las dos de la mañana seguía sin aparecer. 

 El padre de Ana subió al escenario,tomó un micrófono y anunció:

  • Amigos, lamento mucho informarles que la banda no se va a presentar, tuvieron inconvenientes de última hora. Pero tenemos aquí a Álex  y él me ha dicho que no tiene problemas en cantarnos algunas canciones en el piano. Te damos la bienvenida, Álex- invitó el  dueño. 

El mencionado subió al escenario ante el aplauso de todos los presentes y comenzó cantando  Let it be , de The Beatles. 

Olivia escuchaba desde la barra con una concentración exclusiva en el joven músico, estaba como hipnotizada.

. En ese momento, Ana se acercó a ella. 

  • Qué bueno que no vino esa banda- dijo- ¡mira lo que nos hubiésemos perdido!

  • Sí. Qué voz hermosa, ¿verdad?- dijo Olivia aún sorprendida y mirando fijamente hacia el escenario. 

  • Álex canta acá todos los veranos, lo que pasa es que vos no estabas trabajando el verano pasado- explicó Ana. 

El repertorio de temas siguió con canciones de Queen, Charly García, Soda Stereo y otros más. La gente aplaudía a rabiar. 

Olivia sentía que ese día era particular para ella: había estado pensando mucho en su madre y las canciones que Álex interpretaba, de alguna manera la hacían viajar al pasado, a los fines de semana cuando su padre no estaba y ella y su mamá ponían discos de los Beatles. Mientras él cantaba, Olivia se preguntaba si su vida podría ser diferente a la de su mamá: más feliz, más libre, más auténtica.

Entre la ovación del público, Álex bajó del escenario a las cuatro de la mañana. Volvió a su mesa y luego Lucca se fue a casa.

Álex pasó por la barra a pedir otro trago antes de marcharse. Olivia se lo sirvió y cuando se lo alcanzó, dijo:

  • Al final sos un artista. Y uno muy bueno.

  • Gracias- sonrió Álex. 

  • A mi madre le gustaban los Beatles. Decía que eran su escape a otro mundo- dijo ella, mientras el muro invisible entre los dos iba cayendo. 

  • ¿Le gustaban?- subrayó Álex.

  • Sí, murió hace diez años.

  • ¡Ah! Lo siento. 

Olivia sonrió y asintió como toda respuesta. 

  • Soy Álex- dijo él extendiendo la mano.

Ella vaciló un momento y luego también extendió la suya.

  • Olivia. 

 Álex sonrió.

  • Por lo menos ya sé tu nombre. 

  • No vivís aquí, ¿verdad?- dijo ella, ignorando el último comentario.

  • No. Vivo en Santa Clara del Mar; es cerca igual. 

  • Mi amiga Ana dice que cantás acá todos los veranos. 

  • Así es- respondió Álex-. Y por toda la costa. Pero este verano no creo que lo haga. 

  • ¿Y por qué?- quiso saber Olivia. 

  • ¿Te parece que se puede cantar con el corazón roto?- dijo él, en cambio. 

  • De hecho, acabás de hacerlo. Y es lo más emotivo que he escuchado en mucho tiempo. 

Se miraron un momento y algo cambió dentro de ellos, como si despertaran de una pesadilla. 
Olivia se conectó con él y pensó algo loco, sin sentido, pero muy real: que Álex podía salvarla. 
Álex sintió algo más irracional todavía : que Olivia podía mirar dentro de él y entenderlo como nunca nadie lo había hecho. 
Esa madrugada, por primera vez en muchos días, se durmió sin pensar en Natalia.

sábado, 16 de enero de 2021

Capítulo 3.

   Capítulo 3.

“…why, why do I come here...” "¿por qué estoy aquí?"

  • Mi familia y la de Olivia- la señaló con un movimiento de cabeza- eran vecinas allá en el barrio de Núñez. Se puede decir que éramos amigos, aunque a Vander no lo creo capaz de querer a nadie, ni a su propia hija. Pero bueno, esa es otra cuestión… Lo importante es que en el 78 nosotros fuimos invitados a la fiesta de 15 de Olivia- continuó Lucca-. Esa noche todo me pareció normal, pero al día siguiente la madre de ella murió. 

  • ¿Y eso qué tiene que ver con vos?- preguntó Álex.

  • Pocos días después, los milicos encontraron el escondite de mi hermana y mi cuñado. Estaban ocultos en un sótano de una casa abandonada desde hacía meses.

  • Sí, me acuerdo de eso- respondió Álex, cada vez más serio-. Estuvieron en la ESMA y todavía están desaparecidos, ¿no?

Lucca asintió. De repente, la oscuridad se apoderó de la atmósfera, como cada vez que hablaban de ese tema. 

  • Estoy seguro de que ambas cosas, la muerte de la mujer de Vander y el secuestro de mi hermana y cuñado, están relacionadas. 

  • ¿Por?- preguntó Álex- A mí me parece que estás enlazando dos hechos aislados de manera irracional- dijo en cambio.

  • No- replicó Lucca-. Vander era uno de los torturadores de la ESMA y no sé cómo se enteró de dónde estaban ocultos. 

  • ¿Y creés que fue la madre de esa chica? Eso no tiene sentido- afirmó Álex- Si le dio al marido ese dato, ¿para qué la iba a matar? 

  • Sé que parece no tener sentido, pero necesito respuestas- suplicó Lucca- Tal vez ella puede aportar algún detalle de esa época que me ayude a entender.

  • La piba tenía quince años, Lucca- acotó Álex- ¿qué puede saber? Además, ¿de qué te sirve revolver todo eso?

  • Necesito saber. Te lo pido como un favor muy grande. 

  • Pero si vos la conocés desde chica, ¿por qué no le preguntás directamente?

  • Porque no quiero que le cuente al padre que ando preguntando por eso. 

Álex la volvió a mirar. Estaba ocupada en la barra. Algo le dijo que estaba tan perdida como él, algo adentro que no podía precisar si era instinto o simplemente soledad. 

 Se levantó de la silla y se  aproximó a Oliva, no muy decidido, nunca se había sentido tan inseguro por hablarle a una mujer. Claro que las circunstancias no ayudaban porque en realidad no quería hacerlo, no quería conocer  a esa chica. Él sólo deseaba que por fin Natalia volviera, que las cosas retomaran su curso normal.

 Álex se apoyó en la barra y la miró.

  • ¿Necesitás algo?- preguntó Olivia, mirándolo

  • Si. Otra cerveza, por favor.

Ella la buscó y mientras destapaba la botella, él preguntó:

  • ¿Hace mucho que trabajas aquí?

  • Bastante- contestó Olivia con la mirada fija en la botella.

  • Ah…te pregunto porque es la primera vez que vengo en mucho tiempo...desde el verano pasado, creo; y nunca te había visto.

Ella le entregó la botella sin decir palabra. 

- ¿Cómo te llamás?

- No va a funcionar- respondió Olivia sin mirarlo, mientras limpiaba la barra. 

Álex quedó atónito. 

Ella hizo contacto visual solo para decirle que no estaba interesada en conocer a nadie y que le hiciera el favor de dejarla en paz.

Álex dio media vuelta y volvió a la mesa donde lo esperaba su amigo. 

  • Ya ves, no me dejó ni decir mi nombre ¿Satisfecho?- preguntó.

  • Podés probar otra vez el sábado- aventuró Lucca. 

Cuando vio que Álex iba a negarse lo convenció de que hiciera un último intento, prometiéndole que luego lo dejaría tranquilo. 

 

Antes de cerrar Rainbow esa noche, Ana apareció. Olivia estaba terminando de cambiarse para volver a casa. 

  • ¿Cómo estuvo la noche?- preguntó, saludándola con un beso.

  • Bien, con los clientes de siempre- contestó Olivia mientras se arreglaba el pantalón.

  • ¿No vino nadie nuevo?

  • Sí, Lucca Posse trajo a un amigo suyo que me preguntó mi nombre e intentó conversar conmigo. 

  • ¿Y?

  • ¿Y qué?

  • ¿Hablaste con él?

  • ¡No! Sabés que no les presto atención a los hombres y menos a los que vienen aquí.

  • Olivia, ¡tenés 25 años! ¿Qué estás esperando?

  • Ana, estoy cansada y esto ya lo hablamos muchas veces. Conoces mi situación.

  • Sí, está bien. No vamos a volver a discutir eso- contestó Ana resignada.

  • Nos vemos en la noche- se despidió Olivia. 

Al llegar a casa, y mientras se bañaba como todas las mañanas, Olivia comenzó a pensar que el amigo de Lucca se le hacía conocido pero no recordaba de dónde. Era un chico delgado, alto y de pelo castaño. No era particularmente atractivo pero algo más había llamado la atención de la joven: su mirada cansada, como si hubiera vivido cien años. Muy similar a la suya.


miércoles, 13 de enero de 2021

El profundo mar, capítulo 2.

 Capítulo 2.

“…I don`t wanna go, I don`t wanna stay…” ("No quiero irme, tampoco quedarme")

Álex no quería atender el teléfono, no tenía ganas de hablar con nadie. Su mal humor y su angustia contaminaban todo lugar donde él estaba. Pero el aparato no dejaba de chillar, así que tuvo que contestar.

  • Hola- dijo con desgano.

  • Hola Álex, soy Lucca.

  • Ah, hola amigo. ¿Qué pasa?

  • ¿Tenés planes para esta noche?- quiso saber Lucca.

  • Sí: dormir temprano, ¿por?

  • ¡Vamos! Tenés treinta años- lo animó-  Hay un pub cerca de la playa, acá en Mar del Plata, Rainbow se llama, vos cantaste allí algunas veces…

  • Sí, sé dónde es-interrumpió Álex- pero no…lo dejamos para otra ocasión.

  •  ¡No me podés decir que no! ¡Vamos! Es muy agradable y te vas a distraer. 

  • No lo sé, estoy de mal humor…además tendría que conducir hasta allá…- vaciló.

  • ¡Pero si son tan sólo treinta minutos en auto desde Santa Clara del Mar hasta acá! Por favor Álex, hacelo por mí. Necesito tu ayuda en algo- pidió.

Álex no quería ir, pero Lucca era un buen amigo que lo había acompañado y aconsejado en las buenas y en las malas.

  • Está bien, Lucca. En un rato estoy por allá- concedió finalmente.

Ya en la ducha pensaba qué querría Lucca, en qué podía ayudarlo él estando como estaba. 

Se vistió con un jean azul y una camisa negra de mangas cortas y partió rumbo a Mar del Plata.

Olivia llegó a su lugar de trabajo a las 9 de la noche, como todos los días. Previamente le había preparado la cena a su padre, como todas las noches lo hacía también. 

Llegó y se fue directo al baño donde se cambió de ropa, al igual que siempre. Es que no podía salir con la misma ropa de trabajo desde su casa porque Vander sospecharía.

Olivia no trabajaba cuidando a la abuela de Ana, sino en un pub nocturno donde era moza y estaba en la barra sirviendo tragos también. Ana le había conseguido el empleo porque era la hija del dueño. Al principio Olivia no había aceptado, sabía que su padre se opondría pese a que era un trabajo más que digno. Pero trabajar de noche y en un bar frecuentado por hombres mayormente, era algo que el señor Vander jamás le hubiera permitido a su hija. Sin embargo, Ana la convenció de que el sueldo era muy bueno e idearon entre las dos una treta para engañar a su padre: le dirían que Olivia trabajaba por la noche cuidando a la abuela de Ana. Las chicas le explicaron la situación al padre de Ana y el hombre, conociendo la fama de Vander, se había comprometido a guardar su secreto. 

Así llevaba más de un año.

Olivia se cambió de ropa en el baño: se puso una falda negra y una camisa sin mangas color salmón. La intensidad de su pelo rubio contrastaba con sus ojos negros. Se maquilló frente al espejo y parecía que estaba viendo a otra chica, que ella era otra persona…claro, solo por nueve horas…hasta que regresaba a su casa. 

De a poco “Rainbow” se iba llenando de clientes. Era un sitio agradable aunque poco iluminado, ideal para bailar. La música era una selección de clásicos de todos los tiempos. Las paredes estaban decoradas con cuadros y pinturas de artistas locales. Había también un escenario donde una vez por semana se presentaba un cantante o banda de la zona que quisiera mostrar su música al público.

Los dos amigos se encontraron ahí alrededor de las diez de la noche. Se sentaron en una de las mesas libres. 

Olivia se acercó a ellos con la bandeja en la mano.

  • Buenas noches. ¿Qué van a tomar?- preguntó la chica. 

  • Vamos a tomar cerveza los dos, gracias- contestó Lucca. 

Ella se encaminó hacia la barra. Álex ni siquiera la había mirado, estaba demasiado perdido en sus pensamientos y concentrado en su dolor. 

  •  ¿Viste a la rubia que nos atiende?- preguntó Lucca, trayéndolo a la realidad.

Álex  giró la cabeza y miró a la chica ocupada en la barra.

  • Si, ¿qué pasa con ella?

  • Es la hija de un militar retirado, el mayor Vander. Necesito que de alguna manera intentes establecer una comunicación con ella para saber algunas cosas de su padre que me interesan. 

  • ¿Qué?- contestó Álex con cara de haber visto un fenómeno- ¿estás loco?

  • Ya te lo voy a explicar- respondió Lucca-. Lo que necesito es que vengas un poco más seguido por el bar para poder tener algún tipo de amistad con ella y obtener información importante. Te aseguro que es un motivo serio el que tengo, si no, no te lo pediría.

  • ¿Y por qué no lo haces vos?- preguntó Álex, todavía confundido.

  • Porque a mí me conoce. No me diría nada.

  • ¿Y por qué pensás que a mí me va a prestar atención? 

  • Sos cantante y bastante galán- observó Lucca-. Seguro que sabés cómo hablarles a las mujeres.

Álex lo miró fijamente, arqueando las cejas.

  • ¿Me estás diciendo que querés que me la levante?

  • No me importa lo que hagas con ella- enfatizó su amigo-. Lo único que me interesa es lo que sabe. 

Álex volvió a girar la cabeza y la vio caminar hacia su mesa. La observó cuidadosamente…le pareció linda pero tampoco de otro mundo.  Lo que Lucca le estaba pidiendo era que la usara y él  no quería hacer eso; no la conocía pero tampoco tenía motivos para engañarla. 

Olivia dejó las cervezas sobre la mesa y se marchó.

  • ¿Y?- preguntó Lucca- ¿qué me contestas?

  • Hasta que no me expliques el motivo no pienso cruzar una palabra con ella- sentenció Álex.

  • Bien, te lo voy a contar ahora mismo. 

lunes, 11 de enero de 2021

El profundo mar, capítulo 1.

 

Mar del Plata, Argentina, 1988. 

“…and my heart was heavy as stone” “...y mi corazón era tan pesado como una piedra”.

Capítulo 1.

Olivia llegó a casa  a las 6 de la mañana como todos los días. Introdujo la llave con sigilo en la cerradura, no quería despertar a su padre, quien dormía en la habitación contigua a la sala. De todos modos, él se despertaba y levantaba religiosamente todos los días a las 8 en punto. No faltaba tanto para esa hora. 

Entró cansada como siempre y dejó su campera colgada en el lugar que correspondía. Todo tenía que estar en orden para cuando su padre despertara u Olivia sabía que habría problemas. A él le gustaba el orden y la pulcritud. Se irritaba con facilidad si las cosas no estaban perfectamente limpias y en su lugar. Así era en casa y así se jactaba de ser en la vida: recto y con una moral intachable. Juan Vander era militar retirado, tenía 60 años y había servido a la patria durante toda su vida; ahora gozaba de su tiempo libre en su casa a la vera de la playa en Mar del Plata, donde se había mudado con su única hija diez años atrás. La señora Vander había muerto en Buenos Aires en 1978, justamente el día después de que su hija cumpliera quince años. Luego de aquél funesto suceso, el señor Vander había pedido su retiro para poder mudarse con Olivia a un lugar más tranquilo que la capital. De esa manera podría dedicarse a cuidarla y hacer que terminara de educarse. 

A Olivia le había gustado la ciudad costera  desde el principio; era hermosa, tranquila, con no muchos habitantes y donde los días pasaban de forma agradable y simple. No había muchos acontecimientos que sobresaltaran la paz de aquel lugar. Ella tenía una sola amiga allí, Ana, quien le había conseguido el empleo que ahora tenía Olivia. Un trabajo que le permitía vivir dignamente y sin apuros, a pesar de que su padre no había aprobado desde el principio que ella trabajara. Según él, la había educado con el fin de que encontrara un muchacho de buena familia con quien casarse para que la mantuviera como Dios mandaba. Pero ese muchacho nunca llegaba para la joven, o bien nunca era aprobado por su padre. El que no era inmoral, era un pobre desgraciado que no estaba a la altura de su hija. Al señor Vander parecía no conformarle ningún candidato de Olivia. Y ella se veía en la obligación siempre de terminar la relación, pues desde muy pequeña había aprendido a obedecer sin protestar las órdenes de su padre. 

Olivia subió las escaleras con cuidado y entró en su cuarto. Se desvistió y se fue directo a la ducha, ritual que repetía todas las mañanas antes de irse a dormir. La noche no había estado tan mal, aunque sí un poco aburrida. 

Se metió a la cama con los primeros rayos del sol asomando y se durmió profundamente hasta el mediodía, tal cual era su rutina diaria. 

A las doce en punto, el despertador sonó. Lo desactivó con rapidez y se vistió de prisa. Se peinó, lavó la cara y cepilló sus dientes. A Vander le gustaba que su hija demostrara orden en su vida, tal cual él se lo había inculcado. 

Bajó las escaleras y entró en la cocina cuando su padre miraba las noticias, como todos los días a la misma hora. 

  • Buenos días, papá- saludó ella con un beso

  • Buenos días, Olivia- contestó seriamente-¿cómo dormiste?

  • Bien, por suerte. Hace bastante calor pero pude descansar igual- y continuó- ¿qué quiere almorzar hoy?

  • Hoy podemos comer carne con una ensalada, hace demasiado calor- acotó.

  • Muy bien, ya la preparo- dijo la chica poniéndose a trabajar. 

Mientras ella cocinaba, siempre su padre la interrogaba acerca de su trabajo. 

  • ¿Qué tal estuvo anoche la abuela de Ana?- preguntó él.

  • Bien, papá. Como siempre. Hay veces que se pierde un poco con la mente, ya sabe cómo está de enferma…pero por lo demás, bien. 

  • No va ningún hombre allí, ¿verdad?

  • No, papá. Sólo estamos nosotras dos todas las noches y ocasionalmente la visita Ana. Nadie más.

  • Espero que no me mientas. Ya sabés que cualquier muchacho que te pretenda debe cumplir con mis expectativas primero. Mi hija vale mucho como para entregársela a cualquiera- sentenció. 

Olivia asintió  y continuó su tarea. Ya estaba acostumbrada a eso y, a decir verdad, no le interesaba ningún hombre. No necesitaba uno para complicarse la existencia y mucho menos un marido que la sometiera igual que su padre. Prefería morir soltera a subyugarse a otro hombre por el resto de su vida. Al menos su padre moriría en algún momento y allí por fin ella sería libre. 

Olivia dispuso la mesa para comer. Vander bendijo la comida, como todos los días, y luego almorzaron con la televisión apagada y en completo silencio. Todo lo que sucedía diariamente en aquella casa era como un ritual, que debía cumplirse a rajatabla. La música no podía escucharse a un volumen alto, y el señor Vander sólo permitía en la casa la visita de Ana.  

Así pasaban los días. Verdaderamente Olivia vivía bajo la disciplina militar; en realidad, siempre había vivido de la misma manera y al parecer su destino estaba marcado a fuego, su vida sería siempre igual. 

Eran las siete de la tarde y Santa Clara del Mar ofrecía una vista estupenda de un día de verano. Un atardecer adorable que a Álex le daba exactamente igual. No la entendía, aunque se esforzaba. Más de un mes atrás, Natalia le había pedido que se separaran un tiempo. Argumentó que estaba cansada de soportar sus viajes, su inestabilidad y su vida bohemia. Según Natalia, el tiempo de andar por los bares cantando, a la espera de una oportunidad en  el mundo de  la música, había caducado. Álex y ella habían discutido toda una madrugada, tratando de llegar a un arreglo, pero no había sucedido. Natalia se mantuvo firme en su decisión; Álex lloró pidiéndole que se quede, prometió estar más tiempo en casa pero ella había pensado días y noches en el asunto y estaba convencida de que separarse un tiempo la ayudaría a dilucidar si quería tener una vida con él o no.

Mientras conducía su auto por las calles del pueblo, Álex pensaba adónde iría a parar todo aquél asunto. No se sentía con fuerzas ni ganas de comenzar otra relación. Se sentía cobarde como para mostrarle sus debilidades a otra mujer que no fuera Natalia. La amaba. Por eso había hecho buena letra durante ese mes y no había buscado ninguna compañía femenina. Quería volver con ella, quería que ella supiera que él podía serle fiel y que la esperaba. Hasta cuándo esperaría… no lo sabía. 

Llegó a casa y sus pensamientos se interrumpieron cuando sonó el teléfono.