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sábado, 16 de enero de 2021

Capítulo 3.

   Capítulo 3.

“…why, why do I come here...” "¿por qué estoy aquí?"

  • Mi familia y la de Olivia- la señaló con un movimiento de cabeza- eran vecinas allá en el barrio de Núñez. Se puede decir que éramos amigos, aunque a Vander no lo creo capaz de querer a nadie, ni a su propia hija. Pero bueno, esa es otra cuestión… Lo importante es que en el 78 nosotros fuimos invitados a la fiesta de 15 de Olivia- continuó Lucca-. Esa noche todo me pareció normal, pero al día siguiente la madre de ella murió. 

  • ¿Y eso qué tiene que ver con vos?- preguntó Álex.

  • Pocos días después, los milicos encontraron el escondite de mi hermana y mi cuñado. Estaban ocultos en un sótano de una casa abandonada desde hacía meses.

  • Sí, me acuerdo de eso- respondió Álex, cada vez más serio-. Estuvieron en la ESMA y todavía están desaparecidos, ¿no?

Lucca asintió. De repente, la oscuridad se apoderó de la atmósfera, como cada vez que hablaban de ese tema. 

  • Estoy seguro de que ambas cosas, la muerte de la mujer de Vander y el secuestro de mi hermana y cuñado, están relacionadas. 

  • ¿Por?- preguntó Álex- A mí me parece que estás enlazando dos hechos aislados de manera irracional- dijo en cambio.

  • No- replicó Lucca-. Vander era uno de los torturadores de la ESMA y no sé cómo se enteró de dónde estaban ocultos. 

  • ¿Y creés que fue la madre de esa chica? Eso no tiene sentido- afirmó Álex- Si le dio al marido ese dato, ¿para qué la iba a matar? 

  • Sé que parece no tener sentido, pero necesito respuestas- suplicó Lucca- Tal vez ella puede aportar algún detalle de esa época que me ayude a entender.

  • La piba tenía quince años, Lucca- acotó Álex- ¿qué puede saber? Además, ¿de qué te sirve revolver todo eso?

  • Necesito saber. Te lo pido como un favor muy grande. 

  • Pero si vos la conocés desde chica, ¿por qué no le preguntás directamente?

  • Porque no quiero que le cuente al padre que ando preguntando por eso. 

Álex la volvió a mirar. Estaba ocupada en la barra. Algo le dijo que estaba tan perdida como él, algo adentro que no podía precisar si era instinto o simplemente soledad. 

 Se levantó de la silla y se  aproximó a Oliva, no muy decidido, nunca se había sentido tan inseguro por hablarle a una mujer. Claro que las circunstancias no ayudaban porque en realidad no quería hacerlo, no quería conocer  a esa chica. Él sólo deseaba que por fin Natalia volviera, que las cosas retomaran su curso normal.

 Álex se apoyó en la barra y la miró.

  • ¿Necesitás algo?- preguntó Olivia, mirándolo

  • Si. Otra cerveza, por favor.

Ella la buscó y mientras destapaba la botella, él preguntó:

  • ¿Hace mucho que trabajas aquí?

  • Bastante- contestó Olivia con la mirada fija en la botella.

  • Ah…te pregunto porque es la primera vez que vengo en mucho tiempo...desde el verano pasado, creo; y nunca te había visto.

Ella le entregó la botella sin decir palabra. 

- ¿Cómo te llamás?

- No va a funcionar- respondió Olivia sin mirarlo, mientras limpiaba la barra. 

Álex quedó atónito. 

Ella hizo contacto visual solo para decirle que no estaba interesada en conocer a nadie y que le hiciera el favor de dejarla en paz.

Álex dio media vuelta y volvió a la mesa donde lo esperaba su amigo. 

  • Ya ves, no me dejó ni decir mi nombre ¿Satisfecho?- preguntó.

  • Podés probar otra vez el sábado- aventuró Lucca. 

Cuando vio que Álex iba a negarse lo convenció de que hiciera un último intento, prometiéndole que luego lo dejaría tranquilo. 

 

Antes de cerrar Rainbow esa noche, Ana apareció. Olivia estaba terminando de cambiarse para volver a casa. 

  • ¿Cómo estuvo la noche?- preguntó, saludándola con un beso.

  • Bien, con los clientes de siempre- contestó Olivia mientras se arreglaba el pantalón.

  • ¿No vino nadie nuevo?

  • Sí, Lucca Posse trajo a un amigo suyo que me preguntó mi nombre e intentó conversar conmigo. 

  • ¿Y?

  • ¿Y qué?

  • ¿Hablaste con él?

  • ¡No! Sabés que no les presto atención a los hombres y menos a los que vienen aquí.

  • Olivia, ¡tenés 25 años! ¿Qué estás esperando?

  • Ana, estoy cansada y esto ya lo hablamos muchas veces. Conoces mi situación.

  • Sí, está bien. No vamos a volver a discutir eso- contestó Ana resignada.

  • Nos vemos en la noche- se despidió Olivia. 

Al llegar a casa, y mientras se bañaba como todas las mañanas, Olivia comenzó a pensar que el amigo de Lucca se le hacía conocido pero no recordaba de dónde. Era un chico delgado, alto y de pelo castaño. No era particularmente atractivo pero algo más había llamado la atención de la joven: su mirada cansada, como si hubiera vivido cien años. Muy similar a la suya.


miércoles, 13 de enero de 2021

El profundo mar, capítulo 2.

 Capítulo 2.

“…I don`t wanna go, I don`t wanna stay…” ("No quiero irme, tampoco quedarme")

Álex no quería atender el teléfono, no tenía ganas de hablar con nadie. Su mal humor y su angustia contaminaban todo lugar donde él estaba. Pero el aparato no dejaba de chillar, así que tuvo que contestar.

  • Hola- dijo con desgano.

  • Hola Álex, soy Lucca.

  • Ah, hola amigo. ¿Qué pasa?

  • ¿Tenés planes para esta noche?- quiso saber Lucca.

  • Sí: dormir temprano, ¿por?

  • ¡Vamos! Tenés treinta años- lo animó-  Hay un pub cerca de la playa, acá en Mar del Plata, Rainbow se llama, vos cantaste allí algunas veces…

  • Sí, sé dónde es-interrumpió Álex- pero no…lo dejamos para otra ocasión.

  •  ¡No me podés decir que no! ¡Vamos! Es muy agradable y te vas a distraer. 

  • No lo sé, estoy de mal humor…además tendría que conducir hasta allá…- vaciló.

  • ¡Pero si son tan sólo treinta minutos en auto desde Santa Clara del Mar hasta acá! Por favor Álex, hacelo por mí. Necesito tu ayuda en algo- pidió.

Álex no quería ir, pero Lucca era un buen amigo que lo había acompañado y aconsejado en las buenas y en las malas.

  • Está bien, Lucca. En un rato estoy por allá- concedió finalmente.

Ya en la ducha pensaba qué querría Lucca, en qué podía ayudarlo él estando como estaba. 

Se vistió con un jean azul y una camisa negra de mangas cortas y partió rumbo a Mar del Plata.

Olivia llegó a su lugar de trabajo a las 9 de la noche, como todos los días. Previamente le había preparado la cena a su padre, como todas las noches lo hacía también. 

Llegó y se fue directo al baño donde se cambió de ropa, al igual que siempre. Es que no podía salir con la misma ropa de trabajo desde su casa porque Vander sospecharía.

Olivia no trabajaba cuidando a la abuela de Ana, sino en un pub nocturno donde era moza y estaba en la barra sirviendo tragos también. Ana le había conseguido el empleo porque era la hija del dueño. Al principio Olivia no había aceptado, sabía que su padre se opondría pese a que era un trabajo más que digno. Pero trabajar de noche y en un bar frecuentado por hombres mayormente, era algo que el señor Vander jamás le hubiera permitido a su hija. Sin embargo, Ana la convenció de que el sueldo era muy bueno e idearon entre las dos una treta para engañar a su padre: le dirían que Olivia trabajaba por la noche cuidando a la abuela de Ana. Las chicas le explicaron la situación al padre de Ana y el hombre, conociendo la fama de Vander, se había comprometido a guardar su secreto. 

Así llevaba más de un año.

Olivia se cambió de ropa en el baño: se puso una falda negra y una camisa sin mangas color salmón. La intensidad de su pelo rubio contrastaba con sus ojos negros. Se maquilló frente al espejo y parecía que estaba viendo a otra chica, que ella era otra persona…claro, solo por nueve horas…hasta que regresaba a su casa. 

De a poco “Rainbow” se iba llenando de clientes. Era un sitio agradable aunque poco iluminado, ideal para bailar. La música era una selección de clásicos de todos los tiempos. Las paredes estaban decoradas con cuadros y pinturas de artistas locales. Había también un escenario donde una vez por semana se presentaba un cantante o banda de la zona que quisiera mostrar su música al público.

Los dos amigos se encontraron ahí alrededor de las diez de la noche. Se sentaron en una de las mesas libres. 

Olivia se acercó a ellos con la bandeja en la mano.

  • Buenas noches. ¿Qué van a tomar?- preguntó la chica. 

  • Vamos a tomar cerveza los dos, gracias- contestó Lucca. 

Ella se encaminó hacia la barra. Álex ni siquiera la había mirado, estaba demasiado perdido en sus pensamientos y concentrado en su dolor. 

  •  ¿Viste a la rubia que nos atiende?- preguntó Lucca, trayéndolo a la realidad.

Álex  giró la cabeza y miró a la chica ocupada en la barra.

  • Si, ¿qué pasa con ella?

  • Es la hija de un militar retirado, el mayor Vander. Necesito que de alguna manera intentes establecer una comunicación con ella para saber algunas cosas de su padre que me interesan. 

  • ¿Qué?- contestó Álex con cara de haber visto un fenómeno- ¿estás loco?

  • Ya te lo voy a explicar- respondió Lucca-. Lo que necesito es que vengas un poco más seguido por el bar para poder tener algún tipo de amistad con ella y obtener información importante. Te aseguro que es un motivo serio el que tengo, si no, no te lo pediría.

  • ¿Y por qué no lo haces vos?- preguntó Álex, todavía confundido.

  • Porque a mí me conoce. No me diría nada.

  • ¿Y por qué pensás que a mí me va a prestar atención? 

  • Sos cantante y bastante galán- observó Lucca-. Seguro que sabés cómo hablarles a las mujeres.

Álex lo miró fijamente, arqueando las cejas.

  • ¿Me estás diciendo que querés que me la levante?

  • No me importa lo que hagas con ella- enfatizó su amigo-. Lo único que me interesa es lo que sabe. 

Álex volvió a girar la cabeza y la vio caminar hacia su mesa. La observó cuidadosamente…le pareció linda pero tampoco de otro mundo.  Lo que Lucca le estaba pidiendo era que la usara y él  no quería hacer eso; no la conocía pero tampoco tenía motivos para engañarla. 

Olivia dejó las cervezas sobre la mesa y se marchó.

  • ¿Y?- preguntó Lucca- ¿qué me contestas?

  • Hasta que no me expliques el motivo no pienso cruzar una palabra con ella- sentenció Álex.

  • Bien, te lo voy a contar ahora mismo. 

lunes, 11 de enero de 2021

El profundo mar, capítulo 1.

 

Mar del Plata, Argentina, 1988. 

“…and my heart was heavy as stone” “...y mi corazón era tan pesado como una piedra”.

Capítulo 1.

Olivia llegó a casa  a las 6 de la mañana como todos los días. Introdujo la llave con sigilo en la cerradura, no quería despertar a su padre, quien dormía en la habitación contigua a la sala. De todos modos, él se despertaba y levantaba religiosamente todos los días a las 8 en punto. No faltaba tanto para esa hora. 

Entró cansada como siempre y dejó su campera colgada en el lugar que correspondía. Todo tenía que estar en orden para cuando su padre despertara u Olivia sabía que habría problemas. A él le gustaba el orden y la pulcritud. Se irritaba con facilidad si las cosas no estaban perfectamente limpias y en su lugar. Así era en casa y así se jactaba de ser en la vida: recto y con una moral intachable. Juan Vander era militar retirado, tenía 60 años y había servido a la patria durante toda su vida; ahora gozaba de su tiempo libre en su casa a la vera de la playa en Mar del Plata, donde se había mudado con su única hija diez años atrás. La señora Vander había muerto en Buenos Aires en 1978, justamente el día después de que su hija cumpliera quince años. Luego de aquél funesto suceso, el señor Vander había pedido su retiro para poder mudarse con Olivia a un lugar más tranquilo que la capital. De esa manera podría dedicarse a cuidarla y hacer que terminara de educarse. 

A Olivia le había gustado la ciudad costera  desde el principio; era hermosa, tranquila, con no muchos habitantes y donde los días pasaban de forma agradable y simple. No había muchos acontecimientos que sobresaltaran la paz de aquel lugar. Ella tenía una sola amiga allí, Ana, quien le había conseguido el empleo que ahora tenía Olivia. Un trabajo que le permitía vivir dignamente y sin apuros, a pesar de que su padre no había aprobado desde el principio que ella trabajara. Según él, la había educado con el fin de que encontrara un muchacho de buena familia con quien casarse para que la mantuviera como Dios mandaba. Pero ese muchacho nunca llegaba para la joven, o bien nunca era aprobado por su padre. El que no era inmoral, era un pobre desgraciado que no estaba a la altura de su hija. Al señor Vander parecía no conformarle ningún candidato de Olivia. Y ella se veía en la obligación siempre de terminar la relación, pues desde muy pequeña había aprendido a obedecer sin protestar las órdenes de su padre. 

Olivia subió las escaleras con cuidado y entró en su cuarto. Se desvistió y se fue directo a la ducha, ritual que repetía todas las mañanas antes de irse a dormir. La noche no había estado tan mal, aunque sí un poco aburrida. 

Se metió a la cama con los primeros rayos del sol asomando y se durmió profundamente hasta el mediodía, tal cual era su rutina diaria. 

A las doce en punto, el despertador sonó. Lo desactivó con rapidez y se vistió de prisa. Se peinó, lavó la cara y cepilló sus dientes. A Vander le gustaba que su hija demostrara orden en su vida, tal cual él se lo había inculcado. 

Bajó las escaleras y entró en la cocina cuando su padre miraba las noticias, como todos los días a la misma hora. 

  • Buenos días, papá- saludó ella con un beso

  • Buenos días, Olivia- contestó seriamente-¿cómo dormiste?

  • Bien, por suerte. Hace bastante calor pero pude descansar igual- y continuó- ¿qué quiere almorzar hoy?

  • Hoy podemos comer carne con una ensalada, hace demasiado calor- acotó.

  • Muy bien, ya la preparo- dijo la chica poniéndose a trabajar. 

Mientras ella cocinaba, siempre su padre la interrogaba acerca de su trabajo. 

  • ¿Qué tal estuvo anoche la abuela de Ana?- preguntó él.

  • Bien, papá. Como siempre. Hay veces que se pierde un poco con la mente, ya sabe cómo está de enferma…pero por lo demás, bien. 

  • No va ningún hombre allí, ¿verdad?

  • No, papá. Sólo estamos nosotras dos todas las noches y ocasionalmente la visita Ana. Nadie más.

  • Espero que no me mientas. Ya sabés que cualquier muchacho que te pretenda debe cumplir con mis expectativas primero. Mi hija vale mucho como para entregársela a cualquiera- sentenció. 

Olivia asintió  y continuó su tarea. Ya estaba acostumbrada a eso y, a decir verdad, no le interesaba ningún hombre. No necesitaba uno para complicarse la existencia y mucho menos un marido que la sometiera igual que su padre. Prefería morir soltera a subyugarse a otro hombre por el resto de su vida. Al menos su padre moriría en algún momento y allí por fin ella sería libre. 

Olivia dispuso la mesa para comer. Vander bendijo la comida, como todos los días, y luego almorzaron con la televisión apagada y en completo silencio. Todo lo que sucedía diariamente en aquella casa era como un ritual, que debía cumplirse a rajatabla. La música no podía escucharse a un volumen alto, y el señor Vander sólo permitía en la casa la visita de Ana.  

Así pasaban los días. Verdaderamente Olivia vivía bajo la disciplina militar; en realidad, siempre había vivido de la misma manera y al parecer su destino estaba marcado a fuego, su vida sería siempre igual. 

Eran las siete de la tarde y Santa Clara del Mar ofrecía una vista estupenda de un día de verano. Un atardecer adorable que a Álex le daba exactamente igual. No la entendía, aunque se esforzaba. Más de un mes atrás, Natalia le había pedido que se separaran un tiempo. Argumentó que estaba cansada de soportar sus viajes, su inestabilidad y su vida bohemia. Según Natalia, el tiempo de andar por los bares cantando, a la espera de una oportunidad en  el mundo de  la música, había caducado. Álex y ella habían discutido toda una madrugada, tratando de llegar a un arreglo, pero no había sucedido. Natalia se mantuvo firme en su decisión; Álex lloró pidiéndole que se quede, prometió estar más tiempo en casa pero ella había pensado días y noches en el asunto y estaba convencida de que separarse un tiempo la ayudaría a dilucidar si quería tener una vida con él o no.

Mientras conducía su auto por las calles del pueblo, Álex pensaba adónde iría a parar todo aquél asunto. No se sentía con fuerzas ni ganas de comenzar otra relación. Se sentía cobarde como para mostrarle sus debilidades a otra mujer que no fuera Natalia. La amaba. Por eso había hecho buena letra durante ese mes y no había buscado ninguna compañía femenina. Quería volver con ella, quería que ella supiera que él podía serle fiel y que la esperaba. Hasta cuándo esperaría… no lo sabía. 

Llegó a casa y sus pensamientos se interrumpieron cuando sonó el teléfono.


Sinopsis

 En Mar del Plata, en el verano de 1988, dos amigos se reencuentran en un pub. El objetivo de uno de ellos es una mujer que trabaja en el lugar: Olivia. El del otro, olvidar a su reciente exnovia. Lucca necesita conocer un secreto que Olivia protege y Álex puede ser el hombre que lo obtenga. 

Pero Olivia enfrenta un infierno adentro de su casa. Cuando se enamore de Álex intentará salir de él... solo que la puerta hacia la libertad se irá haciendo cada vez más pequeña.  

domingo, 10 de enero de 2021

Nueva historia.

 A partir de mañana, nueva historia! La publicaré en este blog por capítulos. 

Gracias por sus lecturas y comentarios. A la noche subiré la sinopsis. 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Magia.

 Magia.

“Todo me sirve, nada se pierde. Yo lo transformo”. Magia, Gustavo Cerati.


  • Estaría bien que enfrentaras a Marcos, Camila- le dijo su psicólogo esa tarde. 

   Camila se retorció, nerviosa. Las manos le sudaban. 

  • Es que yo quiero enfrentarlo. Cada vez que salimos de clase y me llama nerd, aburrida, “sin vida” y todas esas cosas que ya le conté. Todo por mi timidez y mi forma de vestir sencilla. Pero no puedo. Me quedo sin palabras, no puedo- sollozó un poco. 

   Camila era una paciente de veintidós años con serios problemas para enfrentar los conflictos. La imposibilidad de poner límites a su padre (quien la había sobreprotegido desde que tenía uso de razón, al punto de no dejarla decidir ni qué torta de cumpleaños quería, probablemente por la muerte temprana de su esposa, la madre de Camila) se proyectaba a sus demás relaciones. 

   Frustrada, llegó ese día a su casa, después de la sesión, y vio una ambulancia en la puerta. Corriendo con desesperación, entró y observó a su padre tendido en el suelo, sin vida. Un médico estaba firmando el certificado de defunción y su tía lloraba a su lado, de pie. Había tenido un infarto. 

   Dos días después, Camila se encontraba sola en su casa, sin saber muy bien qué hacer. De repente, tuvo que empezar a tomar decisiones obligada por las circunstancias. Y eso le infundió valor.

   Eso mismo le contó a su terapeuta unos días después y el psicólogo la animó a seguir tomando pequeñas decisiones. 

   Un mes después de estos sucesos, se enteró por algunas compañeras de la facultad que iba a haber una fiesta el sábado en la casa de Marcos. Por supuesto, la nerd aburrida sin vida no estaba invitada. Pero ella tenía otros planes.

    Ese sábado se preparó frente al espejo con una solemnidad que más bien se parecía a un ritual. 

   Se sintió nerviosa cuando iba llegando a casa de Marcos. Parecía que iba a tener un ataque de pánico. Pero se serenó. Finalmente, tocó el timbre. El dueño de casa abrió la puerta. Le costó reconocerla, con un pantalón ajustado, tacos y maquillada. Sus ojos color almendra se destacaban en su rostro suave, enmarcado por su pelo rubio ceniza, suelto. Marcos no fue inmune a su belleza. 

- ¿Me vas a dejar pasar? - preguntó ella.

   Él se hizo a un lado y la invitó a entrar con un gesto y una sonrisa. Marcos no entendía cómo había sucedido esa transformación. Hasta dudaba de que fuera ella. Pero le gustaba. 

   Pronto, ambos tomaron uno, dos vasos de cerveza y empezaron a bailar cada vez más cerca. Cuando Camila lo besó, él la apretó contra su cuerpo y la invitó a su habitación.

   Cayeron en la cama, apasionados. Cuando Marcos intentaba quitarle la remera, ella lo detuvo. 

  • Decime cómo me llamo- exigió, mirándolo a los ojos. 

  • Qué importa…- suspiró él, nublado por el deseo. 

  • Decilo. 

   Estaban como suspendidos en el tiempo. Él no se atrevía ni a parpadear, atrapado en la cama, debajo de ella. Por supuesto que no sabía su nombre, nunca le había importado. 

  • Tenés un minuto para recordar cómo me llamo, si no…- su voz era grave, atemorizante. 

    El pequeño revólver que ella había llevado en la cartera, ahora estaba apuntando directamente al corazón de Marcos. 

  • No hablás en serio…

  • Claro que sí- afirmó ella, presionando más el arma contra el pecho- tu ego ridículo no te permitió darte cuenta de que te traje directo a una trampa. Sos tan patético, que te haría un favor matándote. 

      Marcos temblaba sin control. 

  • Treinta segundos- sentenció Camila.

  • ¡Por favor! – gritó él- ¡No me acuerdo! ¡No sé! ¡Perdoname! 

   Escupía las palabras desesperadamente, buscando clemencia.

   Por fin, ella se levantó y guardó el revólver. 

  • No vales ni una bala- dijo, mientras abandonaba el cuarto. 

   Cuando Marcos se recuperó de la impresión y dejó de temblar, se levantó y llamó a la policía. 

   Los oficiales tocaron el timbre de Camila a eso de las seis de la mañana. Ella salió en pijama y respondió al interrogatorio diciendo que había estado durmiendo desde las once de la noche y que pensaba que Marcos le hacía esas acusaciones porque su deporte preferido era molestarla. 

  • ¿Acaso me acusó con nombre y apellido? – preguntó.

  • No, de hecho los amigos de él nos dieron su nombre, pero niegan que usted haya estado en esa casa. Dicen que vieron a una mujer bailando con Marcos pero que no era usted. Le pedimos disculpas por la molestia, señorita. Buenas noches.

   En la clase del lunes, Marcos observaba a Camila sin atreverse a hablarle. Estaba seguro de que había sido ella… ¿o era alguien parecida? 

   El profesor de Filosofía hizo una pregunta. Camila levantó la mano para contestar: 

  • Creo que la verdad y la realidad son cosas que nosotros mismos inventamos. Por ejemplo, ustedes pueden creer que la verdad es que yo soy una estudiante aburrida. Pero mi verdad puede ser que tengo una doble vida, que salgo por las noches a hacer justicia- miró deliberadamente a Marcos cuando hizo esta afirmación. Éste se puso pálido.

      Camila sonreía pensando en lo fácil que era entrampar a la gente que solo miraba lo superficial en el otro. Tan sencillo como hacer un truco de magia. 

   Solo que no es magia. 

   Es metamorfosis.


jueves, 26 de noviembre de 2020

Volverá, segunda parte.

   Todos estaban de pie, cerca de la puerta,  menos Tomás, que se había sentado.  Los cuatro amigos se miraron unos a otros, buscando la respuesta a una pregunta que nadie se atrevía a hacer. Finalmente, Camila habló, temerosa: - Tu novia nos llamó por teléfono para invitarnos. Tomás los miró y un relámpago iluminó la pequeña habitación: -Yo no tengo novia. Recibí un e- mail de ustedes, diciendo que querían venir a cenar por mi cumpleaños. Ante el terrible estupor que vio en los rostros de los invitados, Tomás arribó a la conclusión lógica: - Fue Clara. Ella nos reunió a todos aquí, para vengarse. No lo soporto más- exclamó - su fantasma me persigue como un cazador. Tengo sus gritos acá- lloró, golpeándose enérgicamente la cabeza.  El pánico había comenzado a devorar los últimos vestigios de cordura que les quedaban. Ellos sabían que no habían sido tan inocentes, a pesar de tener diez años en ese entonces. Clara era la chica de la escuela de la que todos se burlaban por ser introvertida y tímida. No ayudaba que viviera sola, con un padre alcohólico. Aquel día, Tomás la había invitado a su casa con el fin de divertirse todos a costa de ella; pero  se les había ido de las manos. Ahora, veinte años después de ese infausto día, el fantasma de Clara volvía, como retornan a la superficie todos los secretos que tanto nos empeñamos  en ocultar.

   El viento golpeó con inusitada inclemencia la puerta del balcón y las luces se apagaron. José agarró a Tomás por un brazo y le exigió que le entregara las llaves. Las mujeres gritaban y Diego intentaba calmarlas. De repente, Tomás se paró y sus ojos cambiaron de color. Espantado, José lo soltó. Los cuatro amigos se arrumbaron contra  la puerta, pálidos por el terror. El cabello de Tomás también cambió de rubio a negro, como las alas de un cuervo.  Habló con una voz sepulcral, pero claramente era una voz femenina: -¡Ayúdenme! ¡Déjenme salir!- exclamó, estirando un brazo hacia ellos. A partir de allí, todo fue confusión, gritos, horror. Querían salir de la casa pero el miedo los paralizaba como el veneno de una serpiente que, poco a poco, se expande por la sangre dejándonos  inmóviles. 

   El vecino del departamento de al lado escuchó los gritos y  fue a buscar al encargado del edificio. Regresaron con la llave maestra y abrieron, aunque ya no escuchaban más que silencio.  Se encontraron con cinco personas tiradas en el piso, muertas, como comprobaron luego.  Cuando llegó la policía y el equipo forense, declararon muerte por infarto. Los investigadores buscaron, sin éxito,  pruebas durante meses de la presencia de una sexta persona esa noche, puesto que razonaban que era imposible que cinco jóvenes murieran por un paro cardíaco al mismo tiempo, sin razón aparente. Los vecinos de Tomás declararon que siempre lo veían solo, pero lo escuchaban conversar con una mujer bastante seguido. Lo curioso para la policía fue que no encontraron a ningún testigo que la hubiera visto.  Cuando hicieron una investigación más exhaustiva dieron con la historia de Clara y, aunque no les pareció una coincidencia, tampoco pudieron encontrar una explicación lógica. Los muertos no vuelven. Los fantasmas no matan a nadie. Salvo, claro, los que viven dentro de nosotros.