Capítulo 3.
“…why, why do I come here...” "¿por qué estoy aquí?"
Mi familia y la de Olivia- la señaló con un movimiento de cabeza- eran vecinas allá en el barrio de Núñez. Se puede decir que éramos amigos, aunque a Vander no lo creo capaz de querer a nadie, ni a su propia hija. Pero bueno, esa es otra cuestión… Lo importante es que en el 78 nosotros fuimos invitados a la fiesta de 15 de Olivia- continuó Lucca-. Esa noche todo me pareció normal, pero al día siguiente la madre de ella murió.
¿Y eso qué tiene que ver con vos?- preguntó Álex.
Pocos días después, los milicos encontraron el escondite de mi hermana y mi cuñado. Estaban ocultos en un sótano de una casa abandonada desde hacía meses.
Sí, me acuerdo de eso- respondió Álex, cada vez más serio-. Estuvieron en la ESMA y todavía están desaparecidos, ¿no?
Lucca asintió. De repente, la oscuridad se apoderó de la atmósfera, como cada vez que hablaban de ese tema.
Estoy seguro de que ambas cosas, la muerte de la mujer de Vander y el secuestro de mi hermana y cuñado, están relacionadas.
¿Por?- preguntó Álex- A mí me parece que estás enlazando dos hechos aislados de manera irracional- dijo en cambio.
No- replicó Lucca-. Vander era uno de los torturadores de la ESMA y no sé cómo se enteró de dónde estaban ocultos.
¿Y creés que fue la madre de esa chica? Eso no tiene sentido- afirmó Álex- Si le dio al marido ese dato, ¿para qué la iba a matar?
Sé que parece no tener sentido, pero necesito respuestas- suplicó Lucca- Tal vez ella puede aportar algún detalle de esa época que me ayude a entender.
La piba tenía quince años, Lucca- acotó Álex- ¿qué puede saber? Además, ¿de qué te sirve revolver todo eso?
Necesito saber. Te lo pido como un favor muy grande.
Pero si vos la conocés desde chica, ¿por qué no le preguntás directamente?
Porque no quiero que le cuente al padre que ando preguntando por eso.
Álex la volvió a mirar. Estaba ocupada en la barra. Algo le dijo que estaba tan perdida como él, algo adentro que no podía precisar si era instinto o simplemente soledad.
Se levantó de la silla y se aproximó a Oliva, no muy decidido, nunca se había sentido tan inseguro por hablarle a una mujer. Claro que las circunstancias no ayudaban porque en realidad no quería hacerlo, no quería conocer a esa chica. Él sólo deseaba que por fin Natalia volviera, que las cosas retomaran su curso normal.
Álex se apoyó en la barra y la miró.
¿Necesitás algo?- preguntó Olivia, mirándolo
Si. Otra cerveza, por favor.
Ella la buscó y mientras destapaba la botella, él preguntó:
¿Hace mucho que trabajas aquí?
Bastante- contestó Olivia con la mirada fija en la botella.
Ah…te pregunto porque es la primera vez que vengo en mucho tiempo...desde el verano pasado, creo; y nunca te había visto.
Ella le entregó la botella sin decir palabra.
- ¿Cómo te llamás?
- No va a funcionar- respondió Olivia sin mirarlo, mientras limpiaba la barra.
Álex quedó atónito.
Ella hizo contacto visual solo para decirle que no estaba interesada en conocer a nadie y que le hiciera el favor de dejarla en paz.
Álex dio media vuelta y volvió a la mesa donde lo esperaba su amigo.
Ya ves, no me dejó ni decir mi nombre ¿Satisfecho?- preguntó.
Podés probar otra vez el sábado- aventuró Lucca.
Cuando vio que Álex iba a negarse lo convenció de que hiciera un último intento, prometiéndole que luego lo dejaría tranquilo.
Antes de cerrar Rainbow esa noche, Ana apareció. Olivia estaba terminando de cambiarse para volver a casa.
¿Cómo estuvo la noche?- preguntó, saludándola con un beso.
Bien, con los clientes de siempre- contestó Olivia mientras se arreglaba el pantalón.
¿No vino nadie nuevo?
Sí, Lucca Posse trajo a un amigo suyo que me preguntó mi nombre e intentó conversar conmigo.
¿Y?
¿Y qué?
¿Hablaste con él?
¡No! Sabés que no les presto atención a los hombres y menos a los que vienen aquí.
Olivia, ¡tenés 25 años! ¿Qué estás esperando?
Ana, estoy cansada y esto ya lo hablamos muchas veces. Conoces mi situación.
Sí, está bien. No vamos a volver a discutir eso- contestó Ana resignada.
Nos vemos en la noche- se despidió Olivia.
Al llegar a casa, y mientras se bañaba como todas las mañanas, Olivia comenzó a pensar que el amigo de Lucca se le hacía conocido pero no recordaba de dónde. Era un chico delgado, alto y de pelo castaño. No era particularmente atractivo pero algo más había llamado la atención de la joven: su mirada cansada, como si hubiera vivido cien años. Muy similar a la suya.