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martes, 17 de febrero de 2026

Capítulo 9.

Creer o reventar, dirían los viejos. El ritual de la vela funcionó. 

Pocos días después, puse toda la energía en aprender a tocar el piano, algo que siempre quise pero no me animaba. La Academia es hermosa, hasta me animo a cantar con el coro.
Qué bueno,Maite, acotó la psicóloga. ¿Y vos creés que fue tu abuela? 
Sé cómo suena, contestó un poco a la defensiva.
Parezco una mística irracional, pero...en fin...¿qué importa si fue mi abuela o mi fuerza interior? Lo importante es que dejé de responderle los mensajes a Milo y cuando se puso pesado, lo bloqueé sin arrepentirme. 
Se terminó por fin, suspiró con alivio.

Esa misma noche, Maite y sus amigas se juntaron a comer pizza. Chocaron los copones de cerveza celebrando que el pelotudo de Milo era historia. 
Lo único que faltaba, ¡aguantar a un tarado que quiere hacer lo que se le dé la gana con vos!
Maite reía. 
Pero seguí contando lo de Magda,pidieron las chicas.  Imaginamos que no se casó con Gerardo. ¿O sí?

viernes, 13 de febrero de 2026

Capítulo 8.

Magdalena recordaba el cumpleaños de su ahijado como un día de sol pleno. Habían trabajado muchísimo con Anita para que todo, desde la decoración hasta el menú, quedara perfecto. El marido de su amiga decía que había comida como para una semana. Y es que antiguamente el dicho popular era mejor que sobre y no que falte. 

Las mesas estaban en el jardín y mientras los adultos conversaban, los niños jugaban alrededor. 

Magda recordaba también que alguien le había presentado al abogado Gerardo Insúa, un hombre elegante, alto,joven y simpático. Él la cautivó desde ese momento, como nunca antes le había pasado con otro hombre. Y a Gerardo le pasó lo mismo con ella, rubia y con esa mirada fiera y serena al mismo tiempo. Entre otras cosas, ese día Magda le comentó que todavía estaba terminando de poner en regla documentos de la herencia de su madre y de la casa. Él le dio la dirección de su bufete, que estaba en su domicilio, y se puso a su disposición.  

Esta vez, el chispazo,la pasión fueron instantáneos. Magdalena se sentía enamorada, con ganas de sonreír, de vivir. Gerardo la llevaba a cenar, le hacía regalos y la colmaba de elogios. 

Meses después, Magda le mostraba, feliz, el anillo de compromiso a su amiga. Después de las felicitaciones y los abrazos, Anita preguntó por la fecha de la boda.  

En el verano, así coincidía con sus vacaciones de la escuela. 

Todo era perfecto, tanto que ella misma desconfiaba. Pero trataba de alejar ese pensamiento. Por fin había encontrado al hombre con el que siempre había soñado y no iba a arruinarlo. 

Magda,Anita y el bebé fueron a la capital un fin de semana de noviembre a comprar el vestido de novia, a una boutique. Gerardo paga todo, comentó Magadalena ya en el hotel, pero al vestido lo pago yo. 

-¡Es espectacular, Magda!- contestó su amiga mientras hacía dormir a Pedro-. Esta tarde, cuando te lo vi puesto, no lo podía creer. Va a ser difícil que haya una novia más hermosa que vos. 

Magda sonrió ampliamente. 

-Nunca pensé que me iba a casar (vos sabés) pero él es perfecto...

Su semblante cambió por un momento.  

-Eso es lo único que me molesta. O sea, nunca discutimos por nada,nunca se enoja, no le conozco mal humor, no sé...pienso que no puede ser, que oculta algo. 

-Ay no,¡ te lo pido por favor! No empieces a buscar fantasmas donde no los hay. 

-¡Hablá más bajo que el nene se durmió, Ana! 

Hubo un momento de silencio. Magda observó los últimos vestigios de sol que se filtraban por la ventana del hotel esa tarde. 

-No busco fantasmas. Pero todas las personas tenemos defectos y me pregunto por qué Gerardo se esfuerza tanto por ocultar los suyos.

Dos toques en la puerta la interrumpieron. 

Magdalena fue a abrir. 

-Señorita, hoy por la tarde su prometido la llamó tres veces- dijo el empleado. 

Magda le agradeció y le dijo que lo llamaría enseguida.  

Anita también se asustó, ambas pensaban que había sucedido algo malo para que Gerardo llamara con tanta insistencia

-Hola,mi amor, ¿pasó algo?- preguntó Magda cuando él respondió. 

-¿Por qué no estabas en el hotel,Magdalena? 

-Porque fuimos a comprar el vestido-Magda miró a Ana. 

-Pero estuviste toda la tarde en la calle, ¿qué hiciste además de comprar el vestido? - su tono era áspero. 

-Paseamos un rato con el nene...pero, ¿qué te pasa,Gerardo? No entiendo. 

-Seguro te entretuviste mucho en la calle, ¿te gustó algún vendedor ambulante?- profirió con ironía. 

-Respetame-pidió ella-, nunca te di motivos para que te pusieras celoso o desconfiaras de mí. 

-Quiero que vuelvas a casa ahora- ordenó él. 

-Tenemos el pasaje del tren para mañana, no nos vamos a ir ahora- dijo Magda con firmeza. 

-Pero yo quiero que vuelvas ahora...

-Pero yo no- lo interrumpió- no veo el motivo y no lo voy a hacer. Que te quede claro que no vas a hacer conmigo lo que quieras. 

-¡Magadalena! - alcanzó a gritar cuando ella colgaba. 

Antes de que Anita preguntara algo, volvió a levantar el teléfono para llamar a la recepción y pedir que no pasaran ninguna llamada más a su habitación, bajo ninguna circunstancia.  

Magda caminó hacia la ventana y empezó a respirar para calmarse, se había quedado temblando. 

-Todos los hombres son así, celosos. Quieren saber dónde está su mujer, no quieren que nos llamen callejeras- dijo su amiga, por fin.

-Tal vez. Eso no significa que esté bien o que yo tenga que aceptar su falta de respeto. 

-A duras penas mi marido me dejó acompañarte. Él siempre me recalca que tengo que estar en casa, que eso hace una mujer decente. 

Magda estuvo un largo rato en silencio. La desilusión que tanto temía le había caído encima como una nube funesta. 

-Así que esto es lo que me espera cuando me case...

-Por lo menos no te golpea, hay mujeres a las que les toca algo peor. 

-Qué consuelo- respondió casi con tristeza. 

-Es la vida de las mujeres. Es injusto, como vos decís, pero nosotras no podemos cambiar costumbres ancestrales, Magda. 

-Ahora no. Pero algún día lo vamos a hacer. Como lo hicieron en Francia. 

Esa noche, los tres se durmieron temprano. Magdalena lloró su decepción con amargura, pero se prometió que esas iban a ser las únicas lágrimas que derramaría por Gerardo. 


miércoles, 11 de febrero de 2026

7. Maite.

Vivir en coherencia con mi verdad no me era fácil. Primero, no sabía cuál era esa verdad, qué era lo que realmente deseaba. Eso es difícil de descubrir, me lo dijo mi terapeuta. Ah, sí... empecé terapia porque sentí que me hacía falta ayuda para desentrañar ese misterio. Justo en esa época conocí a Milo en una fiesta de fin de año del trabajo. Él era parte del personal de la clínica pero en otro sector, por eso no nos habíamos cruzado antes. Enseguida nos gustamos y, como suele suceder, todo fue sencillo y excitante los primeros meses. Él me hacía sentir especial, me escuchaba, se interesaba por saber de mis hijos, pasábamos los fines de semana juntos. Hasta que (sí, porque siempre existe un "hasta que...") llegó la pregunta inevitable: ¿qué somos? 

-¿Acaso no estamos bien así, Maite? Sin etiquetas. 

-A mí me gustan las etiquetas, Mecha las quería elegir por mí cuando iba a la escuela y nunca la dejé, las rompía y después yo compraba otras.  

-No te hagas la graciosa, reina. ¿Y qué es esa manía de decirle Mecha y no mamá?  

-Eso es entre ella y yo. No me cambies el tema. No somos pendejos,Milo. 

Bueno, lectores, no vale la pena seguir contando una discusión que no llevó a nada más que a distanciarnos de a poco. Él se alejaba y yo estaba aferrada a la idea de no quedarme sola otra vez. Empezó a dejarme en visto por horas y después por días. Lo intenté todo para recuperarlo. Harté a mi terapeuta, a mis amigas,a Mecha. Estuve meses en ese estado de angustia y de bucle mental. Quería bloquearlo y olvidarme pero había una parte de mí que no, que me decía que él iba a cambiar de actitud, que me quería.  

Ese es el complejo de salvadora, decían mis amigas.  

Y ustedes qué van a saber, argumentaba yo. 

Mirá cómo estás, Maite. Estás flaca, apagada, monotemática. Mirate en el espejo porque el cuerpo no miente y los ojos tampoco. No es sano que sigas con esa obsesión.  

Tenían razón, yo lo sabía. Pero me sentía atrapada como la rata en el laberinto.  

Un viernes a la noche prendí una vela: Abuela Magda, ayudame. Vos dejaste atrás al amor de tu vida porque era imposible. Ayudame a olvidarme de este estúpido del que me enamoré. 

  

miércoles, 4 de febrero de 2026

6. Magda.

 Está sentada después de clase, el salón quedó vacío. Es viernes pero no se decide a emprender el regreso a casa aún. Piensa. Piensa en Carlos. En lo que siente por él, en cómo cambiaron las cosas en estos meses que llevan de novios. Le pidió a ella un préstamo para instalar su negocio y dejar de vender en la calle, Magda le prestó el dinero con gusto pero el almacén de Ramos Generales no prosperó y se fundió en poco tiempo. Carlos inventó mil excusas que ella quiso creer hasta ahora, pero la verdad es que no se levantaba temprano ni se ocupaba de casi nada. Le jura que le va a devolver el dinero pero todas las noches cena en la casa de Magda y ni siquiera es capaz de levantar los platos. ¿Esto es lo que ella deseaba? Sus modos educados y su aparente bondad le hacen difícil la confrontación.  

Se levanta de la silla por fin. Es hora. 


Magda se está terminando de cambiar en su casa, dos horas después, cuando Carlos llega. Saluda y pregunta qué hay para cenar. 

 - Hoy no tengo ganas de cocinar. Hacelo vos, fijate qué hay en la cocina- le dice ella, mientras se recuesta en el sillón.  

- Ay no, mi amor. Si vos sabés que no sé cocinar. 

-Lástima. No comemos entonces. 

Carlos se inquieta, trata de convencerla pero ella no cede. Quiere saber hasta dónde llega su papel de hombre bueno cuando le dice que no. 

- Por cierto, quiero que me devuelvas la plata. No tengo ganas de mantener a nadie.  

- Vos no me mantenés, Magda. Estas diciendo cualquier cosa.  

- Ah,¿no? Comes acá todas las noches y ni siquiera traes el pan o una botella de vino. Te di mucha plata y seguramente la gastaste en otra cosa, porque tu negocio duró menos que un suspiro. ¿De verdad creés que no me doy cuenta de que sos un parásito?  

- Me estás ofendiendo gratuitamente,Magdalena. He sido muy paciente todo este tiempo con vos:nunca fuimos a la cama siquiera. 

-Ya te dije, no me voy a arriesgar a quedar embarazada y menos de vos. 

Magda se puso de pie. 

- La que tuvo demasiada condescendencia fui yo,Carlos. Sabés muy bien que no soy una de esas minas desesperadas por casarse y la verdad es que me pregunté qué es lo que vos me das ,por qué estoy con vos. Y no tiene ninguna lógica. Hacé el favor de salir de mi casa y no volver nunca. Cerrá bien la puerta. 


El hijo de Anita ya comenzaba a dar sus primeros pasos por el jardín. Magda y ella lo vigilaban de cerca mientras hablaban del tema infaltable: "te lo dije".

- Nunca me va a devolver el dinero pero no me importa. Me lo saqué de encima. 

-Si yo te lo dije desde el principio...¿y no volvió a buscarte? 

-¡Claro que sí! Se aparecía por todas partes, me rogaba volver. Al final tuve que amenazarlo para que me dejara en paz. 

-¿Qué le dijiste? 

- Que le iba a decir a la policía que me robó la plata, que yo no se la di. Y ahí se hizo humo el desgraciado- Magda soltó una carcajada y su amiga también-. Bueno...olvidémonos de eso ya. Tenemos que tener todo listo para la fiesta del primer añito de Pedro. 

Las dos mujeres observaron con ternura al bebé que se paraba aferrándose a la cerca. 

Magda no imaginaba que en esa fiesta iba a torcerse su destino...o a encaminarse. 




jueves, 29 de enero de 2026

Capítulo 5. Maite.

 En el turno de la madrugada, en la clínica, hay tiempo para hablar, para pensar. Maite dice que el silencio frío de los pasillos blancos apaga todo el ruido de la cabeza. Te hace replantear la vida.  

Uno de los jóvenes médicos de guardia le hace bromas, busca su atención. Su compañera le pregunta por qué no le hace caso.  

-¿No le viste el anillo? Está casado. Ni loca me compro ese problema.  

-Pero si es para pasar un buen rato, nada más. No exageres.  

-No exagero, Mari. No es lo que quiero.  

-¿Y qué querés? 

Buena pregunta.  

Maite sabía lo que no quería...y eso era un comienzo. Por las malas lo había aprendido.  

Su matrimonio había fracasado pero no por la infidelidad de su exmarido, culparlo solo a él había sido la salida más fácil en ese momento.  

Pensaba en estas cosas mientras chequeaba el suero de una abuela en la 215. La señora abrió los ojos. 

-Gracias por cuidarme, querida. 

-Es mi trabajo- dijo la enfermera con una sonrisa. 

-Pero vos tenés algo especial, Maite. 

Ella la miró tendida en la cama, delgada, la vida se le escapaba de a poco, como una fuga de gas.  

-Tal vez me hacés acordar a mi abuela, ella murió hace varios años. Tenía mucha fuerza y sabiduría- dijo por fin. 

-Yo me enfrenté a mis hijos porque querían manejar mi plata a su antojo y me dejaron sola, ya ves. Esto es lo que valgo para ellos.  

-Mis hijos se criaron bien, pero creo que siempre notaron que su padre y yo no nos amábamos. Mi abuela insistió en aquel momento en que no me casara solo porque estaba embarazada, pero mi vieja casi me obligó a que lo hiciera. Yo era muy chica. 

-Entonces es verdad que tu abuela era sabia. 

-Sí. Mi mamá no quería que repitiera la historia de las mujeres de la familia, que criaban solas. La abuela Magda decía que eso era preferible a casarse sin amor.  

-Es que vivir tu verdad es lo único que puede darte paz. No sé si felicidad (a mí no me la dio) pero sí te da esa tranquilidad de vivir livianita, sin peso en el alma. 

La señora cerró los ojos y siguió dormitando, como si ya hubiese cumplido una misión. 

Sus palabras quedaron rebotando en el aire tibio de la habitación y en el corazón de Maite. 

Cuando volvió a la sala de enfermeras, se sirvió un café y se preguntó cuál era su verdad. 

Recordó lo que su madre le había contado días atrás, la historia de su abuela. La verdad de Magda

domingo, 25 de enero de 2026

Capítulo 4. Magda.

 A Magdalena le da vergüenza admitir que nunca tuvo el sueño del hogar feliz y de los hijos;aunque sabe que todos murmuran que es una solterona, no le importa. Ahora que vive sola, que trabaja tiempo completo en la escuela y está libre de la vigilancia de su padre, se siente en paz. Apenas tiene veintisiete pero en esta época todos piensan que es vieja para casarse. Sus amigas ya lo hicieron y tienen hijos, casi nunca se ven; solo le queda Anita, que tiene un bebé. Ella es su confidente. 

-Magda, tenés que casarte, ¿cómo te vas a quedar para vestir santos? ¡Con lo linda que sos! 

-Anita, no tengo ganas de someterme a un hombre, con mi trabajo y la herencia de mi madre vivo más que bien.  

-¿Y ya pensaste qué va a pasar cuando seas vieja y no tengas hijos? ¿Quién te va a cuidar? Ni hermanos tenés.  

-Le pagaré a alguien para que me cuide o capaz me muero joven, como mi mamá...¿Quién sabe? ¿Quién puede saberlo,Anita? 

-Pero es lo que Dios nos manda a las mujeres.  

-¿Sí? A mi madre, Dios le mandó a un hombre que la hizo miserable hasta su último día. Contame, ¿creés que eso es justo?  

-Es lo que nos toca, nosotras no podemos elegir.  

-Pues me niego. Rotundamente. Yo sí voy a elegir. Si me caso, va a ser por amor. 

-¡Ay,no se puede discutir con vos! 

-Entonces dejá de discutir y dale la teta al nene, que está llorando. 

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En el baile del club de los sábados, los hombres quieren bailar con la señorita Magda. Así es conocida en el pueblo. Ella se divierte y baila con todos. Más de uno aprovecha para invitarla a conocerse un poco más. Don Julio, un señor viudo y adinerado, directamente le propone matrimonio una noche, después de un tango. Magda le explica que no está en sus planes casarse y delicadamente, lo rechaza. De todos modos, en cada baile él se propone convencerla. De manera que salir la sábados deja de ser entretenido y Magda prefiere quedarse en casa escuchando la radio o leyendo. La mansión es inmensa para ella. Hay demasiado espacio y los recuerdos de su madre lo ocupan todo: el jardín, el living, las habitaciones, el cuarto de costura. A veces cree escuchar su voz de miel en las mañanas de invierno. 

Una tarde, Magda se sienta un rato en la plaza a descansar luego del trabajo. Hace frío y el muchacho que vende café en la calle, le acerca uno. Ella le agradece y le quiere pagar, pero él le dice que acepte el regalo, que notó qué ella tenía frío. Se llama Carlos y es educado y amable. El cafecito de los atardeceres se vuelve casi un ritual y a la maestra le sorprende lo agradable y romántico que puede ser su nuevo amigo. Los chismes están a la orden del día en el pueblo: los ven paseando, despidiéndose en la puerta de la casa de ella, riendo. 

Por supuesto, Anita tiene algo que acotar mientras cambia pañales y Magda controla que los fideos no se pasen de cocción. 

-No sé qué pensás. Es un pobre diablo. ¿De verdad te vas a casar con un vendedor ambulante?

-Ana, nada te viene bien. Carlos me gusta, me hace reír y sobre todo, no se opone a que trabaje, no le importa si en el futuro tenemos hijos o no. Es perfecto para mí.  

-Eso dice ahora. Vamos a ver cuando se casen. 

-No seas boba. Nadie habló de matrimonio. Por lo menos no me lo propuso. 

-¿Se besaron al menos? 

-Sí-Magda no pudo evitar la sonrisa- y fue tierno. Pero no pasional...no sé, tal vez eso es el amor. La pasión con el tiempo se esfuma. 

-Vos dijiste que no te ibas a conformar con cualquiera.  

Magda no respondió y apagó la hornalla. 

¿Eso que sentía por Carlos era amor o se estaba confundiendo? Ella no sabía qué se sentía estar enamorada.  


sábado, 17 de enero de 2026

Capítulo 3. Maite.

 

-Mi ex está loca, ¿sabés? Siempre quiere más plata, siempre tiene una pelea nueva para iniciar.  

-Yo soy madre divorciada también...

-Ya sé, pero se nota que vos sos diferente, más centrada

-¿Y notaste eso en los últimos diez minutos mientras tomábamos el café?  

Obvio! Ah, por las dudas...¿tenés cambio para pagar? Porque acá no aceptan tarjeta.  



-Mi idea es que nuestra relación sea solo sexual...

-Pero eso no es lo que dijiste cuando empezamos a chatear...

-Sí, dije que fluya, eso quiere decir que si cog** (nota de Maite: disculpen, lectores, no puedo escribir la palabra que usó el macho alfa sentado frente a mí porque si no, la IA me censura) y me gustás, lo podemos hacer con frecuencia, pero no te podés enamorar de mí...

-Hay alguna otra orden que me quieras dar o es todo por el momento?  



-Viajo por trabajo y vengo a Córdoba seguido. Me podría quedar en tu casa, ¿no? 

-No lo creo. Apenas te conozco. Además es la casa de mi vieja.  

Ah! Pero sí me podrías alcanzar comida casera, ¿verdad? No te cuesta nada



-Me quiero casar, formalizar. Y creo que vos sos la indicada, Maite. Sé que tengo veinticinco años más que vos, pero gano lo suficiente para tenerte como una reina y después te quedaría mi jubilación, ¿qué decís?



-Me separé hace unos meses y ahora me gusta conocer chicas, el amor libre, ¿viste? 

-Pero ya te dije que a mí esa onda no me va...

- Tendrías que probar, ¡te quedaste en el tiempo, Mirna! 

-Me llamo Maite. Y gracias por tus consejos, pero no.  



-¿Disfrutaste? 

-¿Qué cosa? ¡Pasó tan rápido que ni me di cuenta! 

-Ay, disculpame. Es que me gustás tanto que no me pude contener. Igual, ya tendrías que irte, ¿no? Digo, se te va a hacer tarde...


Todas estas experiencias (si ustedes me siguen hasta acá, muchas gracias) desquician a cualquiera. Pulverizan cualquier deseo de vincularse con alguien. Y lo peor de todo es que me sentía producto en vidriera eligiendo a otros objetos como yo, hombres a quienes ni les importaba saber quién era o cómo me sentía. Así que me harté, borré la aplicación y abrí una botella de vino.  

Esa noche llegó Mecha y le conté todo. Por supuesto, mamá no ayudó demasiado. Seguro que tus amigas te convencieron de meterte en esa mierda. Sí, mamá, pero algún hombre decente debe quedar sobre la faz de la tierra. ¿Vos qué hiciste cuando papá se fue de casa? Te crié a vos con la ayuda de la abuela y tuve algunos amores, pero yo prefería que quedaran de las puertas de esta casa para afuera.  

¿Y la abuela Magda? Ella siempre dijo que el abuelo era el amor de su vida. ¿Cómo lo encontró?  


domingo, 11 de enero de 2026

Magdalena.

Capítulo 2.

Un pueblo de la provincia de Buenos Aires

80 años antes

Magdalena

Siempre la llamaron Magda, desde que nació. Hija única de una familia no rica, pero sí con dinero y bienes. Su padre era un militar severo y rígido, nunca lo vieron sonreír. Su madre era una mujer dulce y sumisa. Perfecta para lo que se esperaba de una esposa.  

Magda aprendió de los libros que existía otro mundo en alguna parte, otras formas de pensar y de vivir. La única vez que se atrevió a mencionar esas ideas en la cena familiar, su padre la reprendió y le ordenó a su esposa que vigilara lo que su hija leía. Adela desobedeció esta orden en secreto (no había otra forma de hacerlo), explicó a Magda qué podía leer, qué podía decir delante de su padre y qué no. La niña,luego adolescente, aprendió a fingir, a comportarse en el colegio y en sociedad como una señorita debía. Pero hubo algo que ella nunca olvidó de esos años de su niñez y fue la mirada de terror de su madre cada vez que su padre se quejaba o se enojaba. Yo nunca voy a mirar a nadie así, le dijo un día a Adela, así como vos lo miras a papá. Si tengo que ser la solterona de la familia, lo voy a ser. Adela contempló a su hija, ya convertida en mujer, y le sonrió. Con ese gesto, le transmitió lo orgullosa que estaba de ella.  

Magdalena se recibió de maestra y obtuvo la aprobación de su padre para trabajar solo hasta que se casara. Pero entonces su madre enfermó de cáncer. Magda tuvo que dejar su trabajo en la escuela para cuidarla y lo hizo con gusto. Su madre era la única mujer que realmente la entendía, a la que amaba. Fueron a la capital, vieron a los mejores médicos pero el pronóstico fue el mismo: le quedaba poco tiempo de vida. Su padre adoptó una postura indolente, fría. Visitaba a Adela en su habitación una o dos veces por día y su hija era quien le informaba de cómo estaba su esposa. Magda la veía extinguirse en su cama cada vez más chiquita, más delgada, y en realidad veía una mujer consumida por la infelicidad. Esos pocos meses hablaron como nunca lo habían hecho y Magda volvió a jurarle que iba a tener una vida distinta, plena. 

Adela murió cuando su hija tenía veinticinco años. Al poco tiempo, el viudo decidió irse a pasar una temporada a la casa de campo,en Santa Fe. Magda no lo acompañó, había vuelto a trabajar en la escuela. La ausencia de su padre fue un alivio enorme. La temporada finalmente se convirtió en para siempre, porque nunca regresó al pueblo. 

Magdalena se había quedado sola.  



lunes, 5 de enero de 2026

Capítulo 1: Maite.

 Mi abuela Magda (o Magdalena) murió hace diez años. Era muy viejita,perdimos la cuenta pero rondaba los noventa. Murió en su cama, en paz. Los llevo a ustedes,lectores, a ese momento porque fue un antes y después. Claro, en ese momento yo no lo sabía. Solo lloré la muerte de mi abuela como lo haría cualquiera. Pero luego empezaron a pasar cosas tan insólitas, tan locas, que ahora pienso que las propició ella; más bien su espíritu, su fantasma... y si no me creen, sigan leyendo. 

Tres meses después sorprendí a mi marido y padre de mis hijos teniendo un romance con mi vecina. Hacía más de un año que me veían la cara de boba. Los chicos, Franchesca y Vito, estaban entrando en la adolescencia. Nos divorciamos y yo me fui a la casa de mi madre porque no podía seguir en el mismo barrio. Los pibes se rebelaron y se peleaban todo el tiempo conmigo. Quedaron en el medio de la guerra. Tengo que decir: no fui la más amable. Los chicos fueron creciendo entre una casa y la otra. Mi madre me recordaba todo el tiempo que no debía haber abandonado mi casa, así que con ella también era la batalla. No les conté que soy enfermera, es mi vocación, pero el sueldo no es exactamente cuantioso. Alquilar no podía y la casa de Mecha,mi vieja, heredada de mi abuela, era muy amplia. Con el paso de los años, Mecha dejó de quejarse, se acostumbró. Mis hijos empezaron a pasar más tiempo con su padre porque en el barrio tenían sus amigos. No es tan necesario aclarar que el amor de mi ex con la vecina duró unos meses y se terminó. Los chicos se fueron a la Facultad en Córdoba capital. Consiguieron una pensión para estudiantes y otras facilidades. 

En esos diez años recibí propuestas de conocidos o compañeros de trabajo pero no me gusta mezclar las cosas,así que rechacé todas las invitaciones a salir. Cuando Fran y Vito se fueron del pueblo, mis amigas empezaron a insistir en que saliera con alguien... pero ¿a quién iba a conocer si solo iba del trabajo a mi casa? Y ahí empezó la verdadera película épica (como yo le llamo) encontrar el amor en aplicaciones de citas.

jueves, 1 de enero de 2026

Prólogo. "Amor descartable".

 

"Tantos odios para curar, tanto amor descartable".

Virus, 1984.

 

Elegir en un catálogo. No es tan difícil. Deslizar la pantalla y apretar el corazón o la cruz, según el producto ofrecido. Tenés para todos los gustos: los que dejan claras sus intenciones, los que mienten con el cuento de “después vemos qué pasa”, los que prefieren solo virtual, los que no quieren pagar ni el café, los que quieren entrar y salir de tu casa como si fuera un hotel, los que retocan las fotos al punto de no reconocerlos, los que suben una foto que claramente no les favorece…y así podríamos seguir. Aplicaciones de citas: una jungla donde todo vale. Dejamos de ser personas y nos convertimos en mercancía en exhibición, en productos adaptados al gusto del consumidor y, si no es así, descartados. 

¿Pero este solo es un problema de nuestra era postmodernista digital? ¿Cómo se relacionaba la gente con el amor hace sesenta o setenta años?

Esta es la historia de dos generaciones antagónicas en búsqueda, pero no del amor, sino de la verdad que hay dentro de cada uno. Del deseo. Y de las decisiones difíciles.

martes, 30 de diciembre de 2025

Desafío.

Visitantes del blog: gracias por leerme,sobre todo los últimos dos años. Así sea una persona o cien, estoy muy agradecida de compartir este espacio, que es mío y de cualquier alma que se identifique con mis textos.  

Y tengo un desafío para mí misma en este próximo verano 2026: voy a publicar una novela corta, inédita aquí en el blog. Un capítulo por semana. En los próximos días publico la sinopsis!  

Con amor,Laura.