Está sentada después de clase, el salón quedó vacío. Es viernes pero no se decide a emprender el regreso a casa aún. Piensa. Piensa en Carlos. En lo que siente por él, en cómo cambiaron las cosas en estos meses que llevan de novios. Le pidió a ella un préstamo para instalar su negocio y dejar de vender en la calle, Magda le prestó el dinero con gusto pero el almacén de Ramos Generales no prosperó y se fundió en poco tiempo. Carlos inventó mil excusas que ella quiso creer hasta ahora, pero la verdad es que no se levantaba temprano ni se ocupaba de casi nada. Le jura que le va a devolver el dinero pero todas las noches cena en la casa de Magda y ni siquiera es capaz de levantar los platos. ¿Esto es lo que ella deseaba? Sus modos educados y su aparente bondad le hacen difícil la confrontación.
Se levanta de la silla por fin. Es hora.
Magda se está terminando de cambiar en su casa, dos horas después, cuando Carlos llega. Saluda y pregunta qué hay para cenar.
- Hoy no tengo ganas de cocinar. Hacelo vos, fijate qué hay en la cocina- le dice ella, mientras se recuesta en el sillón.
- Ay no, mi amor. Si vos sabés que no sé cocinar.
-Lástima. No comemos entonces.
Carlos se inquieta, trata de convencerla pero ella no cede. Quiere saber hasta dónde llega su papel de hombre bueno cuando le dice que no.
- Por cierto, quiero que me devuelvas la plata. No tengo ganas de mantener a nadie.
- Vos no me mantenés, Magda. Estas diciendo cualquier cosa.
- Ah,¿no? Comes acá todas las noches y ni siquiera traes el pan o una botella de vino. Te di mucha plata y seguramente la gastaste en otra cosa, porque tu negocio duró menos que un suspiro. ¿De verdad creés que no me doy cuenta de que sos un parásito?
- Me estás ofendiendo gratuitamente,Magdalena. He sido muy paciente todo este tiempo con vos:nunca fuimos a la cama siquiera.
-Ya te dije, no me voy a arriesgar a quedar embarazada y menos de vos.
Magda se puso de pie.
- La que tuvo demasiada condescendencia fui yo,Carlos. Sabés muy bien que no soy una de esas minas desesperadas por casarse y la verdad es que me pregunté qué es lo que vos me das ,por qué estoy con vos. Y no tiene ninguna lógica. Hacé el favor de salir de mi casa y no volver nunca. Cerrá bien la puerta.
El hijo de Anita ya comenzaba a dar sus primeros pasos por el jardín. Magda y ella lo vigilaban de cerca mientras hablaban del tema infaltable: "te lo dije".
- Nunca me va a devolver el dinero pero no me importa. Me lo saqué de encima.
-Si yo te lo dije desde el principio...¿y no volvió a buscarte?
-¡Claro que sí! Se aparecía por todas partes, me rogaba volver. Al final tuve que amenazarlo para que me dejara en paz.
-¿Qué le dijiste?
- Que le iba a decir a la policía que me robó la plata, que yo no se la di. Y ahí se hizo humo el desgraciado- Magda soltó una carcajada y su amiga también-. Bueno...olvidémonos de eso ya. Tenemos que tener todo listo para la fiesta del primer añito de Pedro.
Las dos mujeres observaron con ternura al bebé que se paraba aferrándose a la cerca.
Magda no imaginaba que en esa fiesta iba a torcerse su destino...o a encaminarse.