El oculto placer
en la verdeda vecina,
ojo aterrador que reprime
que castiga
que eyecta culpa, monotonía.
Toda su humanidad combate
una sorda batalla
ahoga la vergüenza
pelea por el oxígeno y camina.
La luz allí, en la orilla invisible,
donde todo es mar y poesía
donde la vida es vida
y la muerte,fantasía.
Miedo. Terrible.
El ojo no se cansa,
se apodera de su alma
muta, encarna.
Ahora
el ojo es ella.
Ahora
la luz se cuela
por un resquicio de la pupila.
Muere el omnipresente
ella pisa la vereda vecina
el silencio no es más silencio
la libertad gana la partida.