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viernes, 29 de enero de 2021

Capítulo siete.

 


Capítulo siete. 

“Yo que nací con los que estaban bien, pero a la noche estaba todo mal”.

Casi todos los días hablaban por teléfono y luego se veían en Rainbow, salvo cuando Álex tenía presentaciones en otras ciudades de la costa atlántica. Mientras la temporada de verano iba llegando a su fin, se sentían cada vez más implicados en esa relación, más seguros de que lo que estaban construyendo era amor. Pero algo faltaba...Álex nunca le había dicho a Olivia por qué se había acercado a ella en primera instancia y eso ahora le molestaba. Sentía que tenía que decírselo, aunque no sabía cómo. Tenía miedo de que ella lo rechazara. 

Lucca le insistía para que le sacara información a su nueva novia, pero Álex no quería. Sentía que la traicionaba al no decirle la verdad. 

Hacía tres días que no hablaban ni se veían porque Álex había viajado a Buenos Aires; cuando volvió ese jueves a Mar del Plata se encontró con que Olivia no estaba trabajando. Desconcertado, preguntó por ella a sus compañeros, quienes le dijeron que no sabían nada de ella hacía varios días. Se estaba yendo cuando Ana lo vio.

  • Olivia no trabaja más aquí, Álex- le dijo- ¿No supiste?

  • ¿Saber qué? No te entiendo. Recién llego de capital- le explicó.

  • Su padre se enteró de que trabajaba aquí y de que salía con vos. Le dio una paliza que la mandó a la clínica dos días. 

Álex se sintió devastado. A la impotencia le siguió una sensación incontrolable de ira. Sin decir palabra, se dirigió a la calle. Estaba decidido a ir a buscarla y llevársela de esa casa para siempre. Ana corrió detrás de él, tratando de detenerlo. 

  • ¡Esperá, por favor!- lo tomó del brazo- Vas a empeorar las cosas. No conocés a Vander y el poder que tiene. Puede hacer lo que quiera con vos o con ella. 

  • ¡No me importa!- gritó Álex-. Además, después del Juicio a las Juntas, los milicos ya no tienen el poder de antes. 

  • Creeme, este tipo sí- afirmó Ana-. Lo sé por mi viejo, que lo conoce bastante. Además de tener amigos muy poderosos, también tiene a la policía de su lado. Dicen que es proxeneta, que es socio, junto a otros tipos, de prostíbulos en toda la provincia. 

  • ¿Qué hago, entonces?- preguntó Álex, tratando de pensar. 

  • El viejo maldito no la deja salir a Olivia, tampoco recibir llamadas. Ella le tiene un miedo atroz. Pero creo que puedo golpear su ventana esta noche y llevarle un mensaje tuyo.

  • No. Yo voy- replicó él-. Decime cuál es su ventana. 

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Olivia estaba tirada en la cama, con el televisor encendido pero sin sonido. Todavía tenía el cuerpo dolorido pero eso era lo de menos. Quería morir o matarlo y cualquiera de las dos opciones le aterraba. Ni siquiera la había dejado argumentar una palabra en su defensa; esa tarde llegó a casa de su caminata y la golpeó sin previo aviso. En el piso y casi inconsciente, se enteró del motivo de la golpiza: sus mentiras acerca de su trabajo y de su novio. Lo último que escuchó Olivia fue que era una puta y una inútil traidora como su madre. 

Escuchó los golpes débiles en la ventana e imaginó que era Ana. Cuando abrió y se encontró con Álex solo pudo llorar. Él entró a la habitación y la abrazó con todas las fuerzas que tenía.  “Te juro que recién me enteré, mi amor”, le susurraba mientras la sostenía. Ella solo asintió. 

Se sentaron en la cama, hablando en tono bajo para no ser descubiertos. 

  • Escuchame bien- pidió Álex-: tenemos que irnos. Agarrá un bolso y meté tus cosas. Tengo el auto a una cuadra. 

  • No puedo irme, Álex- replicó ella-. Dijo que si me voy con vos nos va a encontrar y te va a matar, que a él nadie le va a hacer nada. 

  • ¡No tengo miedo!

  • Pero yo sí- dijo Olivia- Yo sé de lo que es capaz. Es la primera vez que estoy enamorada, Álex. Y no voy a permitir que te pase nada. 

  • Por favor- suplicó él-, tenemos que hacer algo, no te vas a quedar acá hasta que ese tipo se muera.

  • Lo sé. Estuve pensando en algo pero necesito que consigas un abogado de confianza. 

  • Hecho. 

  • Mientras tanto, yo voy a hacer lo que él me diga y cuando me consigas la cita con el abogado, inventaré algo para salir- dijo Olivia. 

  • Te aviso por teléfono o por medio de Ana- acotó Álex-. Pero creo que tendríamos que hablar con Lucca también…

  • ¿Con Lucca Posse?- preguntó ella- ¿Y qué tiene que ver en esto?

martes, 26 de enero de 2021

Capítulo 6.

 Capítulo 6.

“Sé, nunca falla, hoy el viento sopla a mi favor”.

Pasaron tres días hasta que Álex se atrevió a llamarla. Hacerlo significaba olvidarse para siempre de Natalia y esa decisión todavía le costaba, no podía engañarse. 

Olivia atendió enseguida. 

  • ¿Álex?- preguntó nerviosa.

  • ¿Cómo sabías que era yo?

  • Por la hora- respondió ella-...pensé que ya no ibas a llamar. 

  • Pero lo hice- comentó Álex en tono risueño-. ¿Cómo estás?

  • Bien, como siempre. 

  • ¿Más tarde vas a trabajar?

  • No, hoy es mi noche libre. 

Se hizo un silencio de algunos segundos.

  • Me gustaría que nos encontráramos en la peatonal, donde está la disquería, a eso de las diez- se atrevió a invitarla Álex. 

Olivia dudó un momento, pensando en qué le diría a su padre, pero luego aceptó. 

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Las noches son frescas en Mar del Plata, sin importar la temperatura que haga en el día. De manera que Olivia se puso un pantalón de jean con una camisa color salmón y apenas se maquilló. Hacía años que no se sentía con esa expectativa, con ese cosquilleo en el estómago. Cuando se despidió de su padre, le dijo que saldría con Ana e intentó no pensar más en él, para que no arruinara su cita. 

Él ya estaba esperándola, parado en la esquina y todavía preguntándose si no era una mala idea, si no era mejor retroceder. 

Se saludaron con un beso tímido; hablaron de cosas triviales en tanto caminaban hacia la playa. El viento era cada vez más fuerte mientras se acercaban al mar. 

  • ¿Y por qué tu padre no puede saber que salís conmigo o dónde trabajás?- preguntó Álex. 

  • Porque es un militar, un dictador déspota- se sinceró Olivia-. No quiere que salga con nadie que él no apruebe y da la casualidad que no acepta a nadie. 

  • Pero ya sos mayor de edad, ¿por qué no te vas?- opinó él. 

  • Sinceramente, no lo sé. Supongo que es costumbre, miedo, inseguridad...o un poco de todo eso. 

Ella dejó de caminar y él la imitó. El ruido del mar golpeando la costa era lo único que eclipsaba el silencio que se produjo entre ambos. Álex le tomó la mano y ella lo aceptó. Le dio un beso torpe primero, que después fue  cálido y deseante. 

  • Casi no nos conocemos Álex- dijo ella en un susurro, cuando se separaron. 

  • Es cierto. Pero cuando te besé sentí una familiaridad, como si en realidad nos conociéramos hace mucho. Sé que suena cursi y parece romanticismo de novela barata, pero…

  • No- interrumpió Olivia-. A mí me pasa igual. 

Se besaron otra vez y se prometieron darle una oportunidad a ese sentimiento nuevo que ninguno se atrevía a llamar amor, no todavía. 

Pero si el destino estaba escrito, pronto descubrirían que este no se parecía ni remotamente a lo que soñaban.


jueves, 21 de enero de 2021

Capítulo cinco.

 


Capítulo 5.

“…if you’re lost you can look and you will find me…” “Si estás perdido puedes buscarme y me encontrarás…”

Al día siguiente, Álex finalmente recibió un llamado de Natalia. La ansiedad lo carcomía cuando escuchó el mensaje en el contestador, citándolo en un bar a las seis de la tarde de ese domingo.

Llegó a tiempo. Ella recién llegaba. Se la veía hermosa aunque expectante. Se podía ver que también estaba nerviosa. Álex la saludó pero extrañamente no sintió el nudo en el corazón que esperaba. Pidieron café y ella quiso hablar primero.

  • La verdad es que en este tiempo separados me di cuenta de que quiero estabilidad- expresó  Natalia- : hijos, familia. Y eso no lo vamos a lograr si seguís viviendo de la música, cantando de un lugar a otro sin sueldo fijo, sin ninguna certeza. 

  • Tengo muchos temas terminados y grabados, temas propios- replicó Álex-. Sé que podré conseguir una discográfica en algún momento. 

  • Álex, ¿hace cuántos años me decís lo mismo? 

  • Es mi sueño, Natalia. Siempre me apoyaste- subrayó él. 

  • Me cansé. Ahora es diferente, ¡tenemos treinta, no veinte!- exclamó ella. 

La charla continuó, pero Álex no pudo convencerla. Natalia se mantuvo firme en su idea. 

Álex salió de allí sin esperanza. El ancho mar le devolvía la mirada del abismo al que se enfrentaba: Natalia había sido su primer y único amor. Tantos años juntos no podían irse a la basura solo por un sueño absurdo que probablemente nunca se cumpliría. Ella tenía razón. 

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Ya eran las ocho de la noche; Olivia y su padre estaban cenando. Ella se había sentido mal todo el día, parecía que el cuerpo que cargaba le pesaba, como si no fuera suyo. O tal vez era su alma que estaba demasiado cansada del silencio. De repente, se atrevió a preguntar.

  • Papá, ¿qué le pasó a mamá exactamente? ¿Cómo murió?

  • ¿Por qué me preguntas eso?- replicó Vander, a la defensiva.

  • Es que lo he estado pensando últimamente...

  • Ya te lo he dicho, Olivia- interrumpió- : los médicos dijeron que había comido algo en mal estado y eso la intoxicó. Por eso murió. 

  • ¿Y no le hicieron autopsia para ver qué había sido exactamente?

  • El médico no lo creyó necesario. Fin de la historia. ¿Está claro?- la intimidó.

  • Sí- dijo ella, agachando la cabeza. 

 

Dos horas después, Olivia ya estaba en la barra atendiendo sus tareas. Cerca de la medianoche entró Álex, pero esta vez, solo. Se sentó en una de las banquetas de la barra. 

  • Buenas noches- saludó ella- ¿qué vas a tomar hoy?

  • Hola- contestó con desgano- Gancia, por favor.

Olivia se lo sirvió y lo observó  hasta que se atrevió a preguntar.

  • ¿Todo en orden?

Álex la miró, abatido. Una canción de Pink Floyd sonaba en el pub. 

  • No sé qué hacer- dijo finalmente-. Estoy en medio de un dilema imposible. 

  • Si te puedo ayudar…

  • Hace diez años que estoy en pareja con Natalia. Vivíamos juntos, todo estaba perfecto. Hace un mes y medio se fue de casa, dijo que no soportaba más la vida inestable que yo llevaba. Ahora dice que si quiero volver con ella, tengo que dejar la música y conseguir un trabajo “de verdad”. 

  • Supongo que tenés que poner en la balanza qué pesa más: tu amor por la música o tu amor por ella. 

Álex la observó un momento. Sus ojos  eran del color de las almendras y su mirada era tan profunda como el mar. ¿Cuántos secretos guardaba Olivia?

  • Esa es la cuestión- confesó él-: hasta hace unos días hubiera dejado todo por ella. Hoy ya no sé...algo cambió dentro de mí. No le encuentro explicación. 

  • Bueno, lo que sentís... solo vos lo sabés- acotó Olivia- pero pienso que cuando alguien te ama no te puede pedir que renuncies a tu sueño más grande. Eso es muy egoísta.

  • ¿Y cómo sabés que ese es mi mayor sueño?- preguntó Álex, asombrado. 

  • Solo basta con escucharte cantar para saberlo. No es muy difícil- sonrió ella. 

Ambos se quedaron suspendidos en esa burbuja de silencio, donde las palabras sobraban. Olivia lo miró fijamente sin darse cuenta de lo que hacía. Le pareció que él podía ver la desesperación detrás de su semblante siempre calmo y su actitud sumisa. Álex ya no podía negar que ella le atraía y no podía explicarse por qué: esa chica era casi una desconocida con la que había hecho una conexión que parecía mágica. 

  • ¡Olivia!- gritó el encargado- te necesito aquí.

Ella reaccionó como quien despierta de un trance y se fue rápidamente. 

A las cuatro de la mañana Álex se paró para irse. Vio venir a Olivia y le pidió la cuenta. Cuando ella le estaba cobrando, él se atrevió a pedirle el número de teléfono. 

  • No puedo dártelo. Mi padre es muy severo y no quiere que me llame ningún hombre a casa. 

  • Pero debe haber un momento en el que no esté en la casa…-aventuró él. 

  • Sí- reflexionó ella-, todos los días sale a caminar a las siete de la tarde. Podés llamarme a esa hora si querés. 

Luego tomó su lapicera y su libreta. Escribió allí la dirección y, arrancando la hoja, se la dio a Álex.

  • Gracias- dijo él con una sonrisa. 

Olivia lo vio marcharse y supo que él había tomado una decisión, que ya no existía un dilema para Álex. Para ella tampoco.


lunes, 18 de enero de 2021

Capítulo 4.

 Capítulo 4.

“…there will be an answer, let it be…” “Habrá una respuesta, deja que suceda…”

El sábado siguiente Álex se miraba al espejo y definitivamente no quería ir a Mar del Plata. No entendía para qué Lucca quería saber quién había delatado a su hermana y cuñado, eso no cambiaría lo que pasó. Además, ¿qué podía saber Olivia? Tenía quince años en ese entonces. 

Pero la principal objeción de Álex era él mismo. Había llamado a Natalia todo el día y ella no había levantado el teléfono. Ya no sabía qué estrategia usar, qué palabras decir para convencerla de que la amaba, la necesitaba. Estaba dispuesto a dejar la vida errante de músico de bares y conseguir un trabajo en serio (según la definición de ella) con tal que volviera con él. Lo que lo hizo salir de casa fue la perspectiva de pasar otra noche de sábado solo, indefenso ante la melancolía y los recuerdos. 


Olivia llegó a Rainbow a las nueve de la noche . Había sido un día intenso de calor y ella lo había pasado en la playa en compañía de Ana. Hacía mucho que reía como lo había hecho aquella tarde. 

En realidad nunca había sido feliz. No recordaba haberlo sido, siempre bajo la sombra amenazante de su padre. Su madre había sido una mujer extremadamente sumisa y buena. Olivia la recordaba como un ser dulce pero siempre callada, atormentada por un marido déspota y dictador que no le permitía ni respirar sin consultarle. La señora Vander siempre le repetía a su hija que se liberara de su padre en cuanto pudiera. Y esa noche en particular, Oliva la extrañaba más de lo normal.

A la madrugada, Álex y Lucca llegaron en Rainbow. Se sentaron cerca del escenario porque esa noche  prometían una nueva  banda que, comentaban, era excelente. Pero a las dos de la mañana seguía sin aparecer. 

 El padre de Ana subió al escenario,tomó un micrófono y anunció:

  • Amigos, lamento mucho informarles que la banda no se va a presentar, tuvieron inconvenientes de última hora. Pero tenemos aquí a Álex  y él me ha dicho que no tiene problemas en cantarnos algunas canciones en el piano. Te damos la bienvenida, Álex- invitó el  dueño. 

El mencionado subió al escenario ante el aplauso de todos los presentes y comenzó cantando  Let it be , de The Beatles. 

Olivia escuchaba desde la barra con una concentración exclusiva en el joven músico, estaba como hipnotizada.

. En ese momento, Ana se acercó a ella. 

  • Qué bueno que no vino esa banda- dijo- ¡mira lo que nos hubiésemos perdido!

  • Sí. Qué voz hermosa, ¿verdad?- dijo Olivia aún sorprendida y mirando fijamente hacia el escenario. 

  • Álex canta acá todos los veranos, lo que pasa es que vos no estabas trabajando el verano pasado- explicó Ana. 

El repertorio de temas siguió con canciones de Queen, Charly García, Soda Stereo y otros más. La gente aplaudía a rabiar. 

Olivia sentía que ese día era particular para ella: había estado pensando mucho en su madre y las canciones que Álex interpretaba, de alguna manera la hacían viajar al pasado, a los fines de semana cuando su padre no estaba y ella y su mamá ponían discos de los Beatles. Mientras él cantaba, Olivia se preguntaba si su vida podría ser diferente a la de su mamá: más feliz, más libre, más auténtica.

Entre la ovación del público, Álex bajó del escenario a las cuatro de la mañana. Volvió a su mesa y luego Lucca se fue a casa.

Álex pasó por la barra a pedir otro trago antes de marcharse. Olivia se lo sirvió y cuando se lo alcanzó, dijo:

  • Al final sos un artista. Y uno muy bueno.

  • Gracias- sonrió Álex. 

  • A mi madre le gustaban los Beatles. Decía que eran su escape a otro mundo- dijo ella, mientras el muro invisible entre los dos iba cayendo. 

  • ¿Le gustaban?- subrayó Álex.

  • Sí, murió hace diez años.

  • ¡Ah! Lo siento. 

Olivia sonrió y asintió como toda respuesta. 

  • Soy Álex- dijo él extendiendo la mano.

Ella vaciló un momento y luego también extendió la suya.

  • Olivia. 

 Álex sonrió.

  • Por lo menos ya sé tu nombre. 

  • No vivís aquí, ¿verdad?- dijo ella, ignorando el último comentario.

  • No. Vivo en Santa Clara del Mar; es cerca igual. 

  • Mi amiga Ana dice que cantás acá todos los veranos. 

  • Así es- respondió Álex-. Y por toda la costa. Pero este verano no creo que lo haga. 

  • ¿Y por qué?- quiso saber Olivia. 

  • ¿Te parece que se puede cantar con el corazón roto?- dijo él, en cambio. 

  • De hecho, acabás de hacerlo. Y es lo más emotivo que he escuchado en mucho tiempo. 

Se miraron un momento y algo cambió dentro de ellos, como si despertaran de una pesadilla. 
Olivia se conectó con él y pensó algo loco, sin sentido, pero muy real: que Álex podía salvarla. 
Álex sintió algo más irracional todavía : que Olivia podía mirar dentro de él y entenderlo como nunca nadie lo había hecho. 
Esa madrugada, por primera vez en muchos días, se durmió sin pensar en Natalia.

sábado, 16 de enero de 2021

Capítulo 3.

   Capítulo 3.

“…why, why do I come here...” "¿por qué estoy aquí?"

  • Mi familia y la de Olivia- la señaló con un movimiento de cabeza- eran vecinas allá en el barrio de Núñez. Se puede decir que éramos amigos, aunque a Vander no lo creo capaz de querer a nadie, ni a su propia hija. Pero bueno, esa es otra cuestión… Lo importante es que en el 78 nosotros fuimos invitados a la fiesta de 15 de Olivia- continuó Lucca-. Esa noche todo me pareció normal, pero al día siguiente la madre de ella murió. 

  • ¿Y eso qué tiene que ver con vos?- preguntó Álex.

  • Pocos días después, los milicos encontraron el escondite de mi hermana y mi cuñado. Estaban ocultos en un sótano de una casa abandonada desde hacía meses.

  • Sí, me acuerdo de eso- respondió Álex, cada vez más serio-. Estuvieron en la ESMA y todavía están desaparecidos, ¿no?

Lucca asintió. De repente, la oscuridad se apoderó de la atmósfera, como cada vez que hablaban de ese tema. 

  • Estoy seguro de que ambas cosas, la muerte de la mujer de Vander y el secuestro de mi hermana y cuñado, están relacionadas. 

  • ¿Por?- preguntó Álex- A mí me parece que estás enlazando dos hechos aislados de manera irracional- dijo en cambio.

  • No- replicó Lucca-. Vander era uno de los torturadores de la ESMA y no sé cómo se enteró de dónde estaban ocultos. 

  • ¿Y creés que fue la madre de esa chica? Eso no tiene sentido- afirmó Álex- Si le dio al marido ese dato, ¿para qué la iba a matar? 

  • Sé que parece no tener sentido, pero necesito respuestas- suplicó Lucca- Tal vez ella puede aportar algún detalle de esa época que me ayude a entender.

  • La piba tenía quince años, Lucca- acotó Álex- ¿qué puede saber? Además, ¿de qué te sirve revolver todo eso?

  • Necesito saber. Te lo pido como un favor muy grande. 

  • Pero si vos la conocés desde chica, ¿por qué no le preguntás directamente?

  • Porque no quiero que le cuente al padre que ando preguntando por eso. 

Álex la volvió a mirar. Estaba ocupada en la barra. Algo le dijo que estaba tan perdida como él, algo adentro que no podía precisar si era instinto o simplemente soledad. 

 Se levantó de la silla y se  aproximó a Oliva, no muy decidido, nunca se había sentido tan inseguro por hablarle a una mujer. Claro que las circunstancias no ayudaban porque en realidad no quería hacerlo, no quería conocer  a esa chica. Él sólo deseaba que por fin Natalia volviera, que las cosas retomaran su curso normal.

 Álex se apoyó en la barra y la miró.

  • ¿Necesitás algo?- preguntó Olivia, mirándolo

  • Si. Otra cerveza, por favor.

Ella la buscó y mientras destapaba la botella, él preguntó:

  • ¿Hace mucho que trabajas aquí?

  • Bastante- contestó Olivia con la mirada fija en la botella.

  • Ah…te pregunto porque es la primera vez que vengo en mucho tiempo...desde el verano pasado, creo; y nunca te había visto.

Ella le entregó la botella sin decir palabra. 

- ¿Cómo te llamás?

- No va a funcionar- respondió Olivia sin mirarlo, mientras limpiaba la barra. 

Álex quedó atónito. 

Ella hizo contacto visual solo para decirle que no estaba interesada en conocer a nadie y que le hiciera el favor de dejarla en paz.

Álex dio media vuelta y volvió a la mesa donde lo esperaba su amigo. 

  • Ya ves, no me dejó ni decir mi nombre ¿Satisfecho?- preguntó.

  • Podés probar otra vez el sábado- aventuró Lucca. 

Cuando vio que Álex iba a negarse lo convenció de que hiciera un último intento, prometiéndole que luego lo dejaría tranquilo. 

 

Antes de cerrar Rainbow esa noche, Ana apareció. Olivia estaba terminando de cambiarse para volver a casa. 

  • ¿Cómo estuvo la noche?- preguntó, saludándola con un beso.

  • Bien, con los clientes de siempre- contestó Olivia mientras se arreglaba el pantalón.

  • ¿No vino nadie nuevo?

  • Sí, Lucca Posse trajo a un amigo suyo que me preguntó mi nombre e intentó conversar conmigo. 

  • ¿Y?

  • ¿Y qué?

  • ¿Hablaste con él?

  • ¡No! Sabés que no les presto atención a los hombres y menos a los que vienen aquí.

  • Olivia, ¡tenés 25 años! ¿Qué estás esperando?

  • Ana, estoy cansada y esto ya lo hablamos muchas veces. Conoces mi situación.

  • Sí, está bien. No vamos a volver a discutir eso- contestó Ana resignada.

  • Nos vemos en la noche- se despidió Olivia. 

Al llegar a casa, y mientras se bañaba como todas las mañanas, Olivia comenzó a pensar que el amigo de Lucca se le hacía conocido pero no recordaba de dónde. Era un chico delgado, alto y de pelo castaño. No era particularmente atractivo pero algo más había llamado la atención de la joven: su mirada cansada, como si hubiera vivido cien años. Muy similar a la suya.