Comprender que no existe el control
Entender que ni de mí soy dueña
Transitar el dolor de la pérdida
Aprehender el valor del instante
Abrazar el propósito
Romper un ciclo
Amar hasta en el adiós
Transformarse
Liberarse
Morir
Nacer
Elegir
Amar.
Comprender que no existe el control
Entender que ni de mí soy dueña
Transitar el dolor de la pérdida
Aprehender el valor del instante
Abrazar el propósito
Romper un ciclo
Amar hasta en el adiós
Transformarse
Liberarse
Morir
Nacer
Elegir
Amar.
Bicicletas, rodillas raspadas,
el polvo de la tierra
alegrando el aire
de la siesta.
Sueño imposible
que se vuelve fácil…
realidad,
la realidad de tres chicos
que circulan una higuera.
Miro cautivada
por el calor de las cuatro,
escucho risas
como de otro mundo.
Me atraviesa el tiempo,
la historia pasa por mi cuerpo,
esa brisa maleable
que desparrama,
borra y vuelve…
Vuelve el verano eterno,
los higos suspendidos
para siempre
en la sombra bendita
Me usan, soy un adorno,un elemento decorativo. Crezco en los jardines de los románticos, los descuidados o los nostálgicos. ¿Quién inventó lo de "me quiere,no me quiere"? Te cuento: un día, arrancaron a una de mis hermanas de un hermoso jardín tipo babilónico. No era un príncipe,no. Era un hombre arrepentido. Un tipo común, que llegaba a casa tarde y con el peso de la culpa. Ofreció la margarita a su mujer y ella intuyó el engaño. Así que le dijo "voy a arrancar los pétalos uno por uno y dejaré que la suerte me diga si tu amor por mí aún existe". Para no alargar la historia innecesariamente, diré que mi hermana mintió por piedad de la pobre burlada, para evitarle la triste realidad y la separación de bienes, que no es poco. Pero la mujer no le creyó porque ya sabía todo y la margarita había sido una excusa.
- ¿Y me contás todo eso para..? -dijo Hernán.
- Para que te des cuenta de que las flores también mentimos, como ustedes los humanos.
- Entonces...mejor no te corto.Total, no me va a servir de nada- reflexionó Hernán, resignado.
La margarita rio sin boca y sin labios, pero sonoramente ¡Las flores sí que mienten!
Estufa, televisión, leche en el jarro, mesa tendida, pan en el horno, mascota, calor y frío, música de película, una revista juvenil, nonos.
Memorias de una infancia enterrada en una cocina, en un sábado por la noche. Recuerdos que permanecen estáticos; escenas en un bucle eterno donde todos quedamos atrapados en una burbuja cristalina.
Caminaba por el filo de la vida, medio a pie, medio volando. Las marcas del tiempo lo cubrían casi por completo. Unas pocas canas peinadas; cuerpo delgado, mirada serena, siempre medido; tan comprensivo. Había hecho un singular viaje, se le veía el cansancio acumulado en los hombros.
Nunca pronunció palabras en vano, solo las necesarias. Una hazaña que pocos consiguen.
Ahora camina al filo de la muerte, entre la vida y la eternidad. Se fue sin dolor; quería irse. Su historia es una más, nada parece extraordinario en ella. La suya fue una existencia predecible y ese fue su mérito: dejar un legado imborrable siendo solo y nada menos que un hombre más.
Fuimos silenciados por la noche,pero tú y yo vamos a resurgir.
Eso decía la canción que escuchaba hace muchos años, sonaba en un celular olvidado cuando esperaba el bondi en una esquina ventosa. Todo tiene una perspectiva y un color distintos cuando el tiempo horada mis fortalezas.
Nos silenció la noche.La oscuridad se cernió sobre mí. Pero al oír esa canción, sentía una esperanza latente, un haz de luz colándose.
No hubo magia,no fue solo el tiempo impasible. Lágrimas,dolor, desencanto y fe. Inquebrantable.
La oscuridad cedió.
"Quiero volver a amar como antes"... escucho en inglés. Tengo la mágica sensación de que ese deseo al fin se hace real.
En agonía
complaciente, esquiva
se resiste a morir
traga pastillas
traga silencio.
Anestesia.
el Yo escindido
las dos lunas
que no se completan
El rayo
quiebra el mundo
en dos.
del absurdo
de la confusión
hoy al fin murió
al fin
nació.
“Es como si nos desvaneciéramos en la suciedad de la memoria”.
Era el año 1946, poco después de terminada la guerra. Yo era entonces una muchacha de sueños, de pelo castaño y mirada apasionada. El mundo era hostil en aquel momento, efímero; el mundo dolía como nunca, pero yo estaba dispuesta a enfrentarlo con ese coraje que te regala la juventud.
Fue en casa de mis abuelos. Toda mi familia era alemana y habíamos escapado del horror que se vivía en Europa, migrando a la Argentina. Allí, en Córdoba, durante mi primera Navidad calurosa y entendiendo a medias el español, conocí a Diego. Era un cordobés alegre, optimista, que enseñaba los dientes cada vez que reía con ganas. Lo amé desde el momento en que lo vi y él también a mí. Me decía “Hannah, sos la chica más linda del mundo”, cada vez que nos escapábamos al lago, a las montañas o a cualquier otro lugar que pudiéramos. Junto a Diego el tiempo era relativo, la vida estaba llena de colores y la oscuridad de mi pasado quedaba eclipsada muy lejos, muy atrás.
¿Y qué pasó, abuela? ¿Por qué se separaron? ¿Tu familia no lo quería?
No, no fue eso. Un año después de conocernos, Diego se enfermó. Los médicos que lo trataron nunca supieron qué le pasaba, su vida se consumió lentamente hasta que murió. Solo tenía veinte años. Nunca sentí tanto dolor, nunca había llorado tanto, ni cuando tuvimos que salir de Alemania en medio de las bombas. Mis padres creyeron que era mejor mudarnos a Buenos Aires, para olvidar. Aquí conocí a su bisabuelo y el resto de la historia ya la conocen. Así que hoy, 24 de diciembre, hace exactamente 75 años que lo vi por primera vez. Por eso no quiero salir del asilo a festejar con ustedes, ¿me entienden, no? Quiero recordarlo sola, como cada Navidad.
Los chicos se fueron. La mitad de ellos no creyó la historia, la abuela Hannah tenía más de noventa años y era posible que el tal Diego nunca hubiera existido.
Hannah murió esa misma noche, dedicando su último pensamiento en este mundo a su amor perdido.
Pocos años después, durante unas vacaciones en las sierras de Córdoba, una de sus bisnietas recorría un museo fotográfico cuando descubrió una foto: era la abuela Hannah,su nombre estaba colocado en el epígrafe. Junto a ella, un chico abrazándola. "Jóvenes disfrutando del verano de 1947", se leía. Lili pidió una copia al museo y se llevó la fotografía a su casa.
Está allí, en un rincón de la sala, junto al árbol de Navidad. Cuando algún familiar siente curiosidad, ella responde que esa foto representa la esperanza. Esperanza de qué,es la pregunta que sigue. Esperanza de que el amor renace, resurge de una u otra forma. Aún después del horror, del paso del tiempo...o de la misma muerte.
Capítulo 13.
“Los carceleros de la humanidad no me atraparán dos veces con la misma red”.
Un año después.
Álex estaba apurado por terminar la canción. Por fin tenía la oportunidad de grabar un demo y que empezara a sonar en la radio. La lucha de tantos años comenzaba a dar frutos.
Era una tarde de primavera en la que la vida podía verse de otra manera; se respiraba luz, futuro, amor después de tanta oscuridad.
Jorge Vander había sido procesado por el asesinato de su esposa; la evidencia en su contra era abrumadora. Se le había negado la eximición de prisión, de manera que estaba en un penal, esperando su juicio. El abogado de Olivia le había comunicado a Álex y a Lucca que el fiscal iba a pedir la pena máxima, puesto que al crimen de Mirna se sumaban los delitos de explotación sexual y otros similares. Sin duda, eso no remediaba lo que le había pasado a Olivia, pero sí les daba una sensación de paz frente a tanta injusticia.
Álex estacionó su auto y subió hasta el segundo piso de la clínica. Entró a la habitación y la vio sobre la cama. Hermosa y pálida como siempre. La bala no la había matado, pero estaba en coma desde hacía un año. Los médicos afirmaban que podía despertar en cualquier momento o nunca. Con ese tipo de lesiones cerebrales, no se sabía. Pero él jamás se resignaría. Lo supo desde el momento en que escuchó el alboroto que provenía de la casa de al lado. Cuando salió a la vereda, alcanzó a ver que se llevaban al monstruo esposado. Quiso entrar a la casa, desesperado por ver a Olivia, cuando fue testigo de cómo la sacaban en camilla, con una herida visible en la cabeza. Se echó sobre ella, preguntando atolondradamente qué había sucedido. “Se disparó en la cabeza. Por favor, ¡apártese! Está viva”.
Luego solo recordaba fragmentos de esa noche: Lucca llevándolo a la clínica, la sala de espera…”no se puede hacer nada más”, “hay que esperar”.
Los meses pasaron como en una película gris, siniestra. Le quitaron el respirador en algún momento y ahora estaba como dormida, aletargada en un sueño que parecía eterno. Pero Álex jamás se resignaría.
Esa tarde le cantaba (como siempre) cuando percibió que Olivia se movía levemente. Contuvo la respiración, temiendo que fuera una falsa alarma, pero ella abrió los ojos. Miró al techo y luego a él, que le sostenía la mano sin poder decir nada. Álex le sonrió; Olivia no mostró ninguna emoción.
Volviste…-atinó a decir él, llorando- Yo sabía que ibas a volver.
La enfermera entró en ese instante y corrió a llamar al médico.
Olivia seguía sin hablar ni moverse.
Más tarde, Álex esperaba en el pasillo a que el médico terminara con la revisión. Éste por fin salió y lo puso al tanto del estado de su novia:
Olivia parece encontrarse perfectamente: puede moverse, hablar, escuchar, ver. Obviamente no está ubicada en el tiempo, pero eso es lógico. Lo que no me pareció lógico es que piense que estamos en el verano de 1988; su intento de suicido fue en septiembre de ese año.
¿Quiere decir que no recuerda todos esos meses?
Me temo que no…
O sea que no se acuerda de mí…
No. Lo siento, Álex- dijo el médico, sinceramente-. La mente de Olivia parece haber borrado ese tiempo de su vida. Es posible que se deba a que, a partir de que te conoció a vos, muchas verdades dolorosas salieron a la luz y su psiquis quiere protegerse de ese sufrimiento que la llevó al suicidio.
Pero Álex nunca se resignaría:
No me importa. Quiero verla igual.
Está bien...pero te advierto que no le dijimos que intentó suicidarse, solo que tuvo un accidente. Eso es porque, al decirle la verdad, también tendríamos que contarle el resto de la historia que ella no recuerda...y no podemos hacer eso. Vos tampoco- advirtió el médico.
Álex asintió.
Cuando entró nuevamente a la habitación, Olivia estaba sentada, con la mirada perdida. Seguramente tratando de recordar. Notó la presencia de Álex y le pidió que se sentara.
¿Álex, no?- quiso corroborar.
Sí.
¿De dónde nos conocemos?
Lo siento, Olivia. No te lo puedo decir, el doctor me lo prohibió. Te tenés que acordar sola.
Estamos en septiembre del 89 y mi último recuerdo es de enero del 88…¡estoy desesperada! ¿Me podés entender?
Sí, claro- él le tomó la mano lentamente y ella no puso resistencia- Yo voy a estar acá, te voy a ayudar. No te desesperes, Olivia.
Álex siguió acompañándola hasta que le dieron el alta.
Los recuerdos no volvían pero Olivia confiaba en él e intuía qué clase de relación habían tenido antes de su accidente. Lo sabía por lo que sentía cuando Álex la abrazaba o le sonreía: tenía la sensación de quedar suspendida en el tiempo, con el corazón palpitante, los ojos húmedos por la emoción.
Ana tuvo que contarle que Vander estaba preso porque Olivia preguntaba por él. Tuvo que decirle también el motivo, pues el juicio comenzaría pronto y sería demasiado espeluznante que ella se enterara por la noticias.
El psiquiatra de la clínica evaluó qué impacto había tenido para Olivia esta novedad y, si bien se veía afectada, lo asimiló más rápido de lo que creían. En su interior siempre supo que su padre tuvo algo que ver con la muerte de su madre.
A finales de octubre le dieron el alta. Ni siquiera lo dudó: quería irse a la casa de Mar del Plata.
Álex la llevó en su auto. A esa altura tenían tanta confianza que Olivia ya no dudaba de nada: no necesitaba recordar su pasado para entender que Álex era el amor de su vida.
Recibieron juntos el año nuevo, solos, a la vera de la playa. A Olivia no le costó volver a decirle “te amo”. Es más, fue lo más natural del mundo para ella.
Con el paso de los años volvieron algunos recuerdos. Otros no lo harían nunca.
Una noche, a punto de subir al escenario, Álex recordó el día en que conoció a su esposa. Un día en que creía que todo había terminado, que la vida ya no tenía sentido. Ahora entendía cuán equivocado estaba en ese momento. Si no hubiese sido por Olivia, él nunca podría haber estado a punto de cantar para tres mil personas.
Ella aplaudió desde la primera fila y sonrió al pensar que gracias a Álex era libre, feliz. Y que un destino marcado puede torcerse y cambiarse si encontramos el valor para hacerlo...o a la persona que nos muestre esa valentía.
Fin.
Próximo viernes, el capítulo final de "El profundo mar". Gracias a todos los que lo han leído 😉
Capítulo 12.
“Since we're not together ,I pray for stormy weather to hide these tears I hope you'll never see”. “Desde que no estamos juntos, rezo para que el tiempo tormentoso esconda estas lágrimas que espero nunca veas”.
Cuando Olivia no llamó ese día ni los días siguientes, Álex entró en pánico. Se maldecía por no insistir en acompañarla. Lucca le había advertido varias veces que Vander planeaba algo siniestro, pero ellos no lo habían escuchado. De todas formas, no era momento de lamentarse, sino de hacer algo. Así que tomó el primer micro a Buenos Aires. Allí lo esperaba Lucca, quien lo llevaría a la casa de sus padres, justamente al lado de la casa Vander.
Las horas de viaje se hicieron interminables. No hacía más que pensar en el motivo por el que Olivia no se había comunicado con él, con qué la había amenazado. Hasta se le ocurrió que la había matado...pero no, Álex ni siquiera podía soportar ese pensamiento.
Llegó a la terminal de Retiro y su amigo aguardaba allí. Se dieron un abrazo y, sin perder más tiempo, se pusieron en camino hasta el barrio de Núñez. Lucca le contaba las novedades mientras conducía:
Ni mis viejos ni yo vimos a Olivia estos días, y estuvimos atentos…
Tengo miedo, Lucca. Tengo una sensación horrible en el estómago, como un presentimiento de que algo terrible va a pasar- confesó, mientras apretaba la mochila que llevaba en el regazo.
Tranquilizate...no creo que la lastime. La debe haber amenazado u obligado de alguna manera para que se quedara.
Cuando fui a buscar a Olivia a Mar del Plata, hace meses, y se fue a vivir conmigo...miré a ese tipo a los ojos y me dio escalofríos.
Es un torturador, ¿creías que alguien así tenía alma?- acotó Lucca.
Álex sabía que había subestimado la maldad y perversión de Vander. Se sentía un imbécil por haber dejado que Olivia cayera tan fácil en esa trampa.
Llegaron a la casa de los Posse y Álex saludó a los padres de su amigo después de tantos años. Ambos le dijeron que estaban pendientes de lo que pasaba en la casa de al lado pero que no habían visto ni oído nada fuera de lo normal.
Álex decidió no perder más tiempo y fue a tocar el timbre.
Era una tarde de sábado cálida, de primavera. Nada parecía anticipar lo que pasaría.
Vander abrió la puerta después de la insistencia de Álex.
Quiero ver a Olivia- dijo simplemente.
Olivia está en su habitación y no va a salir.
¡¿Con qué la está amenazando, miserable?!
Con nada. Ella se quiere quedar - dijo Vander, tranquilamente.
No le creo. Y si no la veo ahora mismo, voy a denunciarlo por secuestro.
Vander llamó a Olivia y ella apareció luego de un momento. Tenía un aspecto terrible, era evidente que había estado llorando, probablemente sin dormir. Álex no podía respirar mientras ella se acercaba a la puerta. Vio la desesperación en sus ojos y estuvo a punto de tomarla de un brazo para sacarla de ahí, pero ella se lo impidió.
Quiero estar acá, con mi padre, Álex- dijo Olivia.
Mi amor, lo que sea que te haya dicho este hombre, no importa. Por favor, vámonos- suplicó él.
No. Y no vuelvas a buscarme, nuestra relación terminó.
Olivia dio media vuelta y se fue.
Ya escuchó- dijo Vander-. Así que no vuelva a molestar.
Le cerró la puerta en la cara y Álex seguía sin reaccionar. Se quedó parado en la vereda hasta que Lucca lo vio y lo llevó a la casa.
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Álex tomó agua y comenzó a relatar alocadamente lo que había pasado. Su amigo y el matrimonio Posse permanecían en silencio.
Tengo que averiguar con qué la extorsiona…¿alguna idea?- los miró buscando alguna esperanza.
Álex…-empezó Lucca- mis viejos me acaban de contar que ayer vieron a Vander en el supermercado de la esquina y que estaba haciendo un encargo de bebidas, parece que era para una fiesta…
No te lo comentamos cuando llegaste porque creímos que era mentira- interrumpió la señora.
¿Qué cosa, Nancy?- preguntó Álex, incorporándose-. Decime, por favor.
Le preguntamos al dueño del negocio y dice que Vander le contó que Olivia se casa dentro de quince días.
Álex se volvió a sentar. Ahora todo tenía sentido. Por eso la había mantenido encerrada en la casa todos esos años, por eso nunca había aceptado a ningún hombre que pretendiera a Olivia. Porque ya había decidido entregarla a alguien en el momento que le conviniera.
Tenemos que averiguar con quién la quiere casar- dijo Lucca-. Nosotros la vamos a ayudar. Se lo debemos a Mirna- miró a sus padres, y estos asintieron.
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Olivia estaba en su habitación, tirada en la cama. Se sentía un animal atrapado en un laberinto: cuando veía alguna luz al final de un camino, este solo la conducía a otra pared sellada.
Pensaba en Álex, en cuánto lo amaba, en el amor y el miedo que había visto en sus ojos esa tarde. Pero todo había terminado: Vander iba a obligarla a casarse con un delincuente, un proxeneta igual a él (o peor) que se había encaprichado con ella desde el momento en que la había conocido en la casa de Mar del Plata, un año antes. Olivia lo había rechazado y su padre no insistió más con que lo aceptara. Ella pensó que el asunto había quedado olvidado...El día que su padre le dijo que tendría que casarse con él, luego de volver en sí del desmayo, este le manifestó que le debía favores y dinero a aquel hombre y que había pedido a Olivia a cambio.
Estaba claro que ella era una mercancía, al igual que lo había sido su madre.
Pero esta vez le iba a arruinar los planes…
Vander estaba mirando televisión cuando tocaron el timbre ese sábado a la noche. Cuando abrió, se encontró con un operativo policial. Le leyeron sus derechos y lo arrestaron por ser sospechoso del asesinato de su mujer.
Cuando estaba esposado, oyeron un disparo que provenía de una habitación.
Al entrar, vieron a Olivia tendida sobre la cama.
Se había disparado en la cabeza.