Capítulo 12.
“Since we're not together ,I pray for stormy weather to hide these tears I hope you'll never see”. “Desde que no estamos juntos, rezo para que el tiempo tormentoso esconda estas lágrimas que espero nunca veas”.
Cuando Olivia no llamó ese día ni los días siguientes, Álex entró en pánico. Se maldecía por no insistir en acompañarla. Lucca le había advertido varias veces que Vander planeaba algo siniestro, pero ellos no lo habían escuchado. De todas formas, no era momento de lamentarse, sino de hacer algo. Así que tomó el primer micro a Buenos Aires. Allí lo esperaba Lucca, quien lo llevaría a la casa de sus padres, justamente al lado de la casa Vander.
Las horas de viaje se hicieron interminables. No hacía más que pensar en el motivo por el que Olivia no se había comunicado con él, con qué la había amenazado. Hasta se le ocurrió que la había matado...pero no, Álex ni siquiera podía soportar ese pensamiento.
Llegó a la terminal de Retiro y su amigo aguardaba allí. Se dieron un abrazo y, sin perder más tiempo, se pusieron en camino hasta el barrio de Núñez. Lucca le contaba las novedades mientras conducía:
Ni mis viejos ni yo vimos a Olivia estos días, y estuvimos atentos…
Tengo miedo, Lucca. Tengo una sensación horrible en el estómago, como un presentimiento de que algo terrible va a pasar- confesó, mientras apretaba la mochila que llevaba en el regazo.
Tranquilizate...no creo que la lastime. La debe haber amenazado u obligado de alguna manera para que se quedara.
Cuando fui a buscar a Olivia a Mar del Plata, hace meses, y se fue a vivir conmigo...miré a ese tipo a los ojos y me dio escalofríos.
Es un torturador, ¿creías que alguien así tenía alma?- acotó Lucca.
Álex sabía que había subestimado la maldad y perversión de Vander. Se sentía un imbécil por haber dejado que Olivia cayera tan fácil en esa trampa.
Llegaron a la casa de los Posse y Álex saludó a los padres de su amigo después de tantos años. Ambos le dijeron que estaban pendientes de lo que pasaba en la casa de al lado pero que no habían visto ni oído nada fuera de lo normal.
Álex decidió no perder más tiempo y fue a tocar el timbre.
Era una tarde de sábado cálida, de primavera. Nada parecía anticipar lo que pasaría.
Vander abrió la puerta después de la insistencia de Álex.
Quiero ver a Olivia- dijo simplemente.
Olivia está en su habitación y no va a salir.
¡¿Con qué la está amenazando, miserable?!
Con nada. Ella se quiere quedar - dijo Vander, tranquilamente.
No le creo. Y si no la veo ahora mismo, voy a denunciarlo por secuestro.
Vander llamó a Olivia y ella apareció luego de un momento. Tenía un aspecto terrible, era evidente que había estado llorando, probablemente sin dormir. Álex no podía respirar mientras ella se acercaba a la puerta. Vio la desesperación en sus ojos y estuvo a punto de tomarla de un brazo para sacarla de ahí, pero ella se lo impidió.
Quiero estar acá, con mi padre, Álex- dijo Olivia.
Mi amor, lo que sea que te haya dicho este hombre, no importa. Por favor, vámonos- suplicó él.
No. Y no vuelvas a buscarme, nuestra relación terminó.
Olivia dio media vuelta y se fue.
Ya escuchó- dijo Vander-. Así que no vuelva a molestar.
Le cerró la puerta en la cara y Álex seguía sin reaccionar. Se quedó parado en la vereda hasta que Lucca lo vio y lo llevó a la casa.
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Álex tomó agua y comenzó a relatar alocadamente lo que había pasado. Su amigo y el matrimonio Posse permanecían en silencio.
Tengo que averiguar con qué la extorsiona…¿alguna idea?- los miró buscando alguna esperanza.
Álex…-empezó Lucca- mis viejos me acaban de contar que ayer vieron a Vander en el supermercado de la esquina y que estaba haciendo un encargo de bebidas, parece que era para una fiesta…
No te lo comentamos cuando llegaste porque creímos que era mentira- interrumpió la señora.
¿Qué cosa, Nancy?- preguntó Álex, incorporándose-. Decime, por favor.
Le preguntamos al dueño del negocio y dice que Vander le contó que Olivia se casa dentro de quince días.
Álex se volvió a sentar. Ahora todo tenía sentido. Por eso la había mantenido encerrada en la casa todos esos años, por eso nunca había aceptado a ningún hombre que pretendiera a Olivia. Porque ya había decidido entregarla a alguien en el momento que le conviniera.
Tenemos que averiguar con quién la quiere casar- dijo Lucca-. Nosotros la vamos a ayudar. Se lo debemos a Mirna- miró a sus padres, y estos asintieron.
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Olivia estaba en su habitación, tirada en la cama. Se sentía un animal atrapado en un laberinto: cuando veía alguna luz al final de un camino, este solo la conducía a otra pared sellada.
Pensaba en Álex, en cuánto lo amaba, en el amor y el miedo que había visto en sus ojos esa tarde. Pero todo había terminado: Vander iba a obligarla a casarse con un delincuente, un proxeneta igual a él (o peor) que se había encaprichado con ella desde el momento en que la había conocido en la casa de Mar del Plata, un año antes. Olivia lo había rechazado y su padre no insistió más con que lo aceptara. Ella pensó que el asunto había quedado olvidado...El día que su padre le dijo que tendría que casarse con él, luego de volver en sí del desmayo, este le manifestó que le debía favores y dinero a aquel hombre y que había pedido a Olivia a cambio.
Estaba claro que ella era una mercancía, al igual que lo había sido su madre.
Pero esta vez le iba a arruinar los planes…
Vander estaba mirando televisión cuando tocaron el timbre ese sábado a la noche. Cuando abrió, se encontró con un operativo policial. Le leyeron sus derechos y lo arrestaron por ser sospechoso del asesinato de su mujer.
Cuando estaba esposado, oyeron un disparo que provenía de una habitación.
Al entrar, vieron a Olivia tendida sobre la cama.
Se había disparado en la cabeza.
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