"Algunos días te sentís lleno de fuego.
Otros, te hundís como una piedra.
Ahí es cuando tu corazón llora
hasta que el cuerpo se te adormece.
Y la noche te va a tentar
pero finalmente amanecerá.
Porque aunque parezca muy lejano, ese día llegará".
"Algunos días te sentís lleno de fuego.
Otros, te hundís como una piedra.
Ahí es cuando tu corazón llora
hasta que el cuerpo se te adormece.
Y la noche te va a tentar
pero finalmente amanecerá.
Porque aunque parezca muy lejano, ese día llegará".
En el espejo
sola
miro la que fui
reencuentro la que nunca vi.
Un cuerpo marcado
por la culpa
ahora se repara
con hilos de luz.
La cara de una nena
que todavía sueña
espacios abiertos
y páramos ventosos.
Ojos plateados
piernas colgantes
manos que acarician
con ternura
las huellas de un amor.
Hoy me abrazo
me perdono
Soy Yo.
Mariposas
no...
chispas de pasión
que hicieron un pacto
dentro de mí.
Estrellas que vi por
aquí, por la tangente,
a mi alrededor
con ojos cerrados
y manos insuficientes.
Libélulas
no...
pájaros migrantes
que presagiaban
borrascas.
Los vi
con el alma
atascada
en el silente sonido
de tu voz lejana.
Elegí quedarme
elegiste parar.
Las mariposas mutaron
en gris
gris de soledad
en fuego ardió la polilla
en medio del humo
renació de las cenizas.
A este mundo
vine a quemarme
a gritar
a sentir
a volar
a llenarme de colores
aunque me derriben
una y otra vez
aunque me maten
todo lo repetiría
para volar con vos
ese último viaje
hacia la memoria del tiempo.
Mis etiquetas absurdas
son un espejo
de las tuyas.
Di amor a montones
devolviste chispas
que se deshicieron en el viento.
Entregué el corazón
como una ofrenda
en un altar.
Se resbaló de tus manos,
hizo un hueco en el suelo
en el silencio
de la nieve.
Lo miraste allí,
los vimos partido.
Lloramos.
Estás cansado,
ser quien sos te drena.
Estoy resignada.
Ser quien soy me condena...
Y me salva.
El oculto placer
en la verdeda vecina,
ojo aterrador que reprime
que castiga
que eyecta culpa, monotonía.
Toda su humanidad combate
una sorda batalla
ahoga la vergüenza
pelea por el oxígeno y camina.
La luz allí, en la orilla invisible,
donde todo es mar y poesía
donde la vida es vida
y la muerte,fantasía.
Miedo. Terrible.
El ojo no se cansa,
se apodera de su alma
muta, encarna.
Ahora
el ojo es ella.
Ahora
la luz se cuela
por un resquicio de la pupila.
Muere el omnipresente
ella pisa la vereda vecina
el silencio no es más silencio
la libertad gana la partida.
Casualidad y destino
señales inconscientes
amor de un día. Eterno.
Abrazame en los sueños,
en las mañanas sin color,
por los jardines de invierno,
mientras el tiempo corre por los
laberintos del desamor.
Tocame en la penumbra
en la sombra donde no soy yo
sin máscaras felices.
Con la piel ajada de tanto rasgarse
el corazón insomne de tanto partirse.
Sentime mortal y viva
rota y descalza
a flor de piel,
intensa y sublime.
Soy yo. Así.
Poesía y pena.
Dulce y plena.
El destino nos empuja
uno al cuerpo del otro.
Sos vos. Así.
Calma y entrega.
Pasión y espera.
No cambié porque quise. Me empujaron a transformarme, casi me obligaron. Como las mariposas en su último vuelo, así de libre y fugaz me sentí.
En un solo día de un universo alterno, pasé por el llanto y el desasosiego. Me moví hacia la oscuridad de la infancia para desenterrar fantasmas olvidados y toqué el polvo de la penumbra para sentirla en todo el cuerpo y expulsarla.
Todo en cuatro aleteos...o en cuarenta años. Abro los ojos y tengo cuarenta, el espejo lo dice. El reflejo parece un espectro que cobra vida. El viento apaga la vela, ya no veo nada. Cierro los ojos. Los abro por el bocinazo de un colectivo. Miro al frente,la luz está encendida. Noto las arrugas, el cabello blanco. Todo en veinticuatro horas u ochenta años...o cien...o siglos. Ya no lo sé.
Se acabaron las palabras. Las reemplazó el hielo del silencio. Ese espacio en espiral donde no hay simbolismos. Todos nos mirábamos sin vernos, alrededor de la mesa con ese lugar vacío. Ruidos de cubiertos, de vasos, de cuerpos que querían desaparecer para no sentir el dolor. Lo indecible había ocurrido.
Diecinueve inviernos después, todavía evitamos tu nombre. Está ahí, en el aire.
Gravitando como tu alma. En la luz absoluta. Sin palabras. Ya no hacen falta.
Vago por una tierra extraña persiguiendo a una luciérnaga. Una oscuridad dominante me rodea. Pero a lo lejos veo ese brillo. Cautivante.
Es tu alma. Radiante, libre, inmensa. Es tu luz cegadora en medio de una espesa niebla, pendiendo sobre un abismo.
Una parte de mí se desprendió hace siglos, hace mundos. En un universo alterno, viajó por el espacio claro y limpio de una mañana de septiembre y se encontró con paisajes sublimes, nubes anaranjadas y disfraces impensados. Sin conocer el límite absurdo del tiempo, esa partícula invisible de espíritu se posó sobre otro ser sublime e imperfecto, ligó instantes e infinitos, removió distancias azarosas y volvió en el momento preciso, en el minuto decretado, para que comprendiera que no estoy sola en las orillas de un gran océano, que la vida es un lugar peligroso e intrincado…pero tan precioso desde que estás.
Cuando te vi por última vez, sentí que era la despedida. Una sensación de vacío difícil de definir. No hay palabras para eso. Una premonición de que el hilo se cortaba, de que el dolor quemaba ya. Demasiado.
Quise abrazarte más, tocarte, hablarte,sentirte. Pero ya estabas en otra parte, palpé tu cuerpo cálido pero tus ojos ya no estaban conmigo.
Dónde están tus ojos?
Y dónde tu corazón?
Están errando, a ciegas, por pasadizos extraños, polvorientos del alma.
Sé que me van a encontrar. Antes,después, tarde, en la eternidad. No importa. El destino nos alcanza a todos.