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sábado, 6 de junio de 2026

Extraños. Capítulo 21.

 Capítulo 21

Mientras caminaba hacia la casa de Susan, no pensaba en qué iba a decirle o cómo se lo iba a decir. Tan sólo pensaba en que había vivido durante tantos años con dos desconocidos, con dos extraños; con dos personas que habían sido las más importantes de su vida en un momento, y a quienes hoy desconocía. Era increíble como se podía vivir engañado, ciego y sordo durante tanto tiempo. Clarice sabía que Susan nunca había vuelto a ser la misma después de la violación. Ella se había dado cuenta de que el psiquiatra no le hacía bien pero Susan jamás había querido comentarle nada acerca de él. Su aparición repentina en la ciudad, aduciendo problemas con su madre, también la había inquietado, como su insistencia en que se casara con Martin. Clarice no entendía por qué, si verdaderamente Susan estaba enamorada de Martin, había puesto tanto empeño en que ellos se casaran. Tan sólo podía pensar una cosa, en una respuesta que le congelaba la respiración: venganza. Susan buscaba venganza, sin dudas. 

Llegó casi temblando a la casa, tenía miedo, y estaba desilusionada, herida. Un puñal en el medio del pecho le hubiera dolido menos que la traición de su mejor amiga. 

Tocó el timbre y ella abrió la puerta, saludándola como de costumbre. A Clarice se le notaba en la cara todo lo que le pasaba por dentro, parecía que un tren la había arrollado, dejándola en pedazos. 

¿Qué pasa?- preguntó Susan, parada frente a ella. 

Clarice contuvo el llanto como pudo. 

Quiero la verdad- dijo finalmente. 

Susan la miró y guardó silencio. 

Entiendes de lo que te hablo- siguió Clarice- tu eres Lucy, ¿no?

El rostro de Susan cambió inmediatamente. Clarice volvió a ver, por un instante, la cara de esa niña violada, la que había visto aquélla noche. 

Susan caminó hacia la ventana. El viento era cada vez más fuerte y ya era de noche. La luna se había escondido detrás de los nubarrones. Susan miraba hacia fuera, a través del vidrio. Clarice esperaba, de pie en la sala. Hacía lo posible por contener las lágrimas. 

Después de lo que…pasó- dijo Susan- quise morir muchas veces, imaginé mil formas de suicidarme pero siempre fui cobarde para tomar la decisión. Mirando hacia atrás, hubiera sido lo mejor- continuó- cuando Martin empezó a atenderme, me dio una nueva razón para vivir y esa fue la de vengarme de ti.

Espera- interrumpió Clarice

Ya sé lo que vas a preguntar- retomó la palabra Susan- Martin era mi psiquiatra. Falso, por supuesto. No sé a quién le compró el título. Igual, eso lo supe años después, cuando ya éramos pareja. 

Clarice sentía que era un personaje dentro de una novela de terror, se sentía manipulada, manejada como un títere al antojo de sus dos personas más cercanas. 

Sigue- pidió Clarice, simplemente. 

Martin me convenció de robarle los ahorros a mi madre y fugarnos; un amigo le cambió el apellido del documento para que la policía no lo encontrara. Así que vinimos a la ciudad, donde preparé todo para que te conocieras con él y después te casaras. 

¿Con el objetivo de hacerme la vida imposible?- preguntó Clarice.

Sí.

Pues te salió mal, porque el que estuvo casi nueve años en coma fue Martin, no yo- acotó Clarice. 

Es verdad- volvió a decir Susan- esa vez me salió mal. 

Clarice no podía contener el llanto. Se le escapaba sin que pudiera evitarlo, purgando el dolor inconmensurable que se apoderaba de su cuerpo, como un cáncer. 

Yo no fui la culpable de que te violaran, Susan. La idea de ir al lago fue tuya; yo te tomé del brazo y te ayudé a escapar todo lo que pude…pero al final me fue imposible. 

Ya no tiene sentido hablar de eso- interrumpió Susan, mirándola otra vez- aunque no fueras culpable, ya no puedo detenerme ahora. Acumulé tanto odio y resentimiento que no puedo parar. Supongo que Lucy me ganó. 

No me sigas persiguiendo, Susan- advirtió Clarice en un tono más áspero- no quiero volver a verte ni a ti, ni a Martin. No me obligues a denunciarlos a los dos. 

No nos vas a denunciar- dijo acercándose peligrosamente a Clarice. 

Clarice retrocedió unos pasos, presa del miedo. 

De repente, sus pies se toparon con la escalera. No teniendo otra vía de escape, subió de prisa los escalones. Susan subió detrás de ella. 

¡Susan soy tu amiga, por Dios!- gritó Clarice- no es conmigo con quien debes estar enojada, sino con Martin. Él te manipuló para que te convirtieras en un monstruo. 

De Martin también me voy a ocupar- acotó Susan, acercándose cada vez más. 

Clarice retrocedía sin saber qué hacer o a quién pedir ayuda. 

De pronto, el timbre empezó a sonar insistentemente. Susan no iba a atender pero la insistencia de quien tocaba, la empezó a perturbar. 

Nerviosa, quiso pegarle a Clarice y ésta la esquivó, propiciando que Susan cayera estrepitosamente por las escaleras. 

Richard abrió la puerta al escuchar el golpe y vio a Susan en el suelo de la sala, tirada boca arriba y muerta, sobre un charco espeso de sangre. 

Clarice bajó inmediatamente y abrazó a Richard, llorando nerviosamente. 

Lloró con angustia la muerte de su mejor amiga, pues así quería recordarla. 

Sintió alivio por la muerte de Lucy y un profundo dolor en el corazón por haber perdido a Susan. 





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