Buscar este blog

miércoles, 3 de junio de 2026

Extraños. Capítulo 20.

 Capítulo 20. 


Marcaba con desesperación y erróneamente el número de la aerolínea. No podía coordinar, se había quedado en blanco y después horrorizado con lo que Clara Shaw le había relatado. Parecía que Clarice había estado inmersa todos esos años en una película de terror, en la que Martin y Susan habían sido los guionistas y directores. Todavía pálido y espantado, al fin pudo marcar bien el número y lo atendieron. 

Buenas noches, quisiera saber cuándo sale el próximo vuelo a Luxemburgo- preguntó con voz ronca. 

Mañana por la tarde, señor- contestó la operadora.

Bien, resérveme un pasaje.

Al colgar, comenzó a preparar su maleta. A los demás les había dicho que iría a buscar a Clarice, pero había omitido voluntariamente contarles lo que descubriera; era demasiado complicado para que lo entendieran. Ni siquiera él lograba comprenderlo del todo, aunque se lo propusiera. 

No podía creer lo estúpido que había sido al dejar a Clarice con ese hombre, sin permitirle explicarle nada ni respetar sus decisiones. Pero ahora sabía que ella estaba en peligro y tenía que ir a advertirle. 


Clarice había estado todo el día pensando en la cita, ella no sentía nada por Martin y le importaba un comino que tuviera una amante. Lo que sinceramente le dolía era que le había mentido otra vez, que le había jurado cambiar y que otra vez estaba con esa mujer, que tanto dolor y sufrimiento les había ocasionado. Pero fue paciente y esperó a encontrarlo con ella para poder echarlo de la casa, por fin. Ya no le importaba nada más que su hijo y había decidido que lo criaría sola. No iba a llamar a Richard. De hecho, y no sin llorar, había borrado su número telefónico de su agenda. Clarice no podía entender cómo tanto amor se había ido por la pendiente ante la primera amenaza, tal vez ella había cometido errores…pero ya era tarde para repararlos. 

Esperó hasta las 18.30 h. Martin había salido de la casa media hora antes, diciendo que iría a ver a un amigo. Eso le terminó de confirmar a Clarice que mentía. 

Se encaminó hasta el puente. Por alguna razón, se dio cuenta de que era el puente del parque cercano al río y no otro. Ya no había hojas para pisar, el invierno las había barrido a todas hacia otro lugar. La tarde era gris y ventosa. Tal vez el paisaje pintaba perfectamente cómo se sentía Clarice por dentro. Mientras se acercaba al lugar, comenzó a tener un presentimiento oscuro y su piel se erizó un momento. Pero no era tiempo de detenerse, ya no había retorno. Avanzó y los vio discutiendo sobre el puente. 

Clarice hizo un gesto espontáneo de horror, como si hubiera visto un fantasma. Se tapó la boca, intentando contener el grito que quería escapársele y se escondió detrás de un árbol. 


Te dije que me dejes en paz- cortó Martin- no quiero saber nada más contigo. 

Nosotros estamos unidos de por vida, querido- dijo Susan- no lo olvides. 

¡No juegues conmigo loca perturbada!- dijo él, abofeteándola- no querrás que vaya a la policía y les diga que quien cortó los frenos de mi auto fuiste tú- sugirió.

¿Y Por qué no lo hiciste ya?- replicó ella, limpiándose la sangre del labio- tal vez porque yo contaría muchas cosas que no te convienen. 

Martin guardó silencio, sabía que ella lo tenía en un puño. 

Así me gusta más- dijo Susan- deberías ser más amable, cariño. Recuerda que no estás preso gracias a mí; yo le pagué a ese hombre para que te falsificara el documento, ¿no?

Martin continuó en silencio. Susan o Lucy, como él la llamaba, tenía razón. Martin había sido siempre un estafador, ejerciendo ilegalmente la medicina y la psiquiatría, después. Cobraba cantidades exorbitantes de dinero a sus pacientes- víctimas, los medicaba y, en ocasiones, habían terminado peor que al empezar el tratamiento. Ya tenía varias denuncias por mala praxis cuando el caso de Susan llegó a él. Susan parecía desprotegida y maltrecha cuando entró allí la primera vez. Al saber que su madre tenía mucho dinero, Martin había aprovechado para manipular la mente de la pobre muchacha, convenciéndola de buscar un culpable de su violación. Así ella empezó a culpar a Clarice por ello y Martin fomentó en ella el deseo de venganza. De esa manera, al verla cada vez peor, su madre seguiría pagando el tratamiento por años. Su siguiente paso fue seducir a Susan. Le cambió el nombre por Lucy, una canción de los Beatles que él adoraba, y le hizo varios regalos. De ese modo, comenzaron un romance y después de unos cuantos años, Martin vio el momento oportuno para sugerirle a Susan que le robara el dinero a su madre para huir juntos. 

Susan fue detrás de de Clarice, decidida a vengarse y planeó que se encontrara con Martin en aquél club nocturno. Desde ese día, ambos se habían encargado de hacerle la vida imposible. Susan había acumulado odio y rencor todos esos años, que la habían terminado por enloquecer. Ya no sabía ni quién era. 

Lo único que sé- siguió hablando Susan- es que a ti te busca la policía por estafador y que gracias a mi, no te encontraron hasta ahora. Así que empieza a respetarme un poco más. 

Mira, Lucy, yo lo único que te digo es que quiero estar con Clarice, ella es la mujer que quiero- dijo Martin, más calmado- sólo pretendo que nos dejes en paz. 

Tú me recalcaste que ella es la culpable de lo que me pasó, ¿por qué la dejaría en paz?

Porque ya no tiene sentido, entiéndelo. Eso ya pasó- sentenció él. 

Para mi no pasó, yo lo recuerdo cada noche, cada día- dijo ella, conmovida- alguien tuvo la culpa. 

Para mí sería fácil matarte y tirarte al río, Lucy- dijo Martin, con una calma inquietante- No tienes familia, nadie te extrañaría y nadie podría relacionarte conmigo. 

Pues yo digo exactamente lo mismo- replicó Susan, con una sonrisa burlona. 

Martin dio media vuelta y se alejó caminando por el puente. 

El teléfono celular de Susan sonó en ese instante. 

Hola- respondió.

Soy yo- dijo Clarice del otro lado y observándola de lejos- ¿dónde estás?

Estoy en mi trabajo, ¿qué pasa?

¿Puedo pasar por tu casa dentro de un rato?- preguntó Clarice. 

Sí, seguro. ¿Pasa algo, Clarice? Tienes una voz rara- dijo Susan. 

Sí, pasa algo grave, pero tengo que decírtelo en persona. 

Clarice colgó el teléfono y vomitó inmediatamente junto al árbol. Parecía que estaba siendo exorcizada, pues no paraba de vomitar. 

Quizás era eso lo que estaba sucediendo; tal vez su cuerpo estaba por fin expulsando las mentiras y la podredumbre de adentro. Al fin estaba preparada para enfrentarse con la verdad. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario