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domingo, 8 de marzo de 2026

Capítulo 15.

Mientras subíamos al auto de Salvador, le propuse ir a mi casa para que conociera a mi mamá. Estaba segura de que ella estaría tan emocionada como nosotros. ¡Frecuentemente la abuela hablaba de su ahijado Pedro, de quien estaba tan orgullosa! 

Pocas veces había vuelto a su pueblo natal a visitar a Anita. Más que nada, se hablaban por teléfono y se escribían largas cartas. Así, Magda sabía de Pedro y nos lo contaba a nosotras. Recuerdo que yo era niña todavía cuando nos anunció que su ahijado había sido padre. Ni mamá ni yo llegamos a imaginar que el destino podía traer a su hijo a esta ciudad medio perdida entre las montañas, tantos años y tantos muertos después. 

Nos sentamos en el jardín, en esa noche de octubre, y yo no pude evitar decir que todo esto no era casualidad, que era un plan de la abuela. Mecha estaba por contradecirme cuando Salvador afirmó que él también pensaba que una fuerza superior nos había juntado con algún propósito. 

Nos contó que su papá recordaba poco a Magda, ya que ella se fue del pueblo cuando él era muy chico, pero que tenía fotos con ella de esa época y que su mamá se había encargado de mantenerla presente en su memoria.  

También nos dijo que cuando Anita se enfermó, Pedro se la llevó a la capital con él y Magda viajó a verla. Allí la conoció Salvador. 

-Magdalena era una mujer bellísima, pero además tenía algo especial, era distinta. Vos te parecés mucho a ella,Maite. 


Por primera vez, yo estaba mirando al doctor Menéndez como a un hombre y no como mi jefe y eso me inquietó. Los dos estábamos conmovidos por un pasado que de alguna manera nos pertenecía y volvía, porque aún quedaba algo pendiente.  

Yo no quería confundir las cosas ni empezar a hacerme fantasías en mi cabeza. 

Pero esperen, lectores, que ahora viene la mejor parte...

Antes de irse esa noche, Salvador hizo una revelación.  

-En aquella ocasión en que Magda se despidió de mi abuela, le entregó un sobre con una carta a mi papá. Esa carta estaba dirigida a ustedes: su hija y su nieta. 


Mecha y yo nos miramos. Mamá habló: 

-Pero eso fue hace como quince años...

-Sí, en ese momento Magdalena le dijo a mi viejo que escribió en ese papel lo que nunca había sido capaz de decirles cara a cara.  

Hizo una pausa y continuó. 

-Le dijo que él (mi papá) iba a encontrar el momento justo para entregársela a ustedes. Que lo iba a saber. Papá guardó el sobre, pero no tuvo tiempo de volver a pensar en ello, ya que murió la abuela y poco después se enfermó él.  

Cuando papá también falleció, encontré el sobre entre sus cosas. Díganme ustedes si este es el momento al que se refería Magda. El momento justo para que sepan la verdad. 


Mamá y yo estábamos llorando y nos tomamos de la mano. Cuando enfrentas tus temores, tu pasado y todo lo que te duele, el mundo a tu alrededor se empieza a acomodar y recibís esos regalos del cielo que siempre esperaste. 

Salvador me entregó el sobre al día siguiente. No puedo negar que temblaba cuando lo tuve en las manos. Era la letra de la abuela.  

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