Buscar este blog

martes, 3 de marzo de 2026

Capítulo 13.

Maite se apuraba para cambiarse después del turno de la mañana en la clínica. De allí se iba al conservatorio, a su clase de piano. 

 Al principio, había sentido algo de vergüenza. Ella tenía más de cuarenta años y sus compañeros eran más jóvenes. Además, en las primeras clases "no pegaba una nota" como solía bromear después. Varias veces quiso abandonar, pero su madre la animaba a seguir. Ningún comienzo es fácil, Maite. Si te gusta, tenés que perseverar. Así que continuó.  

Pasados los meses, había avanzado bastante y eso la motivaba. 

Era invierno y la nieve caía sobre las sierras de Córdoba. Antes de dormir, madre e hija estaban compartiendo un café. Desde que arreglaron sus diferencias, Mecha parecía estar más sensible. Maite se animó a preguntar:

- ¿Todavía le guardas rencor a la abuela Magda por no dejarte conocer a tu padre?  

-No, hija. Me resigné. Aunque mamá me dio su nombre, unos días antes de morir. Dijo que había sido el amor de su vida pero que era imposible. Lo busqué en lo que quedó de "Los Álamos", el pueblo donde vivían, pero nadie supo decirme nada de su paradero o si tenía parientes vivos. Imaginate que si tenía la edad de mamá, ¡ahora tendría cien años! 

Se hizo un silencio. La nieve golpeaba las ventanas. Parecía que los fantasmas querían entrar.  

-A mí nunca me contó la historia completa tampoco. La guardó para sí misma- reflexionó Maite. 

-Tal vez se la contó a Anita, pero ella también murió. Años antes que mamá- respondió Mecha. 

Los caminos parecían cerrados. Pero no por mucho tiempo... el espíritu de Magda (que,según Maite, guiaba y acomodaba todas las cosas) les tenía preparado un último regalo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario