Qué simple es apasionarse por las luces, el brillo, la apariencia del agua limpia en la superficie. El verdadero desafío es ver las sombras, el pantano que habita en cada uno y en el otro y, por encima de eso, amar en su totalidad a esa alma.
La belleza de contemplar lo imperfecto, los secretos, la profundidad del abismo. Y amar igual. Amar más.
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