Soy fuerte en la debilidad, porque la reconozco y la acepto. Acepto que solo puedo controlar algunas partes de mí y hasta ahí nomás. Entiendo, por fin, que soy la única que se puede salvar a sí misma, que el amor real es el que no controla ni condiciona. El que libera, el que suelta y deja sin cargas culposas al ser amado. Perdí para ganar. Perdí el miedo a perder. Me abracé y descubrí que soy suficiente, que soy imperfecta y que está bien. El dolor te quiebra pero también te enseña.
Nadie se arrepiente de haber sido valiente, decía Borges.
Hoy no sé quién es más arriesgado, si el que se queda o el que se va.
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