En un momento te miras al espejo y no sabes quién sos. Entonces ves en el agua limpia, pero ahí tampoco te reconoces. Un charco en el medio del campo, hielo transparente, tu ojos en una foto. Nada. No hay nadie ahí.
Alguien, cierto día, te entrega una caja de oscuridad y lo que crees que es una maldición, en verdad es un regalo. Al principio abrís la caja y todo lo ves negro. Cruzas esos pasadizos dolorosos y a ciegas. Caen lágrimas. El alma va abriendo puertas. Ilumina. Y el amor encarnado que te entregó la caja termina siendo el único que de verdad te vio. Tal vez esa era su única misión en tu vida. Ayudarte a ver. A verte.
Agradezco y preservo esa caja ahora iluminada por el amor que me tuviste. No pude verlo en su tiempo. Pero tenía que ser así.
Gracias.
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