Ojalá fuera tan valiente para tirar los puentes, quemar las naves y no mirar al mar cuando me caigan las cenizas de los restos del pasado en la cabeza.
Ojalá mi corazón fuera de hierro para que los golpes no lo hagan polvo oxidado.
Si mañana el mundo implosionara por fin, si solo quedara un momento suspendido en el caos, al fin gritaría mi dolor a los cuatro vientos. Por fin entenderías a la sigilosa muerte y sabrías que llegó el momento de la verdad. Todo el amor que callamos por miedo al dolor. Ese que ahora te consume mientras se abren las llagas. ¿Valió la pena? Tanta cobardía, tanto fingir,tanto silencio.
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