Me perdí en el laberinto de la vida tantas veces que ya no me acuerdo. Después de dar tumbos, sangrar y hundirme, llegó mi alma a guiarme. Reencontré a mi ser en otro ser magnético e intuitivo.
No nos tomamos la mano, no nos prometimos fantasías imposibles, no dijimos que todo iba a estar bien. Solo caminamos a oscuras, a ciegas, recomponiendo piezas quebradas con la fuerza de un amor que no tiene nada que ver con los cuentos.
La luz comenzó a vislumbrarse para aclarar el camino.
Somos uno y al mismo tiempo, dos. Tan libres para elegir y tan iluminados para entender que soltar,liberar y respetar también son formas de amar.
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