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miércoles, 19 de febrero de 2020
Más de "Yo escribí el final"
Julio de 2017, La Falda, Córdoba.
Capítulo siete.
Las sierras de Córdoba nevadas parecían una pintura de museo. Así lo sentía Julián, mientras observaba, desde la ventana del estudio, cómo caía la nieve y teñía el amplio parque de blanco y gris.
Se sirvió otro mate y miró a la computadora. Solo le faltaban dos capítulos para terminar la novela, pero el problema era que no encontraba un final perfecto. Sabía de la importancia del final de una historia. Entendía que éste tenía que impactar al lector. Pero primero debía convencerlo, impactarlo a él. Si no, no tenía sentido. No había caso: ninguna idea le satisfacía. Allí dedicó su primer pensamiento del día a Eva.
¿Qué tan difícil era olvidar a alguien a quien uno ha visto solo tres o cuatro veces y con quien ha intercambiado apenas algunas palabras? Todo ese asunto de la leyenda del hilo rojo que conectaba a las personas, le parecía un cuento absurdo. Porque entre él y Eva había mucho más que eso. Sus almas parecían conocerse: se entendían sin necesidad de palabras, se miraban y veían mucho más allá de la superficie.
Otro fragmento de "Yo escribí el final".
Febrero de 2017, México.
Capítulo cinco.
Mi voz te trajo del abismo, te llamó desde las costas del océano, desde la otra orilla. Caminaste sobre el agua para encontrarme, recorriste distancias en medio de la noche para abrazarme. Y estabas ahí, silenciosa y mágica.
Nos miramos por un instante y comprendimos que estábamos hechos a la medida del otro, que habíamos atravesado una vida entera para reunirnos por fin. Sé que sentiste lo mismo que yo. Esa emoción, ese fuego interior que parece consumir hasta los huesos. Toqué tu cuerpo desnudo y contuve el aire. La sensación era abrumadora, amenazaba con desarmarme. Nos acostamos juntos e hicimos el amor hasta que solo pudimos ver el rostro del otro, hasta que solo pudimos sentir la piel caliente, salada del otro.
Y entonces, no hizo falta preguntarse nada. No hubo dudas. No hubo necesidad de pararse a pensar si eso era amor o no. Simplemente, supe que el amor era vos.
Así iniciaba un nuevo capítulo de la novela que Julián estaba escribiendo.
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