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viernes, 29 de mayo de 2026

Extraños. Capítulo 18.

 Capítulo 18. 

Fijemos prioridades, en medio de este caos- dijo Susan, frente a Clarice, en el negocio de su amiga. 

Bien- dijo Clarice- ¿qué sería una prioridad?

Una prioridad ahora es tu embarazo, ¿cómo te sientes con respecto a eso?

Estoy feliz, feliz de estar embarazada y de que el padre sea Richard, pero…- vaciló Clarice.

Pero está Martin también- acotó Susan. 

Sí- dijo Clarice- y hay algo peor: Rich me dijo que no quiere tener hijos y no sé cómo tomará la novedad. 

Bueno, hasta que se lo digas, no lo sabremos- reflexionó Susan- ¿qué dijo el médico?

Que estoy de menos de dos meses. 

Pues yo te aconsejaría que esperaras para contarlo, incluso a Richard. Igual no sería justo que él se enterara después que Martin.

No, claro que no- contestó Clarice- yo voy a juntar fuerzas y se lo voy a decir a Rich. 

Clarice tomó un sorbo de té y observó a todos los niños corriendo en la pequeña plaza de enfrente. 

¿Y con Martin qué vas a hacer?- preguntó Susan. 

Martin se está recuperando bien, así que en cualquier momento hablo con él para decirle que quiero separarme. 

¿Te dejará la casa?

No se, pero no me importa, Susan- afirmó Clarice- lo único que quiero es ser libre para irme con Richard a cualquier parte. 


Llegó a casa de noche, como siempre. Martin no estaba, le había dejado una nota diciendo que estaría de visita en casa de un amigo. 

Clarice dejó sus cosas y se sentó. Sabía que había llegado el momento de hacerlo, no tenía más escapatorias. 

Tomó el teléfono y marcó el número de Richard. Esperó hasta que él atendió. Se saludaron demasiado fríamente y, a pesar de la atmósfera de hielo que se respiraba en ambos lados del teléfono, Clarice tomó valor. 

Hay algo que quiero decirte, Richard, es importante.

No me digas que te casas por segunda vez con Martin- ironizó él.

No sea cruel conmigo, Rich- pidió ella- sabes que te amo.

No, la verdad que no lo sé- dijo Rich, bastante enojado. 

¡Te lo he demostrado!- exclamó Clarice.

¿Volviendo con tu marido? ¿durmiendo con él?- preguntaba Richard, cada vez más irritado.

No duermo con él y no volví con él, te lo expliqué muchas veces- replicó ella. 

Pues a mí no me bastan tus explicaciones, quiero hechos concretos- dijo él, siempre con tono áspero. 

 Sí, mi amor, ya lo sé- dijo Clarice, más amorosa- lo voy a dejar, le voy a pedir el divorcio. 

¿Cuándo?- preguntó Rich, rápidamente. 

En cuanto él esté listo pero no falta mucho…

¡Basta!- interrumpió Richard- me cansé de darte tiempo, tú no piensas en mí, en lo que yo sufro…

¡Todos los días de mi vida pienso en ti, Richard!- interrumpió Clarice, ya llorando. 

No me lo demuestras- continuó él. 

Por favor, mi amor, llamé para decirte algo importante…

¿Si? Pues yo tengo algo más importante para decirte: se terminó- dijo modulando especialmente la última frase. 

Richard, por favor…- suplicó Clarice, ya estallando en lágrimas. 

Se terminó, Clarice. No existes más para mí- concluyó él. 

Richard apretó los dientes y cortó justo antes de echarse a llorar. Se tiró en la cama, deseando morir o desmayarse para no seguir sintiendo esa punzada tremenda de dolor en el alma. Nada iba a tener sentido sin ella, de allí en más. Y su voz, que tanto lo cautivaba, ahora sería un recuerdo borroso y distante. 

Clarice lloraba, abrazando la almohada. No podía creer que Rich la había dejado, justo en ese momento. Que no le había permitido decirle que esperaba un hijo suyo, que estaba sola, sin él, perdida. ¿Qué haría ahora? ¿Cómo se lo iba a explicar a Martin?

Martin entró justamente en ese momento. 

Te escuché llorar desde la sala- dijo, preocupado- ¿qué ocurre?

Nada- dijo ella, secándose las lágrimas.

Por favor, Clarice, dímelo- pidió Martin.

No puedo, no va a gustarte lo que tengo que decir- contestó Clarice, todavía llorando. 

No importa, me lo imagino. Así que dímelo- dijo Martin. 

Clarice lo miró profundamente a los ojos y se dio cuenta de que él ya lo sabía o, por lo menos, lo imaginaba. 

Hace un tiempo, casi un año atrás, conocí a un hombre en el tren a Berlín. Antes de eso, yo jamás me había fijado en nadie, ni te había sido infiel- se apuró a aclarar- pero de él me enamoré y no pude evitarlo. 

Hizo silencio, esperando la respuesta de Martin. Éste permaneció impasible, quieto. 

Continúa- pidió.

Bueno- dijo ella, tomando aire- el asunto es que…estoy embarazada de él. 

Martin vaciló un momento y luego se sentó a su lado, en la cama. 

Y ahora estás llorando porque te dejó- dijo, finalmente.

Ni siquiera me dio tiempo de decirle lo del bebé- dijo Clarice, llorando otra vez. 

No importa lo que hiciste, Clarice. Yo puedo entenderte, de verdad- afirmó Martin, con una tranquilidad sorpresiva. 

¿De verdad?- preguntó Clarice, confundida. 

Sí, y si tú quieres, yo voy a ser el padre de ese bebé. Yo te amo, Clarice- continuó Martin. 

Estás loco, es una locura lo que dices- balbuceó ella. 

No es una locura, déjame ser el padre de ese niño. 

Clarice lo miró y siguió llorando. Martin la abrazó profundamente y ella sintió algo de consuelo en el corazón herido. Tal vez la propuesta de Martin no era tan descabellada, después de todo.  




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