Buscar este blog

lunes, 25 de mayo de 2026

Extraños. Capítulo 16.

 Capítulo 16.

¿Cuántas cosas pueden hacerse en nueve años? Casarse, tener más de dos hijos, cambiar de trabajo, de carrera, de esposo o esposa. Se puede cambiar la apariencia, cambiar de casa o de estilo de vida. Se puede cambiar el cuerpo o la mente, mudarse, amigarse o pelearse con alguien miles de veces…o se puede poner la vida en espera. Eso había hecho Clarice esos nueve años: ponerle una pausa a su vida. Hasta el día en que conoció a Richard en el tren, claro. 

Esta vez tomó un avión para llegar rápidamente a Berlín. Esta vez tenía prisa, angustia, miedo y desesperación. Sentía que la vida se le caía encima como un pesado almohadón de plomo. A la noticia del embarazo, se le sumaba otra novedad que había esperado por años, pero que justamente en ese momento no hubiera querido recibir. 

¡Tantos años caminando por los pasillos blancos y con olor a alcohol del hospital! Pero ese día era diferente, ese día era casi trágico. Nada era como lo había soñado, nada era siquiera parecido a lo que había imaginado para el día en que Martin despertara. ¿Cómo se suponía que le explicaría que estaba embarazada de otro hombre? ¿Cómo le diría, además, que amaba con todo su ser a ese hombre y que quería el divorcio? Era demasiado para una persona que acababa de despertar de la muerte. 

Siguió avanzando lentamente, no estaba apurada…no sabía qué demonios iba a decir. Ya se había olvidado de su voz, de su risa, de sus gestos…hasta tenía miedo de volver a verlo con vida. Tenía la sensación de que estaba yendo a encontrarse con un muerto que ha resucitado. 

Llegó hasta la puerta de la habitación y se encontró con el médico. Éste la abrazó, emocionado. Clarice también lo abrazó y temblaba. 

¿Tiene miedo, Clarice?

La verdad que sí, doctor- dijo ella

Es natural- contestó el médico- no ha querido hablar con nosotros, inmediatamente pidió que estuviera usted aquí. 

¿Pero cómo fue?- preguntó Clarice

Simplemente despertó. La enfermera que estaba allí no lo podía creer. 

¿Y cómo está?

Físicamente está muy bien. Veremos qué dicen las pruebas psicológicas. Pase- dijo, abriéndole la puerta. 

Clarice entró, todavía temblando. Se aproximó a la cama con lentitud, como quien camina rumbo al cadalso. 

Martin estaba sentado, ahí. Con los ojos abiertos, moviéndose… estaba vivo. Clarice se acercó a él, muy conmovida, con lágrimas en los ojos. Martin la miró y también empezó a llorar. Clarice lo abrazó sinceramente y soltó toda la angustia que llevaba por dentro, contenida. 

Cuando se separaron, ella se sentó, sosteniéndole la mano. Martin fue quien comenzó el diálogo. 

Fue espantoso el accidente. 

Si, Martin- dijo ella con voz muy suave- lo fue. Pero ya estás bien. 

Tendría que haberte escuchado, Clarice- dijo él con voz algo ronca- cuando me advertiste que los frenos fallaban.

No pienses en eso ahora, Martin. Lo importante es que estás vivo- dijo apretándole más la mano. 

Es verdad, mi amor. ¿Me perdonas por todo?

No es el momento…

Para mi sí- la interrumpió él- para mí sí es el momento, Clarice. Necesito que me perdones por todo lo que te hice- suplicó.

Ya te perdoné hace mucho tiempo, Martin. En serio. 

Gracias, mi amor- continuó él- ¿cómo va tu embarazo?

Clarice abrió exageradamente los ojos y se quedó tiesa. ¿Cómo podía saberlo?

¿Por qué te sorprendes así?- preguntó Martin, confundido- ¿Qué pasó con el bebé? ¿Ya nació?

Clarice se dio cuenta de lo que le estaba diciendo. 

Martin, ¿qué año crees que es?- preguntó

El 2000- afirmó él. 

Clarice lo miró sin decir una palabra. Evidentemente, nadie se había encargado de decirle la verdad. 

Es el año 2009, Martin- dijo cuidadosamente- estamos en el mes de octubre. 

Me estás mintiendo, Clarice. No puede ser- negó Martin.

Clarice continuó mirándolo, no sabía qué hacer. 

¡Mientes, mientes!- comenzó a gritar una y otra vez. 

Clarice se paró de la silla y vinieron los médicos a sedarlo. 



Se cruzó al café de enfrente.

No sabía qué iba a hacer, no sabía si contarle a Richard que estaba embarazada. Si se lo contaba, Richard iba a mover cielo y tierra para que ella se divorciara de Martin cuanto antes. Pero Clarice pensaba que no podía abandonarlo simplemente e irse. Eso no estaba bien, Martin no tenía a nadie más que a ella y no podía dejarlo a su suerte en una situación así. 

Mart se acercó con el café. 

¿Problemas, Clarice?- preguntó. 

No, ninguno- respondió. 

Aunque por dentro pensó “un millón”. 

Su celular comenzó a sonar, al mirar el identificador, observó la llamada que tanto temía: era Richard. Tenía miedo de atender y no saber qué decir o cómo decirlo, así que no lo hizo. La música del teléfono chillaba sin parar y los clientes de las mesas contiguas se daban vuelta para mirar por qué esa mujer no contestaba de una vez. 

Al fin, no tuvo más remedio que responder, Rich iba a preocuparse. 

Hola, Rich- dijo inexpresivamente

Hola, mi vida- saludó él- me preocupé porque no atendías. 

Tenía el celular dentro del bolso- mintió

¿Qué te pasa Clarice?- preguntó Rich, dándose cuenta al instante de la situación

Es que no sé cómo decirlo…- dudó ella.

Dilo-pidió él. 

Rich, estoy en Berlín…Martin despertó- dijo por fin.

Un silencio conmovedor se escuchó del otro lado. La respiración de Richard se cortó por un momento. 

¿Sigues ahí?- preguntó Clarice.

Si- contestó él, dubitativo- es que no puedo creerlo…no puede ser. 

Yo tampoco lo creía hasta que hablé con él, hace un rato. Fue muy fuerte verlo vivo otra vez- afirmó. 

¿Y qué te dijo?- preguntó Richard, ya con temor.

Me pidió perdón por las cosas que pasaron, yo le dije que ya lo había perdonado. 

Bueno, dime tú cómo sigue esto- dijo él, luego de otro silencio. 

Por el momento, esperaré a ver qué dicen los médicos y cuándo sale del hospital. Después veremos, Richard. 

Richard cortó la comunicación sintiendo que alguien había venido, de repente, a hacer polvo todas sus ilusiones y sueños. 

Lo que más le importaba en la vida era el amor de Clarice, todo lo demás era secundario y banal si ella no estaba… si no podía cautivarse con su voz cada vez que la escuchaba.




No hay comentarios:

Publicar un comentario