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viernes, 5 de marzo de 2021

Capítulo final!

 Capítulo 13.

“Los carceleros de la humanidad no me atraparán dos veces con la misma red”.


Un año después. 


Álex estaba apurado por terminar la canción. Por fin tenía la oportunidad de grabar un demo y que empezara a sonar en la radio. La lucha de tantos años comenzaba a dar frutos. 

Era una tarde de primavera en la que la vida podía verse de otra manera; se respiraba luz, futuro, amor después de tanta oscuridad. 

Jorge Vander había sido procesado por el asesinato de su esposa; la evidencia en su contra era abrumadora. Se le había negado la eximición de prisión, de manera que estaba en un penal, esperando su juicio. El abogado de Olivia le había comunicado a Álex y a Lucca que el fiscal iba a pedir la pena máxima, puesto que al crimen de Mirna se sumaban los delitos de explotación sexual y otros similares. Sin duda, eso no remediaba lo que le había pasado a Olivia, pero sí les daba una sensación de paz frente a tanta injusticia. 

Álex estacionó su auto y subió hasta el segundo piso de la clínica. Entró a la habitación y la vio sobre la cama. Hermosa y pálida como siempre. La bala no la había matado, pero estaba en coma desde hacía un año. Los médicos afirmaban que podía despertar en cualquier momento o nunca. Con ese tipo de lesiones cerebrales, no se sabía. Pero él jamás se resignaría. Lo supo desde el momento en que escuchó el alboroto que provenía de la casa de al lado. Cuando salió a la vereda, alcanzó a ver que se llevaban al monstruo esposado. Quiso entrar a la casa, desesperado por ver a Olivia, cuando fue testigo de cómo la sacaban en camilla, con una herida visible en la cabeza. Se echó sobre ella, preguntando atolondradamente qué había sucedido. “Se disparó en la cabeza. Por favor, ¡apártese! Está viva”. 

Luego solo recordaba fragmentos de esa noche: Lucca llevándolo a la clínica, la sala de espera…”no se puede hacer nada más”, “hay que esperar”. 

Los meses pasaron como en una película gris, siniestra. Le quitaron el respirador en algún momento y ahora estaba como dormida, aletargada en un sueño que parecía eterno. Pero Álex jamás se resignaría. 

Esa tarde le cantaba (como siempre) cuando percibió que Olivia se movía levemente. Contuvo la respiración, temiendo que fuera una falsa alarma, pero ella abrió los ojos. Miró al techo y luego a él, que le sostenía la mano sin poder decir nada. Álex le sonrió; Olivia no mostró ninguna emoción. 

  • Volviste…-atinó a decir él, llorando- Yo sabía que ibas a volver. 

La enfermera entró en ese instante y corrió a llamar al médico. 

Olivia seguía sin hablar ni moverse. 

Más tarde, Álex esperaba en el pasillo a que el médico terminara con la revisión. Éste por fin salió y lo puso al tanto del estado de su novia:

  • Olivia parece encontrarse perfectamente: puede moverse, hablar, escuchar, ver. Obviamente no está ubicada en el tiempo, pero eso es lógico. Lo que no me pareció lógico es que piense que estamos en el verano de 1988; su intento de suicido fue en septiembre de ese año. 

  • ¿Quiere decir que no recuerda todos esos meses? 

  • Me temo que no…

  • O sea que no se acuerda de mí…

  • No. Lo siento, Álex- dijo el médico, sinceramente-. La mente de Olivia parece haber borrado ese tiempo de su vida. Es posible que se deba a que, a partir de que te conoció a vos, muchas verdades dolorosas salieron a la luz y su psiquis quiere protegerse de ese sufrimiento que la llevó al suicidio. 


Pero Álex nunca se resignaría: 

  • No me importa. Quiero verla igual. 

  • Está bien...pero te advierto que no le dijimos que intentó suicidarse, solo que tuvo un accidente. Eso es porque, al decirle la verdad, también tendríamos que contarle el resto de la historia que ella no recuerda...y no podemos hacer eso. Vos tampoco- advirtió el médico. 

Álex asintió. 

Cuando entró nuevamente a la habitación, Olivia estaba sentada, con la mirada perdida. Seguramente tratando de recordar. Notó la presencia de Álex y le pidió que se sentara. 

  • ¿Álex, no?- quiso corroborar.

  • Sí.

  • ¿De dónde nos conocemos?

  • Lo siento, Olivia. No te lo puedo decir, el doctor me lo prohibió. Te tenés que acordar sola.

  • Estamos en septiembre del 89 y mi último recuerdo es de enero del 88…¡estoy desesperada! ¿Me podés entender?

  • Sí, claro- él le tomó la mano lentamente y ella no puso resistencia- Yo voy a estar acá, te voy a ayudar. No te desesperes, Olivia. 


Álex siguió acompañándola hasta que le dieron el alta. 

Los recuerdos no volvían pero Olivia confiaba en él e intuía qué clase de relación habían tenido antes de su accidente. Lo sabía por lo que sentía cuando Álex la abrazaba o le sonreía: tenía la sensación de quedar suspendida en el tiempo, con el corazón palpitante, los ojos húmedos por la emoción. 

Ana tuvo que contarle que Vander estaba preso porque Olivia preguntaba por él. Tuvo que decirle también el motivo, pues el juicio comenzaría pronto y sería demasiado espeluznante que ella se enterara por la noticias. 

El psiquiatra de la clínica evaluó qué impacto había tenido para Olivia esta novedad y, si bien se veía afectada, lo asimiló más rápido de lo que creían. En su interior siempre supo que su padre tuvo algo que ver con la muerte de su madre. 

A finales de octubre le dieron el alta. Ni siquiera lo dudó: quería irse a la casa de Mar del Plata. 

Álex la llevó en su auto. A esa altura tenían tanta confianza que Olivia ya no dudaba de nada: no necesitaba recordar su pasado para entender que Álex era el amor de su vida. 

Recibieron juntos el año nuevo, solos, a la vera de la playa. A Olivia no le costó volver a decirle “te amo”. Es más, fue lo más natural del mundo para ella. 

Con el paso de los años volvieron algunos recuerdos. Otros no lo harían nunca. 

Una noche, a punto de subir al escenario, Álex recordó el día en que conoció a su esposa. Un día en que creía que todo había terminado, que la vida ya no tenía sentido. Ahora entendía cuán equivocado estaba en ese momento. Si no hubiese sido por Olivia, él nunca podría haber estado a punto de cantar para tres mil personas.

Ella aplaudió desde la primera fila y sonrió al pensar que gracias a Álex era libre, feliz. Y que un destino marcado puede torcerse y cambiarse si encontramos el valor para hacerlo...o a la persona que nos muestre esa valentía. 

                                                                Fin.


Nota: Agradezco a quienes leyeron esta historia. Significaría mucho para mí que dejaras un comentario aquí abajo, contando qué te pareció esta novela. ¡Gracias nuevamente!

martes, 2 de marzo de 2021